Cuando la infancia sabía a chocolate: Plin La Herminia, la fábrica de Willy Wonka a la asturiana
El Muséu del Pueblu d'Asturies presenta este jueves un libro catálogo sobre la fábrica de chocolates de Gijón que está entre los recuerdos más entrañables de miles de asturianos
El volumen agrupa todo el fondo de etiquetas, fotos y documentación de esta legendaria marca chocolatera que posee el museo antropológico y se completa con una historia de la compañía escrita por los herederos de Juan Suárez Martínez, el empresario que la llevó a su cénit, en la que se recogen numerosos testimonios de los trabajadores

El empresario Juan Suárez, con algunos carteles publicitarios de chocolates Plin La Herminia. / Muséu del Pueblu D'Asturies
“¿Cuántas generaciones de asturianos hemos crecido con bocadillos de chocolate Plin, desayunando un tazón de leche con Cao Plin, visitando con el colegio la fábrica de chocolate o yendo a canjear los regalos al despacho de la Avenida de Portugal, en Gijón?” Estas preguntas, en las que muchos se sentirán muy reconocidos, abren el catálogo editado por el Museu del Pueblu d'Asturies que este jueves, día 21, a las 19 horas, se presenta en el recinto de la Feria de Muestras y que lleva por título “Yo crecí comiendo chocolate Plin ‘La Herminia’”. El libro recoge la amplia colección de etiquetas, fotografías y todo tipo de documentación que atesora el museo antropológico gijonés sobre esta fábrica de chocolates que, en el imaginario de miles de asturianos, se equipara con la legendaria de Willy Wonka, el personaje literario de Roald Dahl. Pero no sólo eso. El catálogo va acompañado de una historia muy personal de la fábrica, escrito por Gracia Suárez Botas y Jaime Pire Suárez, hija y nieto de Juan Suárez, el hombre que convirtió esta industria en un dulce icono de la Asturias de la segunda mitad del siglo XX.

La fábrica de La Herminia en la Avenida de Portugal. / Muséu del Pueblu D'Asturies
Los descendientes de Juan Suárez narran, apoyándose en los testimonios de muchos trabajadores de La Herminia, la historia de una marca que “ha marcado nuestra infancia. Es el sabor de nuestras meriendas en el parque Isabel La Católica y el olor a cacao en las calles, cuando las industrias compartían el centro de la ciudad (Gijón) con los vecinos”. El libro-catálogo viene incluso con unas instrucciones para optimizar la lectura: “Coge una rebanada de pan, ponle cinco onzas de chocolate, dóblala por la mitad y siéntate a recordar algunos de los mejores recuerdos de nuestra infancia”.
El viaje por la historia de chocolates La Herminia comienza en 1885, el tiempo en el que se publica, en Oviedo, “La Regenta” de Clarín. En Gijón, mientras tanto, nace una dulce referencia de la vida cotidiana de Asturias. Nace originalmente en la calle Menéndez Valdés. Luego, ya en manos de los hermanos Pañeda Suárez, en los años veinte del siglo pasado, se traslada la fábrica a la avenida de Portugal, esquina con la calle Ribadesella, junto a la estación de Alsa. Desde allí “un olor inconfundible y penetrante a chocolate salía de su interior e inundaba las calles circundantes”. En esa ubicación estuvo hasta 1973, luego se trasladaría al polígono de Porceyo. En 1940, la fábrica fue adquirida por el empresario que la llevó a su cénit: Juan Suárez Martínez.

Juan Suáez, ante las instalaciones chocolateras de Porceyo. / Archivo familiar
Dedicó su vida a chocolates La Herminia. Pero, como subrayan los autores de esta historia chocolatera familiar, “sus actividades emprendedoras fueron mucho más allá. Entre los años 1955 y 1956, con su cuñado Cipriano Ojeda, construye e inaugura el complejo formado por el hotel y el cine Hernán Cortes, y la sala de fiestas Acapulco (en Gijón). Fue concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Gijón durante la alcaldía de Ignacio Bertrand, entre los años 1965 y 1970, y jugó un papel fundamental en la creación de la Empresa Municipal de Aguas (EMA), razón por la que fue galardonado con la medalla de oro del consistorio gijonés. Entre otros cargos, destaca el de vicepresidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Gijón, bajo la presidencia de Luis Adaro. Fue, asimismo, miembro fundador del Patronato del Real Sitio de Covadonga, del Patronato del Hospital de Jove e importante benefactor de la Cocina Económica”. No quedan ahí sus logros. “En el campo deportivo, fue cofundador del Real Club de Golf de Castiello (1958), y del Real Grupo de Cultura Covadonga. Su pasión por la práctica del deporte en competición, le llevó a convertirse en su juventud en campeón de Asturias de velocidad, en la modalidad de 100 metros lisos, y como montañero y miembro del club Torrecerredo, a coronar la cima del Picu Urriellu”.

La decoración que recibía a los numerosos escolares que visitaban la fábrica, diseñada por Juan Suárez Botas. / Muséu del Pueblu D'Asturies
Gracia Suárez Botas y Jaime Pire Suárez van recorriendo la historia de Chocolates Plin La Herminia apoyándose en testimonios de antiguos empleados. Describen los “secretos” del proceso de fabricación y también la presencia social de aquella producción chocolatera. Por estas páginas pasan evocaciones de la Feria de Muestras o de los cromos que acompañaban a las tabletas.

Uno de los primeros álbumes de cromos de La Herminia. / Muséu del Pueblu D'Asturies
En la lucha por atraer al público infantil, las distintas marcas rivalizaban con sus colecciones de cromos. Los primeros álbumes de Plin La Herminia fueron “formativos, el mundo animal y vegetal en todas sus manifestaciones y a lo largo y ancho del mundo”. En la contracubierta de uno de los álbumes rezaba que eran “la más interesante colección que puede usted reunir, pues además de un agradable entretenimiento, aumenta su cultura de forma considerable». Luego la temática cambió. “En los años sesenta y setenta el mundo del cómic irrumpió en las colecciones publicitarias del sector del chocolate”. Y en el caso de La Herminia, fue el dibujante e historietista Adolfo García Fernández el autor de las series y los álbumes de cromos que van a hacer populares a Pin el Suave y a La Vaca Venancia”. La Vaca Venancia era, además, el personaje de una tira cómica semanal en LA NUEVA ESPAÑA que se publicaba en los primeros años 70.

Vales de descuento de cacao instantáneo Plin / Muséu del Pueblu d'Asturies
La legendaria excursión a La Herminia
Las visitas colegiales a la fábrica de Plin La Herminia están, en la memoria de muchos, como un hito imborrable, acaso la primera excursión escolar fuera del radio de acción paternal. En este libro-catálogo se recuerda cómo era aquella visita, en la que Conchita Fernández, trabajadora de la compañía chocolatera, era la encarga de guiar a los escolares. Recibía a los escolares “con un par de mazorcas de cacao en las manos”. Los autores de esta historia lo cuentan en primera persona, en tiempo real: “Desde allí, el olor a chocolate, cacao, almendra tostada y toffee ya no nos abandonará en toda la visita; igual que Conchita. Aunque todos estamos deseando bajar a ver los grandes depósitos de chocolate humeante, la visita comienza en una no menos sugerente sala de proyección. Una sala con una decoración ideada a unos cuantos miles de kilómetros de allí: en Nueva York. Sobre su mesa de dibujo en el estudio de Milton Glaser –sí, el del icónico dibujo de ‘I love NY’– estaba trabajando el diseñador Juan Suárez Botas cuando recibió la llamada para realizar la ambientación de la sala de proyecciones de La Herminia. Juan, hijo de José Juan Suárez, recibe encantado la proposición de trabajar para la empresa familiar. La escenografía que creó para la sala estaba constituida por dos árboles de cacao flanqueando la pantalla de proyecciones y un negrito portando los granos de cacao. En tamaño natural y en porexpan, pintado en vivos colores, el resultado fue magnífico. La simplificación, alegría visual y fuerza expresiva característicos de la obra de Botas en esta recreación sobre el origen del chocolate, iban a conseguir transformar el espacio de la sala”. Junto a él trabajó Manuel Iglesias, aparejador del estudio de arquitectura de Fernando Martín, que se ocupó de la realización de las piezas. Después, a los escolares se les proyectaba un vídeo, producido por la agencia de publicidad BSB, en el que se contaba el proceso de fabricación del chocolate y su origen americano.
Después, desde un balcón panorámico abierto en el comedor de las visitas, los niños y niñas podían contemplar la fabricación. Luego venía un chocolate caliente. “Muchos niños asturianos de esas décadas nunca olvidaremos el día en que nos sentimos un poco como Charlie, el protagonista dela novela de Roald Dahl, en su visita a la fábrica de Willy Wonka”, concluyen los autores de esta sabrosa historia. Y así fue.

Ilustración publicitaria sobre el proceso de fabricación del chocolate. / Muséu del Pueblu d'Asturies
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