María Estela de Abajo, directora de Estela Belleza: "La piel no entiende de etiquetas y por tanto no existe una piel de novia; en su lugar se necesita criterio, respeto y tiempo"
"A veces lo más prudente no es hacer "lo máximo", sino hacer lo adecuado. Valorar la piel, probar cómo responde, hacer una primera sesión con margen y, si todo va bien, replicar ese trabajo antes del evento"

María estela de Abajo, directora de Estela Belleza
María Estela de Abajo
Hay épocas del año en las que la belleza parece tener más citas señaladas en el calendario. Bodas, comuniones, graduaciones, celebraciones familiares… De pronto, muchas mujeres llegan al centro con una fecha marcada, una ilusión concreta y también, muchas veces, una cierta presión: quieren verse bien, estar radiantes y reconocerse en las fotos de un día importante. Y lo entiendo. Hay momentos en los que una quiere mirarse al espejo y sentirse especialmente bien. Puede ser el día de su boda, la comunión de un hijo, una cena, una reunión importante o una tarde cualquiera en la que simplemente le apetece verse guapa.
No deberíamos tener que justificar el deseo de cuidarnos. Todas tenemos derecho a querer estar mejor, incluso aunque no haya ningún evento que lo explique. Pero precisamente por eso, siempre me ha costado entender eso que en el sector se llama, con tanta facilidad, "tratamiento de novia", "tratamiento de madrina" o "protocolo especial para eventos". Como si la piel supiera si una va vestida de blanco, si lleva mantilla, si sale en muchas fotos o si simplemente va a sentarse en una mesa como invitada.
Web de Estela Belleza
La piel no entiende de etiquetas sociales, entiende de equilibrio, de secreción sebácea, de sensibilidad, de reactividad, de luminosidad, de hidratación, de textura, de nutrición y de historia previa. Para mí, que una mujer sea novia, madrina o madre de un niño o una niña que hace la comunión significa mucho en lo emocional. Significa que hay una fecha importante, que hay ilusión, que hay expectativas y que tenemos que acompañarla con especial cuidado. Pero no significa, necesariamente, que haya que hacerle un tratamiento distinto por ocupar ese lugar. Significa que tenemos una fecha objetivo y que debemos trabajar con criterio para que llegue a ese día con la piel lo mejor posible. La diferencia, por tanto, no está en inventar un tratamiento con nombre de evento. Está en planificar mejor, en escuchar más y en asumir menos riesgos. Porque los días señalados no son días para improvisar. No son el momento de probar por primera vez un tratamiento agresivo, un activo desconocido o una técnica cuya respuesta no conocemos.
En belleza, como en tantas otras cosas, cuando una fecha importa, conviene ir a lo seguro. Cuando una clienta ya viene habitualmente al centro, ese camino suele ser más sencillo. Conocemos su piel, sabemos cómo responde, qué le sienta bien, qué no conviene forzar y qué podemos hacer para potenciar su mejor versión. En esos casos, el tratamiento previo a un evento no aparece de la nada: forma parte de una historia de cuidado que ya existe. El verdadero reto aparece cuando alguien llega por primera vez con una fecha muy cercana y muchas expectativas puestas en el resultado. A veces lo más prudente no es hacer "lo máximo", sino hacer lo adecuado. Valorar la piel, probar cómo responde, hacer una primera sesión con margen y, si todo va bien, replicar ese trabajo antes del evento. Una especie de simulacro que permite conseguir un buen resultado sin convertir la piel en un experimento de Última hora. Y esto me parece importante decirlo, porque en belleza todavía existe esa idea de que cuanto más cerca está el evento, más intenso tiene que ser el tratamiento. Y no siempre. Una piel irritada, inflamada o sensibilizada no entiende que faltan tres días para una boda. Responde como puede. Y luego vienen las prisas, los nervios, el maquillaje que no asienta como debería y la sensación de que algo que pretendía ayudar ha terminado complicándolo todo. Por eso insisto tanto en el tiempo. El tiempo es uno de los grandes aliados de la piel. Tiempo para valorar, para corregir, para hidratar, para calmar, para estimular, para iluminar y para comprobar cómo responde cada persona.
Quizá por eso me gusta pensar que no existe una belleza de boda, ni una belleza de comunión, ni una belleza de foto. Existe una belleza bien acompañada. Una belleza que intenta ayudar a la persona a sentirse cómoda en su propia piel en un momento importante. Y eso no debería depender de si una es novia, madrina, invitada o simplemente una mujer que quiere verse bien un martes cualquiera. Porque cuidarse no necesita una excusa solemne. Y la piel, desde luego, no necesita etiquetas: necesita criterio, respeto y tiempo.
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