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Giampaolo Picucci, protagonista de "Tarzán, el musical": "Tengo miedo a las alturas y el personaje me ha enseñado a tirarme a la piscina"

El espectáculo desembarca este viernes en el teatro de la Laboral desafiando la gravedad, los clichés del héroe clásico y lanzando un canto a la protección de la naturaleza

Gijón se cuelga de la liana este viernes en la Laboral con "Tarzán: el musical"

Daniel Mejías

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Giampaolo Picucci tiene un secreto que pocos esperarían del Rey de la Selva: le teme a las alturas. Sin embargo, este viernes 22 de mayo, a las 20.30 horas, el protagonista de "Tarzán, el musical" dejará atrás su vértigo para lanzarse al vacío desde las lianas que colgarán en el teatro de la Laboral, en Gijón. No es solo un espectáculo de acrobacias y música; es el reto personal de un actor que ha tenido que aprender a cantar en posturas imposibles y a confiar en el instinto para demostrar que el verdadero valor no es la ausencia de miedo, sino el salto al vacío. "Tarzán me ha enseñado a tirarme a la piscina y ver que lo peor que te puede pasar es que te vas a mojar, pero no que vas a fracasar", explica el intérprete del show producido por Theatre Properties.

Encarnar a un mito no es tarea sencilla, especialmente cuando el personaje exige una agilidad felina. Para Picucci, cada función es una batalla contra la gravedad y los nervios. "Ser Tarzán es una experiencia muy intensa físicamente, pero también emocionalmente, porque es un personaje que vive entre dos mundos: el salvaje y el humano", confiesa.

Aterrizar en la selva de Gijón no es solo cuestión de valor, sino de intenso entrenamiento previo cuyos resultados lleva desplegando por toda la geografía nacional en los meses que lleva girando. Picucci no solo ha tenido que familiarizarse con cuerdas y puentes colgantes, sino que ha debido redescubrir su voz en posiciones imposibles. "Lo difícil ha sido encontrar una forma de cantar aplicable a esta corporalidad. No es igual cantar de pie que en cuadrupedia con el cuello en una posición rara y el pelo cayendo sobre la cara", relata, porque, además, el plus está "transmitir que parezca natural para el espectador" cuando, realmente, entraña gran dificultad y trabajo técnico que se podrá disfrutar en las tablas de la Laboral.

En esta producción, el Rey de la Selva no está solo. Lo acompañan dieciséis artistas que elevan la apuesta visual. Acróbatas, bailarines y cantantes se transforman en simios con una caracterización asfixiante que incluye máscaras moldeadas a medida. "Lo hacen de manera impecable", ensalza Picucci, quien reconoce la dificultad añadida de moverse con tal aparataje. El resultado es una aventura apoyada en un libreto de Silvia Villau y la música original de José Enrique de la Vega, con "canciones pegadizas que el público suele salir tarareando de la sala después de cada función", señala el actor.

Más allá de los saltos y las risas, el musical esconde un mensaje profundo que el intérprete de origen romano quiere dejar grabado en el público asturiano. Tarzán no es un héroe que domina la naturaleza, sino uno que aprende a formar parte de ella. "La fuerza está en proteger la naturaleza, no en dominarla", afirma tajante, relacionándolo con la civilización, acostumbrada a explotar los recursos sin mirar atrás.

Curiosamente, Picucci nunca soñó con llevar el taparrabos del icónico personaje. No era fan de las películas ni buscó el papel. Fue un "regalo inesperado" que le permitió explorar territorios internos que desconocía. La "curiosidad" de Tarzán, similar "a la de un niño", es la que ha conquistado al actor en un proceso de descubrimiento constante que termina enamorando a la audiencia. Al final, da igual si es una rama o el borde de un escenario: lo importante es tener el valor de soltar los miedos, agarrar la liana y dejar que sea el instinto quien guíe el vuelo o la actuación.

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