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Vecinos de la zona rural

Eloína Blanco, vecina de Cenero: "Lo mejor eran los domingos de baile; poníamos la misma ropa hasta que rompía"

"Llegamos al pueblo el día de Santiago, el 25 de julio y ya no nos marchamos; son 91 años viviendo en esta misma casa y estamos encantados en la parroquia"

Eloína Blanco, vecina de Cenero: "Lo mejor eran los domingos de baile; poníamos la misma ropa hasta que rompía"

Pablo Solares

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L. L.

Cenero es inabarcable. Los 16 pueblos que la conforman la convierten en la parroquia más extensa de la zona rural de Gijón.

Un carácter, el rural, que sigue siendo su seña de identidad, a pesar de que su parte norte se ha convertido en una zona de expansión industrial, por su proximidad a la planta siderúrgica de Arcelor.

Entre sus atributos destaca su valor cultural e histórico, que se ve reflejado en los vestigios de la época romana, como la conocida villa romana de Veranes.

Pero, más allá de su importante peso arqueológico, para sus vecinos Cenero es casa y hogar, es el espacio donde decidieron hacer una vida y coleccionar recuerdos y vivencias. "Nacimos en San Andrés de los tacones pero cuando nuestra madre murió, nuestro padre decidió que lo mejor era venir a vivir a Cenero. El pueblo nos recibió a mí y a mis dos hermanos estupendamente, con los brazos abiertos... éramos tres chiquillos", cuenta Eloína Blanco Busto, una de esas vecinas que presume de "ser de pueblo" y que vive con su hermano, Francisco en la casa de toda la vida.

La parroquia de Cenero

Nombre: Eloína y Francisco Blanco Busto

Edad: 99 y 95 años

Profesión: jubilados

El mejor lugar de la parroquia: la villa romana de Veranes

Lo mejor de vivir en la zona rural: «La tranquilidad»

En una frase: «Íbamos a lavar al río y había poco que echar al platu pero éramos los más felices»

Un hogar en Sotiello al que llegaron cuando Eloína tenía solo 3 años y Francisco 7 y del que apenas han salido. "Llegamos el día de Santiago, el 25 de julio y ya no nos marchamos. Llevamos aquí 91 años, en esta misma casa y estamos encantados en la parroquia", cuenta el vecino. Dos hermanos que han sido testigos del gran cambio que ha experimentado ese Cenero de su infancia, al que el agua corriente no llegó a su casa hasta 1963 y en el que "no había ná de ná. Íbamos a lavar al río y había poco que echar al platu, pero igualmente fuimos de lo más felices", indica Eloína.

Y es que a pesar de las dificultades, la vecina guarda un buen recuerdo de los domingos, cuando iba al baile. "Los domingos nos poníamos siempre la misma ropa hasta que rompía pero daba igual, íbamos todes. Ah y la peseta en bolsu para volver a Sotiello en tren", ríe.

Lo que sí parece haber desaparecido de la parroquia más poblada de Gijón son muchas de las familias que en su día compartieron vida con ambos hermanos. "La aldea ya no es lo que era. Antes había mucha comunicación entre vecinos, ahora la vida ya no es así, casi no nos conocemos, les families de esos tiempos se fueron a la ciudad y los de ahora casi no nos vemos", lamenta Eloína.

Como muchas viviendas de la zona, la casa de los Blanco Busto tiene una pequeña huerto que, tal y como asegura la vecina, " hay que atendelo porque está ahí pero lleva mucho trabajo así que esta será la última cosecha".

Y a pesar de los cambios que tanto la vida de ambos hermanos como la propia parroquia ha experimentado, lo que parece mantenerse como siempre es su relación con Caja Gijón La Rural. "Es la de siempre y estamos contentos con el servicio que ofrece", explica Eloína Blanco Busto

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