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Amistad y sensibilidad de cuatro pintores asturianos: Los hermanos Álava, Breza Cecchini y Alberto Ámez exponen juntos en Gijón

El grupo de pintores figurativos inclinados a una temática "de lo invisible" inaugura este sábado en Espacio Líquido la muestra colectiva "El velo y la forma"

Por la izquierda, Juan Llano Borbolla, Juan Fernández Álava, Breza Cecchini, Chechu Álava y Alberto Ámez.

Por la izquierda, Juan Llano Borbolla, Juan Fernández Álava, Breza Cecchini, Chechu Álava y Alberto Ámez. / Ángel González

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Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Los caballos que pinta Breza Cecchini, los rostros de las mujeres de Chechu Álava, los personajes cotidianos de Juan Fernández Álava y los bosques de Alberto Ámez tienen, a los ojos de cualquiera, un latido próximo, cierto aire de familia. Los cuatro son amigos, los cuatro son pintores figurativos, los cuatro trabajan el óleo y los cuatro, les dijo una vez una amiga, pintan con el alma. En otras palabras, en las de Juan Llano Borbolla, comisario de la exposición colectiva "El velo y la forma" que se inaugura este sábado al mediodía en la galería gijonesa Espacio Líquido, lo que tienen en común es que "no ofrecen una captura del mundo sin más, sino que son fuente de constante alumbramiento, desvelamiento, revelación. Revelan una claridad que apenas deja dibujarse para, al mismo tiempo, desdibujarse".

Por la izquierda, Llano Borbolla, Juan Fernández Álava, Breza Cecchini,  Chechu Álava y Alberto Ámez, ayer, en Espacio Líquido.

"Confianza", de Breza Cecchini. / EL

Mucho antes de ese corpus teórico que ahora abraza y proyecta esta celebración colectiva de la pintura, Juan Fernández Álava salió del covid con una exposición en el Museo Barjola que él mismo comisarió, "Pintura en las venas" (2020), en la que reunió a varios artistas asturianos afines. Entre todos ellos ya estaba el grupo de los cuatro. Más encuentros, Breza Cecchini y Chechu Álava expusieron juntas un "duo project" en el espacio Alegría, en Barcelona, en 2023. Todos se conocen, se tratan, se visitan en sus talleres, donde todos ellos creen que "suceden los milagros de la pintura, en el hacer", se explica Breza Cecchini. Y de este trato cercano y la exposición de Alberto Ámez en el Bellas Artes, el año pasado, salió el impulso para celebrar, con un discurso expositivo, estos puntos en común.

Amistad y sensibilidad de cuatro pintores asturianos

"Primavera", de Alberto Ámez. / EL

Juan Fernández Álava evita presentarlo como un grupo, como un nuevo movimiento. Y Breza Cecchini también puntualiza que son todos los que están pero que podría haber más, que no es una propuesta excluyente. "Digamos que hay cierto gusto afín por un tipo de pintura, con unas temáticas muy eternas y un interés común por llevar a la pintura lo no visible", admite Juan Fernández Álava.

Amistad y sensibilidad de cuatro pintores asturianos

"Mirada de pintora", de Chechu Álava. / EL

Cada uno trabaja en esas fronteras a su manera, pero ahora han encontrado al "quinto Beatle", Juan Llano Borbolla, que ha añadido la idea de razón poética de María Zambrano como base teórica del grupo. El comisario sitúa a los cuatro pintores "en la estela que hay entre lo visible y lo invisible, entre humanidad y divinidad". "Por eso", explica, "esa disyuntiva entre el velo y la forma del título". Él prefiere llamarlo "lo invisible" antes que "lo divino", aunque también admite que se puede hablar de algo "sagrado" en sus cuadros, "un sagrado no teológico", rectifica. El rastro de esos conceptos se puede seguir en la obra de cada uno.

Desde arriba, «Confianza», de Breza Cecchini; «Antígona e Ismene», de Juan Fernández Álava; «Primavera», de Alberto Ámez, y «Mirada de  pintora», de Chechu Álava. | ÁNGEL GONZÁLEZ

«Antígona e Ismene», de Juan Fernández Álava / EL

Así, detalla, "Juan Fernández Álava utiliza el mito para expresar el ambiente del barrio, y categoriza sus personajes como mitos clásicos. Alberto Ámez está muy en contacto con la tierra, con el animal, es tierra pura y muchos de sus cuadros tienen esa especie de nostalgia por lo rural perdido. Chechu Álava es la que alcanza el cénit de lo misterioso, la más velada, la mirada femenina muy oculta. Y Breza Cecchini es más lo instintivo, lo pasional".

Fuera de la reflexión teórica hay también una cuestión generacional y una celebración de la pandilla. "Nos gustó coincidir y dejarlo patente", resume Breza Cecchini. Y añade que Chechu Álava les insistía estos días en que algo parecido a esta camaradería asturiana no lo había en París, donde reside, que era muy importante dejar constancia de que en este tiempo, en un territorio pequeño como el asturiano, había un grupo de gente pintando de esta forma. "Que hable el cuadro", concluye Breza, "estamos en la misma nave".

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