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El "Niño de la Capea", torero retirado que presenta los carteles de la Feria de Begoña: "Hay que luchar contra la intolerancia para evitar el cierre de más plazas"

"La feria de Begoña pasó por un bache político malo pero recuperará el impacto que tuvo por las ganas que le ponen los aficionados"

Pedro Gutiérrez Moya, en El Bibio, hace unos años.

Pedro Gutiérrez Moya, en El Bibio, hace unos años. / JULIÁN RUS

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Gijón

Pedro Gutiérrez Moya (Salamanca, 1952), conocido "Niño de la Capea" y prestigiosa figura del mundo taurino como diestro y ganadero, presentará el próximo jueves en El Bibio los carteles de la próxima feria taurina de Begoña. Lo hará en un acto dirigido por el periodista José Ribagorda. "En Gijón siempre me trataron con cariño", agradece el salmantino.

Ya va por el medio siglo como ganadero de reses bravas y también tiene a sus espaldas una importante carrera como torero.

Todo el mundo sabe que empecé a ser torero para salir de la pobreza y de la marginación. Lo que he conseguido me parece increíble. Cuando lo pienso digo que me ha tocado la Lotería. Todos los sueños que he tenía de niño los he realizado, artística y humanamente.

¿Qué destacaría de su trayectoria como ganadero?

El toro te enamora. Comencé con mucha ilusión y cuando empiezas a conocer el toro eso termina siendo un amor a largo plazo, aunque sabes que te tiene que acompañar la suerte cuando seleccionas una vaca o un toro. La experiencia va haciendo que cometas menos erroresm aunque siempre se cometen. La genética es caprichosa.

Dice que el toro le termina enamorando. ¿Por qué?

Es una lección de vida. Te enseña la lucha, el poder, el esfuerzo... Ves el respeto que se tienen entre ellos, cuando uno sale del cascarón se convierte en un líder y los demás le siguen. Es un animal de una seguridad en sí mismo en el campo que acobarda. Y eso lo transmite.

Ha triunfado con sus toros de encaste Murube.

Hay que decir que al inicio compré por accidente. Luego me fui involucrando y descubro que tengo en mis manos una ganadería genéticamente pura. Queda muy poco de eso en el mundo taurino. Hubo que tener paciencia y capacidad económica.

Prosiga.

Tenía varios objetivos, como ser parte de la historia del Murube y capaz de exportar ese granito de arena y que pasase a otras generaciones, como mis hijos.

En los últimos tiempos los toros de dicho encaste se utilizan principalmente en corridas de rejones. ¿Por qué cuesta que regresen a las grandes ferias con corridas a pie?

El monoencaste está muy presente. El toreo es complejo para innovar. Algunos se acomodan a un tipo de toro que lo tienen controlado y abrirse a nuevas experiencias siempre cuesta. En mi generación no costaba. Ahora se lo piensan más. Si una corrida sale mal vienen los dimes y diretes. Es interesante que haya ganaderos que luchen por diferenciarse.

¿En qué medida ha cambiado el toro desde su etapa en activo como figura del toreo al toro que se lidia hoy en día?

El toro de ahora tiene un volumen excesivo. Es más grande que nunca y cornalón. Es más previsible que nunca, está acostumbrado a moverse de una manera.

¿Qué importancia tiene el cuidado en el campo?

El resultado se corresponde con cómo es ese cuidado. Hay que poner mimo e inquietud.

¿Y el ecosistema de toros bravos?

El ganadero tiene que seleccionar bravura, luego ya hay matices y gustos. Pero para que haya continuidad y no se pierda intensidad esa debe ser la primera base.

¿Cómo ve a la tauromaquia en el mundo rural?

Va a menos en lo que es el personal. No hay demasiada gente joven que quiera aprender a manejar el toro. Tiene que sacrificar muchos días y hay momentos difíciles.

El ganadero, en general, también tiene sus dificultades.

Muchas veces está en el filo de la navaja. Le limita el coste de la finca, por ejemplo, aunque cuando hay suerte los agobios se olvidan. Eso sí, hay temporadas en las que hay que hacer encaje de bolillos porque no sabes de dónde sacar el dinero.

Ahora llega el verano y, por ende, el calor. ¿Cómo afecta?

Vienen problemas sanitarios, heridas que se infectan, peleas de los toros para buscar los mejores lugares en el campo... Hay que tener más cuidado, pero tenemos la ayuda de los científicos y de productos fitosanitarios. Estamos siempre abiertos a innovar para mejorar.

Volviendo a su época en activo, ¿qué se le viene a la cabeza al recordarla?

Conseguí mucho más de lo que soñaba. La suerte me ha acompañado en momentos críticos. He tenido triunfos importantes en las plazas más grandes. Estoy orgulloso de mi carrera. Mi hoja de servicios es difícil de equiparar, pero me gustaría que hubiese alguien con una hoja mejor que la mía. Lo que pasa es que han cerrado plazas que impide que algunos récords se batan. Hay que luchar contra la intolerancia para que no se cierren plazas donde nos hemos dejado la piel y la gente se ha emocionado con nosotros.

¿Qué recuerda de sus faenas en Gijón?

Fue maravilloso. En mis comienzos Gijón llegó a tener más corridas que la Feria de San Isidro y estar fue un honor. Me trataron con mucho cariño. Y como ganadero mis toros han propiciado triunfos. Es una feria que va a más, que ha pasado por un bache político malo, pero seguro que recuperará el impacto que tuvo en los setenta. Estoy convencido por las ganas que ponen los aficionados.

¿Qué le pareció la invitación de Carlos Zúñiga para participar en la presentación de los carteles de Begoña de este año?

Me sorprendió y me hizo muchísima ilusión. Es volver a recordar y a vivir.

Hay un debate abierto sobre la posible prohibición de ir a los toros a los menores de 16 años.

Es un desconocimiento de la mentalidad del joven hacia el mundo del toro. De las mejores personas que conozco, las más nobles, abiertas y dispuestas a ayudar, se han criado alrededor del toro bravo. No debemos hacer una juventud sin valores ni ideales. Los jóvenes pueden aprender el respeto a la gente mayor, los saludos, la idea de que detrás del esfuerzo viene el premio, que en la vida hay que luchar...

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