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Los niños de un club de Gijón que se coronaron campeones de Asturias mientras su entrenador era operado del corazón: "Cuando supe que ganamos, lloré como una magdalena"

Elías Montes vivió la competición del equipo Benjamín desde la cama del hospital, donde le colocaron el día antes un doble bypass coronario: "Mi familia no me dejaba el móvil para saber el resultado"

Héctor Colunga, Bruno Ramos y Sergio Cuesta se hicieron cargo de los jugadores los últimos meses de competición: "Lo importante es que un equipo funcione como un equipo aunque falte alguien; es una lección para los críos"

VÍDEO: El Club Baloncesto Pumarín de Gijón, campeón de Asturias en categoría Benjamín

Sergio García / Juan Plaza

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El Club Baloncesto Pumarín de Gijón se coronó hace un par de fines de semana campeón de Asturias en categoría Benjamín. Un logro mayúsculo, el broche de oro a la temporada. Ahora bien, el triunfo tuvo un significado especial. Las circunstancias que rodearon a la gran final fueron peculiares. Dirigiendo al equipo no pudo estar Elías Montes, su entrenador. Y por una razón de peso. El día antes de la cita se sometió a una operación de corazón. Le colocaron un doble bypass coronario. El partido definitivo lo vivió en la habitación del hospital, muy lejos de la pista. Las emociones se desbordaron cuando supo el desenlace. "Lloré como una magdalena", confiesa, ya con el trofeo en sus manos.

Elías Montes, de 47 años y residente en El Natahoyo, se sintió indispuesto un día de marzo. Fue a Urgencias y se activaron los protocolos al tener antecedentes familiares. Las pruebas dictaminaron que lo mejor sería un bypass coronario. Enseguida, por precaución, dio un paso al costado en los entrenamientos y partidos del Pumarín. "Podía hacer vida normal, pero me fatigaba al hacer esfuerzos", relata Montes en el colegio Asturias, donde se ejercita el club.

El hueco de Elías Montes había que llenarlo. Héctor Colunga, que lo acompañaba en el Benjamín, y Bruno Ramos y Sergio Cuesta, técnicos respectivamente del Cadete y el Alevín, dieron un paso al frente para afrontar estos últimos meses de competición. "Teníamos la responsabilidad de no estropear lo que Elías había hecho este tiempo", comenta con guasa Colunga. A la vista está, por los resultados, que dieron la talla. "Hace un trabajo espectacular con los niños y lo tiene todo muy organizado", ensalza Bruno Ramos sobre Montes, que se recupera poco a poco del susto. Recuerda perfectamente cómo vivió aquella final. "Mi madre y mi mujer no me dejaban coger el móvil para saber el resultado", afirma el entrenador, que no paraba de mirar el reloj ubicado frente a la cama, aguardando el transcurrir de los minutos.

Este episodio ha marcado a Elías Montes. "Me ha dejado emocionalmente sensible", asegura el técnico gijonés. Cuando recibió el alta solo tenía un objetivo en mente. "Tenía ganas de abrazar a los guajes; para ellos fue un cambio muy grande", sostiene Montes sobre esa permuta en el banquillo. El entrenador reivindica que el título es "mérito de los guajes, que son unos campeones, y de mis compañeros". Elías Montes extrae alguna que otra moraleja de lo que le ha tocado vivir este último tiempo. "Tenemos que cuidarnos mucho y llevar una vida más relajada", asevera Montes, que planea retornar al juego para la próxima campaña. "Estoy con más ilusión que nunca", señala.

Por la izquierda, Héctor Colunga, Elías Montes, Bruno Ramos y Sergio Cuesta, con el trofeo de campeón regional, en el colegio Asturias.

Por la izquierda, Héctor Colunga, Elías Montes, Bruno Ramos y Sergio Cuesta, con el trofeo de campeón regional, en el colegio Asturias. / Juan Plaza

Pese a que vencer siempre gusta, en el Club Baloncesto Pumarín son conscientes de que en el deporte no todo es ganar o perder. "Y menos a estas edades", indica Héctor Colunga. En el seno del equipo había un propósito: dedicarle el campeonato a Elías Montes. "Lo importante es que un equipo funcione como un equipo aunque falte alguien; es una lección para los críos", ahonda Colunga. Para más inri, el encuentro de la final fue frenético. Hubo que remontar. "Fue muy bonito", reconoce Bruno Ramos minutos antes de una nueva sesión de entrenamiento del "Pumata", una que Montes observa como espectador. Por el momento debe reprimir ese deseo de volver a dirigir en la cancha. "Parezco un jubilado, pero en vez de ver obras veo entrenamientos", bromea.

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