Alvaro Ramos, el miembro de una ONG en Honduras: “Si a Einstein le hubieran dejado sin comer, nunca inventaría ninguna fórmula”
ACOES, la organización con presencia en Gijón desde 2022, acompaña a más de 11.000 niños y jóvenes en Honduras a través de una red de escuelas, becas y proyectos educativos que busca romper el círculo de la pobreza

Álvaro Ramos en Honduras.
Con raíces familiares en Gijón y una vida dedicada durante años al mundo de la inversión, Álvaro Ramos está convencido de haber encontrado el mejor destino posible para su tiempo y sus recursos. “He encontrado la mejor inversión del mundo, las personas”, afirma. Habla los miles de niños y jóvenes hondureños a los que acompaña a través de ACOES, una organización que trabaja para que la pobreza no sea un obstáculo para acceder a la educación.
“Si a Einstein le hubieran dejado sin comer, nunca inventaría ninguna fórmula”, resume. La frase condensa una idea que guía buena parte de su labor en Honduras, donde trabaja desde hace décadas con el objetivo de garantizar que miles de niños y jóvenes puedan estudiar desde la guardería hasta la universidad. Una labor que cuenta también con una delegación en Gijón desde 2022.
Actualmente, el proyecto acompaña a más de 11.000 menores y jóvenes y se apoya en una red de centros educativos, residencias de estudiantes, programas de educación a distancia y proyectos comunitarios repartidos por todo el país. Además, dispone de 120 infraestructuras en funcionamiento y moviliza a cerca de mil personas, la mayoría voluntarias.
Cuando Ramos habla de Honduras, hay un dato que le preocupa especialmente. La mayoría de los niños acceden a la escuela primaria, pero a partir de cierta edad comienza un abandono masivo de los estudios. “Hasta los diez años estudia aproximadamente el 90% de la juventud, pero a partir de esa edad empiezan a caer a chorro”, explica. El resultado es que millones de jóvenes quedan fuera de cualquier itinerario formativo y llegan a la vida adulta sin las herramientas necesarias para desenvolverse en un mercado laboral cada vez más exigente.
Para Ramos, el analfabetismo del siglo XXI ya no consiste únicamente en no saber leer o escribir. “Hoy una persona puede quedarse fuera del mercado laboral porque no sabe utilizar un ordenador o interactuar con una inteligencia artificial”, señala. Por eso ACOES ha incorporado en los últimos años programas de informática, acceso a internet y formación tecnológica en zonas donde muchos jóvenes nunca han tenido contacto con herramientas digitales.
Educación para romper la pobreza
La organización no se limita a ofrecer ayuda puntual. Su objetivo es acompañar a los estudiantes durante todo su recorrido educativo. La red incluye guarderías, escuelas, institutos, educación a distancia, residencias para estudiantes y centros universitarios. Todo está pensado para que un niño pueda avanzar paso a paso sin abandonar los estudios por motivos económicos o geográficos.
Pero hay otro elemento que diferencia al proyecto. Parte de la gestión recae sobre los propios beneficiarios. Universitarios y jóvenes que reciben ayuda son también quienes coordinan actividades, organizan proyectos y acompañan a nuevas generaciones. “Lo más importante no es solo dar comida o educación”, afirma Ramos. “Queremos que los niños y jóvenes aprendan a ayudarse entre sí y a ayudar a los más pobres”.
Aunque Honduras y Asturias están separadas por miles de kilómetros, Ramos ve paralelismos entre ambas realidades. Especialmente en la historia migratoria y en la cultura del esfuerzo. “Aquí en América Latina todavía se percibe mucho la huella de aquellos asturianos que tuvieron que marcharse y que construyeron redes de apoyo mutuo”, explica.
De hecho, considera que muchos asturianos conectan de forma natural con el espíritu de ACOES. “Nuestro nombre significa Asociación, Colaboración y Esfuerzo. Son valores muy vinculados a la historia asturiana”, sostiene. La presencia de la organización en Gijón ha permitido abrir nuevas puertas, incluyendo colaboraciones institucionales y una creciente red de apoyo local.
Después de años viendo de cerca la desigualdad, la desnutrición y la falta de oportunidades, la principal enseñanza que extrae de esta experiencia tiene que ver con el agradecimiento. “A mí me tocó nacer en una España que había construido derechos, educación y bienestar social. Eso no surgió de la nada; hubo mucha gente que luchó para que yo tuviera esas oportunidades”, reflexiona. Por eso entiende su trabajo también como una responsabilidad moral. Preservar aquello que recibió y ayudar a que otros puedan acceder a las mismas oportunidades.
Porque, insiste, el talento está en todas partes. Lo que no está igualmente repartido son las posibilidades para desarrollarlo. Y ahí es donde ACOES intenta intervenir cada día, convencida de que detrás de cada niño que logra seguir estudiando puede haber un futuro maestro, médico, ingeniero o científico capaz de transformar su comunidad. “Hay millones de jóvenes con un potencial enorme”, concluye Ramos. “Lo único que necesitan es una oportunidad”.
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