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Hablan históricos trabajadores de Mina La Camocha en Gijón tras su declaración como lugar de memoria democrática: "Es de justicia, un reconocimiento a esos sacrificios"

"El ejemplo de la lucha en la mina luego se trasladó a otros sectores", resaltan antiguos trabajadores de la explotación minera gijonesa

Por la izquierda, Víctor Álvarez Robles, José Antonio García Casal "Piti" y Pablo García Modroño, junto al monumento a los mineros en La Camocha.

Por la izquierda, Víctor Álvarez Robles, José Antonio García Casal "Piti" y Pablo García Modroño, junto al monumento a los mineros en La Camocha. / Ángel González / LNE

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Gijón

La declaración de Mina La Camocha como Lugar de Memoria Democrática, que se ha formalizado este jueves con la publicación de la resolución que así lo determina en el Boletín Oficial del Estado, ha sido recibida con "orgullo" por históricos del movimiento obrero que nació en la explotación gijonesa y que dio origen al sindicato Comisiones Obreras.

"Es de justicia, porque es un reconocimiento de todos esos sacrificios que tuvimos que pasar las generaciones anteriores para ir avanzando, para ir progresando. Y también por el ejemplo de la lucha en la mina, que luego se trasladó a otros sectores de la economía; ejemplo de lo que se conseguía luchando", señala Pablo García Modroño, de 83 años, que llegó a trabajar a Mina La Camocha en 1962, justo después de la gran huelga minera de ese año. Trabajó como picador.

Recuerda las que vivió a continuación, comenzando por la de 1964, "una huelga larga también, pues iban casa por casa la policía obligándonos a que fuéramos a trabajar al día siguiente y al día siguiente fuimos a trabajar, pero nos quedamos encerrados en la quinta planta de la mina 48 horas. Íbamos a beber a los manantiales que conocíamos en la mina, muchos de nosotros sin comida. Salimos un domingo por la mañana, con la explanada del castillete llena de fuerza pública, pero no nos tocaron".

Modroño formó parte de alguna de las comisiones obreras que sus compañeros elegían para ir a negociar con la empresa cada vez que había algún problema o alguna reivindicación, saltándose al sindicato vertical. Muchas veces sin acuerdo. La reacción, "huelgas que eran prolongadas y durante las que la gente se buscaba la vida como podía, en trabajos en negro y duros en otras empresas para poder tener algún recurso" porque las huelgas se sabía cuando empezaban pero no cuando acababan "y a los trabajadores se les intentó en aquella época reducir por hambre" para que cedieran en sus reivindicaciones. También recuerda a los fallecidos en accidentes en la mina, algo que vivió de cerca al haber sido un tiempo delegado de seguridad, entre otras responsabilidades sindicales.

Modroño celebra este reconocimiento a Mina La Camocha como lugar de Memoria Democrática junto a otros dos veteranos, José Antonio García Casal, de 84 años y Víctor Álvarez Robles, de 76, que se citan junto al monumento a los mineros, en el poblado gijonés.

Víctor Álvarez Robles trabajó de guaje, de tubero y de mecánico. Nació en La Camocha, a donde ya se había trasladado a vivir su abuelo, también minero. Considera que "es importante que se reconozca donde empezaron las comisiones obreras y los motivos. Prácticamente, Comisiones Obreras se creó aquí en Mina La Camocha, el 14 de enero de 1957", cuando se nombró una comisión de cinco trabajadores para hablar con la empresa. La represión policial hizo que varios de ellos acabaran por marcharse a Francia. Otro en el hospital varios meses.

Vista de instalaciones de Mina La Camocha.

Vista de instalaciones de Mina La Camocha. / Ángel González

Para Víctor Álvarez, ahora, con la declaración de la antigua explotación minera como Lugar de Memoria Democrática, "para nosotros es un orgullo que se reconozca que aquí hubo gente que luchó por los derechos laborales", en una época en la que en la mina gijonesa trabajaban más de 1.600 mineros y en la que "los mineros éramos los únicos que tirábamos para adelante con el movimiento obrero, con compañerismo" y en unas condiciones de trabajo más duras que las actuales de la minería: "de aquella había que hacerlo todo a mano, no como ahora, que son todo rozadoras".

José Antonio García Casal, "Piti", de 84 años, uno de los mineros represaliados de la cuenca del Nalón que acabaron entrando a trabajar en La Camocha en los años 60 y que también llegó a estar despedido de la mina gijonesa, luego readmitido, no basta con el reconocimiento que ahora se ha oficializado en el BOE, sino que ahora hace falta organización para ver "qué se va a hacer con esto", resaltando que Mina La Camocha "es un símbolo".

Quedan nueve

De aquellos tiempos por los que ahora se reconoce la lucha contra el franquismo de los mineros gijoneses, recuerda que "los sindicalistas aquí nos tuvimos que formar a base de de codos, de discutir mucho y de saber cómo eran las relaciones laborales", en un momento en el que estaban prohibidas las huelgas y las libertades.

Las comisiones obreras para negociar se sucedieron en distintas empresas en los años 50 del siglo pasado. El factor diferencial de lo que ocurrió en La Camocha, señala la resolución, es que mientras en otros lugares aquellas comisiones desaparecían tras las negociaciones puntuales, en la mina gijonesa entre 1955 y 1956 se canalizaron las demandas laborales a través de una comisión que adquirió cohesión y representatividad, en la que se asumieron reivindicaciones globales más allá de las puntuales y que, tras su triunfo en la huelga de 1957 se convirtió en un modelo a imitar y en el germen fundacional del sindicato Comisiones Obreras.

Cada vez quedan menos de quienes lucharon en aquellas trincheras. Víctor Álvarez recuerda que en 1996, con motivo de una comida de homenaje a un capataz apreciado por la plantilla, localizaron a 101 jubilados y prejubilados de distintas etapas de la mina gijonesa. "Este año hicimos otra comida por el 30 aniversario de aquella. Quedamos nueve", señala. Muchos no llegaron a ver el reconocimiento que el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha otorgado al lugar en el que se gestó aquel movimiento obrero.

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