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Elvira Navarro Ponferrada, protagonista de la Feria del Libro de Gijón: "Tenemos asociada la rendición al fracaso y muchas veces no es así"

"Los lectores acudimos a los libros buscando respuestas, para poner palabras a lo que nos sucede, y mucha gente quiere un final feliz", sostiene la escritora andaluza

Elvira Navarro Ponferrada.

Elvira Navarro Ponferrada. / Rubén Bastida

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Gijón

Elvira Navarro Ponferrada (Huelva, 1978) participará mañana, a las 13.30 horas en la carpa Atalaya, en un encuentro en el que conversará con Diego Llorente sobre su obra "La sangre está cayendo en el patio".

¿De qué va el libro sobre el que hablará en el certamen?

Es un conjunto de nueve relatos en el que el título es metafórico, da una imagen precisa pero muy misteriosa. En todos, de manera simbólica, los personajes están desangrándose vitalmente, en situaciones bastante límite y casi condenados al ostracismo social por distintos motivos.

¿Qué vehicula a esas historias?

En primer lugar, la precariedad de los personajes, encarnada en paisajes urbanos marginales o casas que no se pueden habitar. Hay una casa a medio construir y una familia tiene la sensación de que no es un hogar. O una chica que se queda sin dinero al quebrar el negocio familiar y tiene que vender ese legado. Otra cosa que les une es de orden psicológico. Siempre que pensamos en lo peor que nos pueda pasar lo hacemos en grandes desgracias: que se nos muera un hijo, tener una enfermedad incurable... Pero cuando vamos cumpliendo años lo más habitual por lo que una persona puede tirar su vida a la basura es empeñarse en cosas que no puede lograr.

¿Hay que rebajar las expectativas?

No es una cuestión de expectativas o ambiciones, sino más de empeños personales. De creer que tu felicidad está en un sitio y todo en la vida te indica que no, pero sigues empeñado.

Y si existen esas señales de que "por ahí no"...

Igual hay que rendirse un poco y tirar por otro sitio. Vivimos en la incertidumbre, nunca sabemos si estamos tomando las decisiones adecuadas. Tenemos asociada la rendición al fracaso y muchas veces pues no es así.

¿Cómo cambia como autora de escribir novela a cuento?

Son escrituras distintas. Me interesan las quiebras de la sociedad, los espacios raros, la precariedad... En la novela uno las piezas como si fuese un puzzle. Los cuentos me salen bastante del tirón. Es más intuitivo. Casi todos funcionan como metáforas de situación y tiene mucho peso lo implícito.

¿Qué opina del cuento a nivel nacional?

Todavía le queda tener un mayor reconocimiento, para empezar desde la propia Historia. Hay que reivindicar a los grandes cuentistas, que están opacados. El cuento no es el hermano menor de la novela.

¿Es más fácil hacer una literatura sobre aspectos negativos y conflictos?

Es lo que te lleva a escribir, se hace por necesidad. Las novelas exploran el conflicto. Si no lo hay es más difícil que algo se sostenga. Pienso en "Crimen y castigo", en "Madame Bovary"... Aunque también hay libros o pasajes celebratorios.

¿Y desde la perspectiva del lector?

Los lectores acudimos a los libros buscando respuestas, para poner palabras a lo que nos sucede en la vida. Cuando necesitamos eso es porque han sucedido cosas que son conflictivas. Y mucha gente, ante esos problemas, quiere un final feliz.

La ciudad aparece también en varios de sus títulos.

Son reflejos de sus habitantes. Una ciudad tiene infinitos vectores desde la que ser analizada. Un barrio de gente rica no tiene nada que ver con el de gente pobre, como tampoco un barrio grande con uno pequeño al lado del río. Una ciudad son niveles económicos, dinámicas sociales o decisiones políticas. Es una especie de mecanismo gigante que recibe cambios con lo que hacemos con ella.

¿Qué le parece que la Feria del Libro de Gijón reserve un espacio para el cuento?

Extraordinario. Hay que agradecer a los organizadores. Como todavía hay reticencias la tentación puede ser no llevarlo, pero que haya esta atención es poner el acento en la literatura. Caben todos los géneros y el cuento es digno de admirar y cuidar.

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