Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Nevenka Fernández, la mujer que logró la primera condena de acoso sexual de un político visita Gijón: "Hubo años en los que no podía decir mi nombre; ahora puedo decir Nevenka con el corazón en paz"

"La comprensión tiene efectos curativos en las víctimas; poder contar tu historia y que te escuchen con comprensión y sin juzgar es muy reparador"

"Vuelvo mañana a Ponferrada y estoy nerviosa y emocionada. Siento que ha llegado el momento"

Nevenka Fernández en Gijón.

Nevenka Fernández en Gijón. / Ángel González / LNE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Gijón

Nevenka Fernández García (Ponferrada,1974) logró en España la primera condena por acoso sexual de un cargo político. Ella era una veinteañera concejala de Hacienda en Ponferrada y su acosador, Ismael Álvarez, el alcalde (PP) que la había aupado al cargo. Se han cumplido 25 años de su denuncia y de un juicio que, aunque lo ganó, no significó que hubiera reparación social para ella. Hasta el punto de tener que rehacer su vida fuera de España. Ahora, con dos libros escritos sobre su calvario -uno de Juan José Millás y el suyo, titulado "El poder de la verdad"- un documental, y una película "Soy Nevenka" de Icíar Bollaín, pocos cuestionan ya a la víctima. Ayer su testimonio se oyó en la Escuela de Comercio, donde se pasó la película de Bollaín y donde hubo un coloquio en el que participó la implicada, y también Alicia LunaIsa Campo guionistas de Icíar Bolláin, en colaboración con el FICX y la Tertulia Feminista Les Comadres. A Gijón viajó Nevenka Fernández con su marido y su psicoanalista. Porque después de Gijón la espera, hoy sábado, su primera reaparición pública en Ponferrada. En una jornada cargad de simbolismo titulada "Justicia, voces y memoria: de la violencia sistémica a la reparación", en la que estarán la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, y la ministra de Igualdad, Ana Redondo. Nevenka, que aún se emociona en las entrevistas cuando habla de lo que vivió, y sobre todo de quién la ayudó, se confiesa "nerviosa y emocionada" por estar tan cerca de su reencuentro con Ponferrada.

¿Ha conseguido que su calvario de hace 25 años no le haya dejado un poso de amargura vital?

-He conseguido vivir en paz, sí. Veinticinco años después y con un trabajo grande, con mucha terapia, con mucha meditación, pero he conseguido vivir como quería, que era vivir con el corazón en paz.

¿Es más reparador el silencio total en el que vivió durante años o contar su caso y que lo cuenten en documentales, películas, libros...?

Hay un momento para todo. Hubo un momento en el que el silencio total fue necesario para mí. Me convertí en una emboscada, una persona que se retiró absolutamente del mundo. Y eso me sirvió muchísimo para curarme, alejarme del ruido y volver a empezar. Volver a empezar lejos de España. Así que todos esos años fueron muy necesarios. Y después, hay otro momento en mi vida, alrededor del año 2018, después de que en España se hicieran las manifestaciones contra "la manada", que escuché a otras mujeres valientes que contaban sus historias y me sirvieron de inspiración. Porque escuchar sus historias me hacía sentir muy bien, y al mismo tiempo pensaba que mi propia historia podría ayudar a otras mujeres,

¿Le ha dado más tranquilidad, entonces, aquel silencio o este momento de volver a mostrarse públicamente?

Bueno, en el momento de aquella tranquilidad no pensaba mucho en lo que me había ocurrido. Era la nueva Nevenka, que yo llamo. Cuando me marché de España, en esa vida no había lugar para la Nevenka del pasado. Era muy doloroso pensar en lo que me había ocurrido y no era capaz aún de aceptarlo o pensar en ello. Creo que la paz más auténtica surge desde que me atrevo a salir del armario, a partir del año 2018. Y luego, cuando el documental tiene el impacto tremendo que tiene, y llega la comprensión. Creo que la comprensión tiene efectos curativos maravillosos en las víctimas de cualquier delito. Poder contar tu historia y que alguien te escuche con comprensión es muy reparador.

Nevenka Fernández en Gijón.

Nevenka Fernández en Gijón. / Ángel González / LNE

Dice que denunciar le salvó la vida y que ahora dar testimonio le ha permitido darle otro significado a su dolor de entonces. ¿Es así?

Claro. Poder expresar el daño y el dolor lo resignifica. Absolutamente. Y en ese proceso, además, te das cuenta de que no estás sola y que tu sufrimiento sirve, no solo a ti, porque en el dolor hay una oportunidad tremenda de crecer y de conocerte, sino también sirve para otras personas. Así que sí. Se ha resignificado, ha servido para algo. Y eso es algo muy importante.

¿Siente esa obligación con otras víctimas?

Siento una responsabilidad, sí. Pero es una responsabilidad muy personal que viene de la experiencia de haber vivido o escuchado otras historias, y saber lo que producían en mí. He hablado alguna vez de un caso americano que conocí, el caso de Anita Hill (profesora estadounidense que en 1991 acusó al candidato a la Corte Suprema de los Estados Unidos de haberla acosado sexualmente) y recuerdo ver ese documental alrededor del 2016-17 y su fuerza me inspiró. Fue entonces cuando pensé que yo también podía ser así de fuerte y podía contar mi dolor. Escuchar a otras mujeres valientes que se atrevían a decir "esto me ha ocurrido" y salir y contarlo fue muy terapéutico para mí y también muy inspirador.

¿Cuántas mujeres se le han acercado para decirle que han sufrido lo mismo y nadie las creyó?

Muchísimas y de todo el mundo. Ese es uno de los grandes motores de mi fuerza y por lo que me he convertido en activista. Porque tengo esa fuerza en el corazón y necesito que otras se empapen de ella. Que la vean, me vean, y digan que es posible salir de esto.

El miedo es algo natural, yo todavía lo tengo; la manera de enfrentarte a él es nombrándolo

¿Le ha pedido perdón mucha gente por haber formado parte del coro de voceros de Ismael Alvarez o por haber formado parte de los que silenciaron o minusvaloraron lo sucedido?

Nadie. Tampoco lo esperaba. Hay personas que son como son y y no van a cambiar su forma de pensar. Pero no me preocupa ni es algo que necesite. A veces me digo a mí mísma: "A ver, Nep, ¿tú por qué haces esto?". Y siempre pienso en las personas a las que puedo ayudar y en las personas que a lo mejor se pueden librar de una situación como la que yo viví porque saben de mi experiencia y saben lo que yo no sabía. Nunca pienso en los que creen que las cosas no tienen que cambiar. Mi intención es ayudar al que quiera escuchar. Desafortunadamente la violencia contra las mujeres es algo que todavía ocurre, que está metido en cualquier estrato social, y de eso me doy cuenta por todas las experiencias que me cuentan y por todas las mujeres con las que puedo hablar, desde cosas muy pequeñas hasta cosas más serias y más graves. Por todo eso estoy realmente aquí.

Su hoy marido, y entonces su amigo de universidad, fue su apoyo incondicional cuando todos la juzgaban . ¿Cuánto de necesario es para una víctima no sentirse totalmente sola?

Muchísimo. Aquí está Lucas -su marido-, a mi lado. Y Antonio Bustos, mi psicoanalista. Es importantísimo tener redes de apoyo y es importantísimo que alguien tenga la valentía de sentarse a escuchar lo que te está ocurriendo. Creo que ahora vivimos en un mundo donde eso es cada vez menos difícil. Quizás todavía no estamos al nivel de valentía social que se necesita, pero somos más. Para cualquier persona que esté sufriendo una situación de abuso es súper necesario tener alguien al lado que escuche con comprensión y sin juzgar.

En unas horas regresa a Ponferrada. ¿Cómo se siente?

No sé. Es una mezcla. Estoy muy emocionada de volver y también nerviosa. Simbólicamente vuelvo a un lugar que una vez fue mi casa (se emociona) y vuelvo con mi corazón en paz. Necesito volver y decir que tengo el corazón en paz. He meditado mucho para que el momento sea lo más tranquilo posible y poder repartir el amor que siento. Como todas las cosas en mi vida, esto también llegó sin programarlo, sin esperarlo, pero creo que ha llegado el momento. Estoy segura que va a ser un día que no voy a olvidar. Hay mucha gente en Ponferrada que sé que ha estado ahí y necesito devolverles ese amor. Eso es lo que tiene superar el odio, la rabia y la ira. Quiero que sepan que es posible. Que se puede construir algo mejor que la violencia.

¿Qué le diría a alguna víctima que sigue metida en la espiral del miedo, la vergüenza o la incomprensión?

Lo primero, que hay que intentar encontrar un espacio seguro y de tranquilidad alejándose de la situación del acosador o del abusador o del violador. Y luego es muy importante creer lo que sientes. Estamos programadas para no entendernos a nosotras mismas, para intentar también minimizar lo que nos ha sucedido. Y hay que buscar redes de apoyo, intentar expresar ese dolor. El miedo es algo natural, que nunca dejas a lo mejor de tenerlo. Yo todavía lo tengo. Pero la única manera de enfrentarte a él es nombrándolo. Esa es mi experiencia.

¿Por qué sigue costando que la vergüenza cambie de bando?

Por muchas cosas. Venimos de una cultura muy arraigada. Y porque la persona acosada está en una situación de inferioridad respecto al acosador y hay situaciones muy difíciles de detectar en las que te sientes culpable: culpable de haber sonreído mucho, de no haber hecho lo suficiente. Pero es que además hay una cultura de la normalización, de actitudes que se minimizan. Y aunque cada vez es más visible, porque somos más las que hablamos de ello, todavía hay mucho camino por delante. Lo importante es hablar, es atreverse a sacar ese dolor y poder expresarlo. En mi caso, hay gente que en su momento no estuvo a la altura, y después de leer el libro o ver el documental me ha dicho que no sabían que había tanto terror y tanto dolor. Por eso aún hay que hacer coloquios como aquí en Gijón. Algunos me dicen que si soy optimista, pero no yo no soy optimista, porque no pienso que siempre todo va a salir bien. Lo que no he perdido es la esperanza. Y la mayoría de los seres humanos tenemos el corazón sano. Entonces solo hay que atreverse a ser valiente, un día cada día, en lo pequeño, y eso puede cambiarlo todo.

Ha dado curso a fiscales, y aún se recuerda que el fiscal de su caso le reprochó que usted "no era una empleada de Hipercor que debe dejar que le toquen el culo para llevar el pan a su casa". ¿Fue otra de sus victorias que se vieran los conceptos tan viejunos y machistas que también anidaban en la justicia?

Bueno, y que anidan, porque en esto no podemos hablar del pasado. Hace muy poquito en un interrogatorio a una mujer conocida en España yo misma escuché desde Irlanda el interrogatorio del juez y me pareció insultante, tremendamente maleducado y falto de profesionalidad. Utilizando un lenguaje soez, aprisionándola en un interrogatorio. En el juicio de "la manada" alguien preguntaba si la víctima cerró las piernas... Todavía vivimos rodeados de una estructura, en todos los niveles, que se pelea con la modernidad y con el espacio que es un derecho de las mujeres. Por eso tenemos que seguir peleando cada día. Creo que lo que ocurrió con el fiscal García Ancos, en mi caso, fue una suerte. Fue tremendamente duro y al mismo tiempo una suerte porque visibilizó algo que igual no se ve tan claramente. Tenemos que estar alerta y no aceptar que nos cosifiquen de esa manera.

¿Cuántas veces ha lamentado llamarse Nebenka? Lo digo por la visibilidad doble que le dio su nombre.

Durante muchísimos años no podía pronunciar mi nombre sin sentirme mal. Porque Nebenka era aquella mujer que causó tanto daño a mucha gente que quería, y también alguien que yo no reconocía. Aquella Nebenka era alguien deleznable. Así era como la veía el resto del mundo y por eso, también como yo la veía. Fui Nev, y ahora otra vez soy Nevenka, y ya no la veo de esa manera. Ahora estoy contenta, tranquila y digo mi nombre con paz.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents