Gijón acoge un experimento pionero para proteger las playas de las carabelas portuguesas
El plan probará junto al Acuario una barrera para ver si se pueden acotar vertidos de hidrocarburos y contener la llegada de sustancias urticantes a las zonas de baño

Amor Domínguez
Gijón acogerá este verano un experimento pionero para comprobar si las barreras que se usan para acotar vertidos al mar de hidrocarburos también sirven para proteger playas y ensenadas de la llegada de carabelas portuguesas, un peligroso tipo de medusas cuyas toxinas producen un fuerte dolor a los bañistas que pican y que es frecuente que lleguen a la costa asturiana entre la segunda quincena de julio y la primera de agosto y, con menor frecuencia, de septiembre a noviembre.
El experimento consistirá en colocar en la dársena que hay entre el Acuario y las instalaciones de Indra un cercado utilizando quince metros de barreras anticontaminación, dentro del que se soltarán carabelas portuguesas capturadas vivas en la costa asturiana cuando comiencen a llegar.
La vela de estos animales, que es la parte que sobresale del agua, quedará sin duda dentro de la zona acotada por las barreras contra la contaminación. La clave del experimento será determinar hasta qué punto esas barreras también impiden, o no, que se difundan a las aguas circundantes partes urticantes de ese tipo de animales. En concreto pequeños pólipos o sus estructuras reproductivas (gonodendros).
"Consideramos muy interesante saber si es eficaz este método y ya tenemos los permisos del Puerto para instalar la barrera" en la dársena, que son aguas portuarias, explica José Luis Acuña, uno de los investigadores que lideran este proyecto en el que participan la Universidad de Oviedo, el Instituto Español de Oceanografía, el Acuario Bioparc de Gijón, el Ayuntamiento de Gijón y el servicio de emergencias 112.
Aunque será el experimento el que permita extraer conclusiones fidedignas, a priori, "la impresión que tenemos es que este tipo de medios de protección sería muy complicado de aplicar en playas muy abiertas y con mucho oleaje, como la de San Lorenzo, porque la turbulencia hace que se desprendan los pólipos y gonodendros" de estas carabelas, añade este investigador de la Universidad de Oviedo.
Saber hasta qué punto se producen fugas de la zona acotada de esas partes urticantes será la clave del experimento. En función de esos datos, científicos y gestores de los equipos de salvamento determinarán si el método es aplicable en playas abrigadas, como son las de Poniente y el Arbeyal en Gijón. Para poder realizar este estudio es imprescindible capturar ejemplares vivos de la oleada que suele llegar a partir de mediados de julio. Los que se capturen se llevarán primero a tanques en el Acuario y de ahí a la zona acotada con barreras en la dársena colindante. Para comprobar la efectividad del método, se empleará un dron submarino con cámara. Además de esta comprobación visual, también se tomarán muestras del agua de la dársena para efectuar análisis químicos y genéticos que todavía están diseñándose. Esto también servirá para probar distintos métodos de detección de la presencia en el agua de partes urticantes de esta especie.
El Acuario estudia cómo exhibirlas
De forma paralela a este estudio científico, también se está trabajando en el diseño de tanques –entre ellos cilindros verticales– dentro del Acuario, para exhibir al público algunas de las carabelas portuguesas que se capturen y que puedan ver los movimientos de sus tentáculos bajo el agua. En otras partes de España en las que también se están haciendo estudios sobre las carabelas portuguesas, en concreto en Canarias, los ejemplares capturados en el mar se han conseguido mantener vivos en cautividad hasta tres meses.
En el verano pasado, llegaron a retirarse de las playas gijonesas restos de hasta 25 ejemplares de carabelas portuguesas en un solo día, la mayor parte de ellas en la playa de San Lorenzo, pero también en otras del concejo. Durante la temporada de baño de 2025, aparecieron bancos de carabela portuguesas por todo el litoral asturiano. En Gijón se detectaron 350 ejemplares en el mes de agosto y otros 92 en la primera quincena de septiembre. No se detectaron otras especies de animales urticantes, lo que sí ocurrió en años precedentes.
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