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Vecinos de la zona rural

María Ascensión Fernández, vecina de Poago: "Llegábamos de la romería a las 3.00 de la mañana y nos poníamos a ordeñar les vaques"

"Las fiestas de Santa Ana dejaron de celebrarse hace algo más de 10 años; écholas de menos pero los jóvenes no quieren asumir el relevo"

Vecinos de la zona rural: Poago

Pablo Solares

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L. L.

Coger el agua de la fuente y de los pozos y ordeñar las vacas a mano, sin nada de maquinaria moderna. Ese es el Poago que Mario Álvarez y María Ascensión Fernández llegaron a conocer y del que casi no queda nada. "Mi marido y yo ordeñábamos con cántaro. Tenía 3 cántaros y ordeñaba con todos a la vez. Pero traer la leche en los cubos hasta el tanque era un trabajo. Además, para no hacer muchos viajes lo llenabas hasta arriba así que acababas cargando con 20 litros de leche más el peso del cántaro", cuenta esta vecina, una de las pocas que aún vive en la parroquia más pequeña de Gijón.

A la ganadería se sumaba la siega y los dos viajes diarios con la pación a cuestas que Fernández realizaba mientras su marido segaba. "No me quejo porque además de trabajar también disfrutamos mucho. Marchábamos a todas las romerías y llegábamos a casa a las 3.00 de la mañana y nos poníamos a ordeñar les vaques", ríe.

Memorias de unos tiempos que quedaron atrás, igual que la fuente de la que traían el agua que a diario usaban para cocinar o lavar y que desapareció después de que se instalase en la zona la cantera de Poago y tampoco hay rastro ya de las fiestas de Santa Ana, que dejaron de celebrarse hace algo más de una década. "Yo écholas de menos. La gente fue envejeciendo y los jóvenes quieren fiesta pero no organizarlas así que acábase todo", lamenta María Ascensión.

La parroquia de Poago

Nombre: María Ascensión Fernández y Mario Álvarez

Edad: 77 y 86 años

Profesión: jubilados

El mejor lugar de la parroquia: la iglesia de Poago

Lo mejor de vivir en la zona rural: «La tranquilidad»

En una frase: «Trabajamos mucho pero también disfrutamos»

Lo que parece mantenerse y de hecho, va ya por su cuarta generación es la ganadería de vacas de leche (casi 60 de cabezas de ganado) de la que ahora cuidan sus hijos y que puso en marcha su abuelo. "En 1982 compramos la casería por 5,5 millones de pesetas y hubo que luchar mucho para sacarlo todo adelante", cuenta Fernández. Es aquí cuando entra en juego el papel de Caja Gijón, entidad que les facilitó el préstamo para poder hacerse con la propiedad. "Lo pedimos a la Caja sin ningún problema. Con ellos siempre tuvimos un trato muy familiar y siempre se portaron muy bien. Estaban Jesús, Toño, que lleva muchísimos años allí...", añade.

Iglesia de Poago

Iglesia de Poago / PABLO SOLARES

Ahora, ese legado ha evolucionado adaptándose a las nuevas condiciones del trabajo en el campo, algo más fáciles gracias a la maquinaria. "El trabajo ahora requiere de menos fuerza física pero el papeleo es mayor que antes. Hay que tener asesores y gente que te lo lleve todo", indica Fernández.

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