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Un exjefe de la Policía Local de Gijón deberá indemnizar con 3.000 euros a un líder sindicalista por "satirizarlo" en una de sus novelas

La jueza falla a favor del demandante, que figura "denigrado" en un libro de ficción ambientado en la ciudad de "Xidrón"

La magistrada considera que "las coincidencias son aplastantes y continuas" y mantiene que el derecho a la producción literaria "tiene un límite"

Palacio de Justicia de Gijón.

Palacio de Justicia de Gijón. / Pablo Solares

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Gijón

Un exjefe de la Policía Local de Gijón ha sido condenado en primera instancia a indemnizar con 3.000 euros a un representante sindicalista por intromisión ilegítima en su derecho al honor y debido a que figura "satirizado" en una novela escrita por el agente. La jueza da la razón al demandante y asegura que en este libro, pese a ser un relato ficcional, se reconoce "sin ningún género de dudas" al afectado, tanto por su descripción física como por detalles de su vida privada. El nombre del personaje, de hecho, hace un juego de palabras con un apodo de raíz soez con el que se nombraba al demandante en algunos círculos. Contra el fallo, emitido por el Juzgado de Primera Instancia número 1, cabe recurso.

La novela objeto de la denuncia es una novela negra protagonizada por un comisario que es llamado a Asturias para investigar el asesinato de un liberado sindical. Durante su estancia, el investigador relata también su participación en el grupo que investigó en 1977 la matanza de los abogados laboralistas de Atocha. Así, la novela, en dos tiempos, narra un caso antiguo y otro actual, siendo este último el objeto de la denuncia.

En "Matanza de Atocha, 1977: Caso abierto", el autor incluía una nota previa, la siguiente: "Todos los demás personajes y cuestiones ajenas a la investigación de la matanza de Atocha de 1977 son producto de mi imaginación y cualquier coincidencia con algún hecho o/y personaje real es mera casualidad". Sin embargo, tanto la jueza como buena parte de los testigos que declararon en este juicio celebrado el pasado jueves no ven casual buena parte del relato. Para empezar, la historia tiene lugar en la imaginaria "Xidrón", una ciudad del norte que tiene un café llamado "Don Durra" con vistas privilegiadas al "paseo de Borgoña" y una comisaría policial en "el barrio del Natapoyo". El investigador llega a su destino de la estación de "Tam Crespo", en cuyos alrededores pernoctan personas sin hogar.

El sindicalista asesinado, por su parte, tiene un apodo casi exacto al que el demandante sufre en algunos círculos. Un mote soez y que, según defendía el propio afectado y varios testigos, era bien conocido en los círculos policiales y del Ayuntamiento de Gijón. La descripción de este personaje es, a juicio de la jueza, "denigrante", y a lo largo del libro se ve vinculado incluso con comportamientos delictivos. "Las coincidencias son aplastantes y continuas", señala la magistrada, que afirma que el derecho a la producción literaria "tiene un límite" y que, en ese caso, "se ha sobrepasado". Debido a ello, el escritor, Alejandro M. Gallo, es ahora condenado a la citada indemnización de 3.000 euros y a asumir las costas procesales.

En la causa testificaron varios funcionarios y agentes. Los que presentaba la parte demandante señalaban sin ambages que en el libro se podía reconocer perfectamente a la ciudad y a varios de los personajes, especialmente al sindicalista. La defensa presentó a otros dos testigos que, sin embargo, no convencieron a la jueza. Uno porque hizo referencia "más a cuestiones de enfrentamiento personal" con el demandante que al acto juzgado y otro porque dijo no entender cómo el sindicalista podría "sentirse reflejado" en un libro cuando se hablaba del personaje "de forma tan despectiva", una interpretación que no parecía favorecer al acusado. El sindicalista satirizado en esta novela es Ildefonso Rodríguez, quien fue secretario general del Sindicato Independiente de la Policía Local de Asturias (SIPLA). Es, además de agente, abogado, igual que el personaje del libro.

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