La magistrada y escritora Eloína González Orviz: "La novela negra, clásica o moderna, sigue siendo muy masculina"
"Es mis libros la parte procesal de la historia está contada con más rigor de lo normal, pero no puedo hacer ficción dando una clase de derecho"

Eloína González Orviz, este martes, en la Escuela de Comercio. / Fernando Rodríguez
Eloína González Orviz (1960, Cocañín) es jueza en el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Oviedo y autora de varias publicaciones jurídicas y dos novelas negras: "El silencio que guarda los secretos", publicada en 2023, y "La sospecha del mal", que acaba de editarse. En ambas la protagonista es Pilar, una jueza instructora. La escritora presentó este martes el nuevo volumen en Gijón de la mano del Ateneo Obrero y acompañada por el también magistrado Julio Martínez Zahonero y por Socorro Suárez Lafuente.
¿Qué ofrece a los lectores en esta nueva novela?
Una continuación de la primera. Me lo habían pedido los lectores, interesados por el personaje de Pilar, y se podía hacer porque la historia del primer libro quedaba abierta. En esta novela abordo tres casos y Pilar se relaciona en su mayoría con personajes distintos y vive constantes reminiscencias de su niñez en un pueblo alargado en el que nunca pasa nada.
No hace falta leer el primer libro, entonces, para entender este.
Para nada, aunque quien lo haya leído encontrará algún guiño. Aquí parto de nuevo de un caso real, pero está completamente alterado. Casi todo es ficción e imaginación. Y, como con el primer libro incluyo numerosos microrrelatos, historias muy breves. En la primera novela se relacionaba con la violencia de género y en esta con la violencia sexual.
¿Hay alguna intención tras esas pequeñas historias?
La novela negra siempre tiene un componente fuerte de denuncia social y yo la canalizo así.
¿Es habitual una novela negra con una jueza como protagonista?
Para nada. Este tipo de novelas, clásicas o modernas, son muy masculinas. Hay alguna que tiene como protagonista a una instructora policía, pero no jueza. En ese sentido esta novela sí puede ser una novedad. También porque las novelas negras suelen usar un lenguaje propio, más bien cotidiano, y yo, sobre todo en el primer libro, uso un tono poético que no es frecuente. También uso la primera persona, que es una dificultad añadida.
¿Cómo suele tratar la ficción su oficio? ¿Cree que ser magistrada le permite narrar con más veracidad?
Sí, la parte procesal en ambos libros está tratada, digamos, con más rigor de lo normal. Pero también sé que no se puede hacer una novela de ficción dando una clase de derecho. Cuento una parte de la profesión más realista, pero hasta ahí.
¿Y cómo compagina su oficio con la escritura?
No me queda otra, lo siento como una necesidad. A veces estoy muy cansada e igualmente me siento a escribir un poco. O veo algo que me llama la atención y lo anoto. Por mi trabajo leo mucho y por trabajo también tengo que escribir, así que la ficción para mí es una evasión de todo eso.
Son registros muy diferentes eso de escribir sentencias y escribir libros.
Pero ayuda mucho. En este tipo de novelas hay muchas frases cortas y en las sentencias las hay muy largas, y eso es como una filigrana que yo puedo ensayar a diario.
¿Habrá más publicaciones de esta historia? ¿Volverá a tratar la violencia con la mujer?
Será una trilogía y aún no tengo claro el giro del tercero, pero volverá a haber denuncia social.
¿Qué reacción está viendo?
Muy buena, y eso que yo no puedo hacer una gran labor de difusión. Ni tengo tiempo ni me resulta fácil ir a los sitios a promocionar. A mí me gustaría escribir y ya. Me lo paso bomba encerrada en casa e inventando historias.
¿En esos actos de difusión le preguntan mucho por su labor como magistrada?
Voy preparada para todo y no me escondo, pero son actos literarios sobre novelas que tienen un contenido más social que jurídico. Si escribiese desde lo jurídico, de hecho, no podría hacer novelas. Por suerte, en presentaciones como esta en Gijón tengo la suerte de contar con Julio Martínez Zahonero, que es un presentador magnífico y experto en estos temas.
Usted es jueza, pero iba para filóloga.
Me convenció una compañera, me cambié de bando y fue pasando el tiempo. Hasta hace unos años no tuve la oportunidad de publicar y una nunca sabe si lo que escribe tiene interés. Pero ahora, releyendo este libro, me siento satisfecha. Hay partes que hasta no recuerdo bien y me choca que eso lo haya escrito yo.
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