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Habla la gijonesa que sufrió una odisea para volar con su máquina de diálisis y que necesitó de la Guardia Civil para embarcar: "Volvía de mi luna de miel"

La mujer, de 26 años, lamenta la situación vivida en el aeropuerto de Mallorca: "Es una pena que teniendo los medios el sistema me ponga las trabas"

La joven gijonesa con su dispositivo de diálisis.

La joven gijonesa con su dispositivo de diálisis. / LNE

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Pablo Palomo

Pablo Palomo

Gijón

Se llama Aída Amado, tiene 26 años y su luna de miel en Mallorca tuvo un epílogo amargo. Esta gijonesa padece desde hace tres años una enfermedad extraña, aun por acotar el diagnóstico, que le hace padecer insuficiencia renal y necesitar diálisis desde hace tres años. Pese a las evidentes dificultades, su vida es más sencilla desde que hace dos tiene una especie de máquina portátil que le permite someterse a este tratamiento desde casa, sin necesidad de tener que ir al hospital cada dos por tres. No hace falta decir que esta máquina es del todo indispensable para su vida y que, a donde va Aída Amado, tiene que ir la máquina. Sin embargo, a su vuelta de las Islas Baleares a punto estuvo de quedarse en tierra por, denuncia, la negativa del piloto del avión a que montara en cabina con el aparato. Tuvo que acudir la Guardia Civil a deshacer el entuerto. "Vivo gracias a esta máquina y ella me da libertad. Es una pena que, teniendo los medios, el sistema me ponga las trabas", lamenta.

Amado se casó en Llanera el 13 de junio. Su destino para perderse unos días con su novio fue Mallorca. Iban del 16 al 25 de junio. A la planificación que toda luna de miel requiere hay que sumarle todas las precauciones que necesita esta joven gijonesa para poder embarcar con su máquina en la cabina. "Con la máquina puedo ir a donde quiera. Hay una empresa que me manda los materiales y los líquidos necesarios vaya al hotel que vaya", expresa. En el aeropuerto de Asturias para la ida, explica, no hubo problema. "La normativa dice que la máquina tiene que viajar conmigo para que no haya una posible pérdida o se dañe. Lo expliqué, me entendieron y me bloquearon el asiento de al lado", resalta Amado.

El problema estuvo en la vuelta. Tras pasar los casi diez días en Mallorca, el regreso se hizo amargo. La chica realizó el mismo proceso. Es decir, fue al aeropuerto de Mallorca con aún más previsión si cabe, puesto que es más grande que el de Asturias, y explicó lo que le sucedía. Lo que en el Principado se entendió a la primera, en Mallorca costó un poco más. "No pasa nada, yo lo entiendo. Se tardó un poco más en tramitar, pero yo llevaba la normativa conmigo, justificante médico y una aprobación previa de la compañía por correo electrónico", cuenta Amado. "Tenía también la ficha técnica de la máquina. Vamos, que lo llevaba todo conmigo", añade.

La intervención de la Guardia Civil

La espera se demoró hora y media, pero al final todo pareció solucionado. En el control de seguridad hubo más pegas, pero se acabaron superando. El reto final, como si de un videojuego se tratara, se lo encontraron en el propio avión. Aunque la compañía había dado luz verde, explica la chica, la tripulación nada sabía del asunto. Se encontró ahí con la negativa a embarcar. "Me dijeron que no había sitio y luego salió el piloto diciendo que no era una cuestión de sitio, sino que la máquina excedía las medidas del equipaje de cabina y que si había unas turbulencias podía salir volando", relata. "Le expliqué que a la ida, que fue con su misma compañía, no había habido ningún problema, que la normativa me daba la razón y que durante el viaje la máquina fue con el cinturón abrochado para que no le pasara nada", añade.

El piloto relata Aída Amado, no quiso entrar en razón. Al final, la gijonesa tuvo que llamar a la Guardia Civil. "Me dijeron que me harían un auxilio, que no me preocupara y que me llevaban al hospital a dializar y que para volar de vuelta ya vería cómo hacíamos", cuenta. "Yo ya estaba llorando, claro. Ellos me ofrecieron denunciar y les dije que claro que sí, que quería. Entonces, cuando cogieron los datos del piloto, de pronto entendió todo y me dijo que sí, que podía pasar", resume esta joven. "El vuelo sufrió una hora de retraso y claro, los pasajeros nada sabían. Me da rabia, pero no solo por mí, porque al final soy joven, intento pelear y hacer vida normal, pero puede haber gente más mayor que si sufre esto piense que lo mejor es quedarse en casa", finaliza Aída Amado.

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