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Benigna Infiesta, vecina de Roces: "La parroquia cambió radicalmente; había cuatro casas y sentías que estabas en el culo del mundo"

"Vivo en la casa en la que nació toda mi familia materna y ahora la disfrutamos con los nietos"

Benigna Infiesta, vecina de Roces: "La parroquia cambió radicalmente; no había ni autobús e íbamos a Gijón andando"

Pablo Solares

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L. L.

Puede que en Gijón haya pocas casas del siglo XVII que cuenten con un mascarón de proa del «buque Santa Ana, de la batalla de Trafalgar» y que además hayan servido de hogar y refugio de varias generaciones. No obstante, en el caso de Benigna Infiesta lleva habitando esta original vivienda desde que nació, convirtiéndose en una más de esa generación de vecinos que fueron alumbrados en sus casas. "Aquí nació toda mi familia materna. Mis tíos, mis abuelos y mis padres trabajaron el campo porque esto en su día era una casería enorme, que llegaba casi hasta Montevil", recuerda Benigna.

Pero poco tiene que ver la vida de su familia con la que ella ha forjado en su hogar en Roces. "Lo que queda de la casa y de la parcela lo estamos disfrutando ¿qué vamos a plantar nosotros a estas edades?", ríe, mientras insiste en la importancia que tiene para ella conservar vestigios de su historia familiar como "el arao de hierro... intentamos mantener todo lo que pudimos tanto dentro como fuera de la casa y de hecho, mi marido sigue cultivando el huerto", indica.

Parroquia de Roces

Nombre: Benigna Infiesta

Edad: 77 años

Profesión: administrativa jubilada

El mejor lugar de la parroquia: la iglesia de San Julián de Roces

Lo mejor de vivir en la zona rural: «Estás a tu aire, sin agobios y libre»

En una frase: «El pueblo era cuatro casas, todo verde y sentías que estabas en el culo del mundo»

Fabes o patatas son algunas de las hortalizas que aún se cosechan en la huerta, un territorio que ahora "es de Deva y Mael", confiesa José Suárez, en alusión a sus dos nietos. "Ahora estamos sacando les patates y les presta mucho. Tengo que tener mucho cuidado con ellos porque la fesoria aún no la controlan bien pero ye lo que hay", bromea.

Pero en la histórica casa de los Suárez Infiesta no solo presumen de orígenes y huerta, también de sus tres colmenas de las que sacan miel "para casa".

Iglesia de San Julián de Roces

Iglesia de San Julián de Roces / PABLO SOLARES

Todo reminiscencias de un mundo rural del que cada vez queda menos y de cuyos cambios Benigna Infiesta ha sido testigo. "Roces cambió muchísimo. Yo iba con mi madre, con mis tías y mis primas al mortero o al río y ahora ves que todo cambió radicalmente. Está irreconocible. Aquí vivían Mercedes y Manolo, Carmina y Juan y a la derecha vivía una familia a los que llamaban los de Eduardo. Aquí no había viviendas, estábamos los de siempre", cuenta Infiesta.

Con el tiempo, ese pueblo de "cuatro casas, donde era todo verde y sentías que estabas en el culo del mundo", en el que todos se conocían por su nombre ha dado paso a una parroquia absorbida por la ciudad y su industria. "Cuando aquí llegó el autobús yo tenía 11 años. Antes, había que viajar hasta Gijón caminando", cuenta Benigna.

Y es que a pesar de los cambios que ha experimentado la parroquia, hay cosas que se mantienen de generación en generación, como su centenaria casa o su relación con Caja Gijón La Rural, tal y como ya hacían sus padres. "Soy socia de la caja y seguimos trabajando con ellos porque estamos muy contentos", explica.

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