Samuel Trabanco, el mayor productor de sidra natural asturiana: "Disfruto de las cosas simples, un tortilla, un puro Montecristo, unos culinos de sidra y, cuando se tercia, un cuba libre"
A sus 66 años es el gerente de un lagar con 101 años de historia

Samuel Trabanco / Marcos León / LNE
Samuel Trabanco Ménendez dirige, a sus 66 años para 67, Sidra Trabanco. Es el mayor productor de sidra natural asturiana y hace unos días repasó su vida para LA NUEVA ESPAÑA. El popular lagarero confesó que disfruta con "cosas simples", como "una tortilla, unos fritos de bacalao, un puro Montecristo y unos culinos de sidra, y cuando se tercia, un cuba libre o una botella de ron".
Hacer sidra es su mayor pasión, aunque pronto cederá el testigo de la empresa familiar a la siguiente generación. "Están ahí mis hijos y sobrinos que son los que tienen que tomar las riendas del negocio familiar de 101 años. Mi güelo murió en el llagar, mi tío murió en el llagar y yo voy a morir en el llagar, pero haciendo lo que me gusta, que ye hacer la sidra", confesó.
Samuel Trabanco nació en casa, en Llavandera, el 22 de septiembre de 1959. Su padre era Samuel Menéndez Blanco y su madre, Alicia Trabanco Martínez. Él intercambió el orden de los apellidos para no perder el Trabanco. Con ocho años ya iba a ayudar a pañar manzanas. "Tendría yo diez o doce años y mi abuelo dábame los fines de semana dos duros por cada saco de manzana que pañaba. Y como era el mayor, también me daba los dos duros por los sacos de mi hermano y mi hermana y yo a ellos les pagaba uno y ganaba otro yo; yo era su representante ya", rememora.
Una vez que terminé los estudios primarios a los 14 años yo ya era el ayudante de mi tío para todo en el llagar. A embotellar, al reparto acompañándolo a él o a mi padre en el camión hasta que saqué el carnet, a cargar manzana, a todo lo que hubiera que hacer. Repartíamos por Gijón, por Villaviciosa, por La Felguera y Sama, por Avilés. Empezábamos a corchar en febrero o marzo y para mayo o junio ya terminábamos la sidra".
El restaurante
Al terminar la mili, Samuel construtó el restaurante Casa Trabanco, que en la actualidad es suyo y de sus hijos. En el llagar son más socios, porque era de su madre y su tío. "Estuve dos años construyendo el restaurante. Lo inauguré en 1983. Estuvimos 7 años sin cerrar, porque había que pagar la inversión aquella. La mujer y yo, sin descansar ningún día. Igual un viernes o un sábado, cerraba a las doce de la noche o la una y, como me gustaba la fiesta, a veces bajaba conmigo la mujer a tomar una copa. El día que ella no bajaba, yo para Cimadevilla, a cantar".
El llagar
En sus memorias, Trabanco confesó que llegó a perder durante seis años la voz a causa de un crédito del banco. "Con 28 años, ya mi abuelo había pasado el testigo de Sidra Trabanco a mi tío Vicente y a mi padre, me vinieron a buscar para que fuera al llagar a trabajar con ellos porque ya entraban en edad y me vieron a mí como el relevo generacional. Primero se jubiló mi padre y luego mi tío. Cada uno de los cinco primos tenemos un 20% de la sociedad. Yo cogí esto en 1988 con la ola de consumo de sidra subiendo. En la bodega hacían unos 300.000 litros y nada más entrar, los aumentamos a 700.000. Y acto seguido, hicimos la instalación de la Bodega del Túnel, con la que ya nos pusimos en más de 2 millones de litros. Pero también fue verdad que el riesgo económico fue grandísimo, porque fue una obra faraónica, junto a otra bodega que hicimos para hacer vinagre. Estábamos metidos en el año 90 en 175 millones de pesetas de crédito. Y ahí lo pasé muy mal, ya no solo por mis compromisos –había empeñado el restaurante, lo único que tenía–: es que estaba avalado con todas las propiedades de mis padres y de mi tío. Y ellos nunca supieron el riesgo que corrimos. Eso me lo tragué yo todo. Las pasé putísimas. Nos retiró la confianza el banco. Unas subvenciones del Gobierno de Asturias me las endosaban como unos pagarés, pero el banco en vez de convertirlo en dinero, directamente lo quitaba del crédito. Me dejaron sin un duro para pagar a los proveedores. Y ahí dejé de cantar, perdí la voz seis años".
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