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Crónicas gijonesas: Enrique Granados y su alumna gijonesa

El compositor, fallecido en un naufragio tras un torpedo alemán, visitó Gijón varias veces y tuvo una pupila llamada Conchita Zaldúa, quien demostró gran habilidad al piano y murió joven, a los 20 años, al poco de perecer su maestro

Crónicas Gijonesas

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Luis Miguel Piñera

Luis Miguel Piñera

Cronista oficial de Gijón

Desde el 7 de agosto de 1941 una calle de El Coto lleva el nombre de calle Granados, por el compositor, pianista y pedagogo Enrique Granados Campiña (Lérida, 1867-Canal de la Mancha 1916). En la actualidad en Gijón hay más de treinta vías urbanas que recuerdan a personajes relacionados con la música y la danza. Desde Alicia Alonso hasta Amalio López y desde Los Locos hasta El Presi. La primera calle fue la de Chopín en La Braña y el último recuerdo son los Jardines de Los Collacios en El Cerillero.

Murió Enrique Granados a finales de marzo de 1916 en el hundimiento del buque "Sussex" a causa de un torpedo de un submarino alemán, hubo medio centenar de muertos entre ellos el músico y su esposa Amparo Gal Lloberas. El matrimonio tenía dos hijos y dos hijas. Eduardo y Víctor Granados Gal desarrollaron como su padre carrera musical.

Enrique Granados Campiña visitó Gijón varias veces y fue maestro, en su academia de Barcelona, de la pianista gijonesa Concepción Zaldúa Ibáñez, Conchita Zaldúa, que murió muy joven. Estuvo Enrique Granados en Gijón al menos en tres ocasiones, una como jurado de un concurso de bandas de música en el año 1897, con 30 años, y otras dos tocando el piano para la Sociedad Filarmónica de Gijón, en 1911 y en 1912.

El día de Begoña de 1897 el Ayuntamiento de Gijón aprobaba el Reglamento de ese concurso de bandas de música. Se inscribieron seis bandas (algunas de Burgos, Toulouse o Zaragoza) y ocho eran los miembros del jurado, con Enrique Granados como uno de los vocales y Ruperto Chapí ― afamado autor de zarzuelas― como presidente.

En marzo de 1911 volvió Enrique Granados a Gijón esta vez para actuar con su piano e invitado por la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Granados al piano y el francés Jacques Thibaud al violín. La sociedad musical gijonesa conserva digitalizada y a disposición de cualquier persona interesada mucha documentación sobre su historia, muchos programas y autógrafos por ejemplo.

La Sociedad Filarmónica de Gijón no es precisamente una sociedad nueva y sin trayectoria. Fundada el 2 de abril de 1908 en una sala del antiguo teatro Jovellanos fue Domingo de Orueta y Duarte su primer presidente, por tanto su antigüedad es impresionante y además sigue en plena actividad. Entre los centenares de invitados citamos sólo cinco nombres dutrante esos 118 años: Pau Casals, Arthur Rubistein (cinco veces actuó para la Filarmónica), Manuel de Falla y Andrés Segovia. Una distinción municipal para la Filarmónica parece cosa obligada lo antes posible, quizás para celebrar su 120 aniversario en 2028.

Sobre ese concierto de Enrique Granados en Gijón en 1911 aclaraba el diario "El Noroeste" del 24 de marzo de 1911: "El piano gran cola Ronisch tocado anoche por el eminente pianista y compositor español Enrique Granados es propiedad de la casa Navas, Fuencarral 33, Madrid". Volvió el pianista a Gijón un año más tarde, en febrero de 1912, para tocar en el Dindurra para la Filarmónica y otra vez con Jacques Thibaud al violín. Es ese programa uno de los que se conservan, y era el concierto 42 de la sociedad. El programa incluía entre otras cosas "Sonata en do mayor (op. 47) de Beethoven", la "Sonata en la mayor de C. Franck" y temas de Granados.

Vamos con la alumna de Granados. Ya en marzo de 1906 el periódico "El Pueblo Astur" nos adelantaba las aptitudes artísticas de una niña de gijonesa de nueve años que "en el establecimiento de pianos de David Rodríguez, con facilidad prodigiosa sumó seguridad e inspirada forma y supo ejecutar y poner de relieve en el piano las sublimes delicadezas que encerraban las difíciles obras que se dignó ejecutar". Era la niña Conchita Zaldúa hija de Manuel Zaldúa inspector de una empresa naval. Conchita marchó al poco a Barcelona donde tomó clases en la academia que Enrique Granados había fundado en la ciudad a principios del siglo. Academia Granados era el nombre y cuando murió el pianista fue la Academia Marshall. Frank Marshall ayudante de Granados fue al igual que su maestro pianista y pedagogo.

En el año 1911, con catorce años y ya notándose la influencia de Granados, Conchita Zaldúa era elogiada por el diario "El Principado" del 11 de octubre de 1911. "Ayer tuvimos la grata satisfacción de oírla interpretando al piano una de las producciones musicales de Shumann y nos admiró esta artista gijonesa; según su insigne maestro don Enrique Granados puede llegar a donde debe llegar en el mundo musical".

En el diario "El Comercio" del 30 de septiembre de 1916 leemos amplios elogios a la joven pianista por parte de Alfredo García "Adeflor", "Conchita nos "dijo" ayer al piano, en la Exposición de Bellas Artes de Oviedo, unas danzas españolas de Granados con la delicadeza del malogrado autor".

Porque Enrique Granados había fallecido en el naufragio medio año antes. Conchita Zaldúa murió dos meses más tarde de verla Adeflor: el 10 de noviembre de 1916 a los 20 años. "El Noroeste" contaba su corta pero intensa trayectoria musical, el traslado desde la casa mortuoria en la calle de Tomás Zarracina número 10, el funeral en San Lorenzo y su conducción a El Sucu en una carroza blanca.

Enrique Granados y su alumna gijonesa | FOTO VICK

Enrique Granados y su alumna gijonesa / | FOTO VICK

Retrato de Gijón

El Palacio sin torre

La imagen del actualmente conocido como Palacio de Revillagigedo sin la torre más cercana a la Colegiata de San Juan Bautista no es muy habitual. Algunas fotos hay de ello, como esta, y Nicanor Piñole pintó el palacio sin la torre que sepamos en dos ocasiones en el año 1938. Tras su destrucción durante la guerra civil fue reconstruida para la visita a Gijón de la Virgen de Covadonga en junio de 1939. Esta foto es de la Semana Santa del año 1938 con doce mujeres bajo la estatua de Pelayo y a la derecha unos niños que se sumaron a la foto. En primer plano las vías del tranvía y al fondo la Casa Paquet y la torre destruida y vallada.

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