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El fotógrafo Constantino Suárez es reconocido como víctima del franquismo: el Gobierno de España declara nula la condena que frenó su carrera

Un escrito de la asociación regional de fotoperiodistas motiva la aplicación del proceso de reparación de memoria democrática, que anula las competencias del tribunal "ilegal" que encarceló al gijonés durante años y le impidió ejercer

Constanino Suárez, retratado en la playa de San Lorenzo.

Constanino Suárez, retratado en la playa de San Lorenzo.

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Gijón

El fotógrafo Constantino Suárez es, ahora oficialmente, una víctima del franquismo. Lo es gracias a una resolución del Ministerio de Patrimonio y Memoria Democrática que señala que el gijonés fue encarcelado a manos de un tribunal "ilegal e ilegítimo" que truncó su carrera profesional. La declaración surge gracias a una petición de la Asociación de Fotoperiodistas de Asturias, que desde hace años trabaja junto a otras entidades en la labor de recuperar la figura de un fotógrafo que, pese a haber sido uno de los grandes retratistas de la región, se jubiló con una pensión mínima y con una carrera hacía décadas truncada por la represión del régimen, que lo reprobó por ejercer como fotoperiodista durante la Guerra Civil.

La declaración ya ha quedado inscrita en el registro de la Dirección General de Atención a las Víctimas y Promoción de la Memoria Democrática y ha sido notificada a la asociación de fotoperiodistas mediante un escrito de Zoraida Hijosa, directora general de Atención a las Víctimas, que traslada al grupo el "honor" de poder formalizar el trámite. Su equipo considera "acreditado" que Constantino Suárez "padeció persecución por razones políticas e ideológicas durante la dictadura franquista" y que ingresó en prisión condenado por un consejo de guerra "ilegal". Con esta resolución, en concreto, el Gobierno de España invalida las competencias del tribunal que juzgó al fotógrafo y declara además nula la condena que se le impuso.

Constantino Suárez nació en Gijón en 1899. Era el segundo de los hijos del matrimonio que formaban Constantino Suárez y Genoveva Fernández, propietarios de unos ultramarinos. En los años 20 inicia su carrera como fotógrafo compaginando trabajos comerciales y retratos con colaboraciones con prensa. Con su cámara dejó para la historia algunas de las mejores fotos de Gijón entre 1920 y 1937. Con el estallido de la Guerra Civil, deja de lado la fotografía comercial y costumbrista y se centra en el fotoperiodismo, documentando el Gijón republicano y retratando varios frentes de guerra y retaguardia. La publicación de sus fotografías en "Avance", para el franquismo un "diario rojo", motiva su primera condena: seis meses y un día de "prisión correccional". Entendía el régimen que al haber documentado el frente republicano Suárez había cometido un delito "de auxilio a la rebelión".

Nada volvió a ser igual tras su liberación. Consta acreditado que se le rechazó su solicitud para ejercer como fotógrafo ambulante en 1942. Sin permiso no podía trabajar legalmente, así que durante año malvivió como fotógrafo ilegal en ferias y mercados. Volvió a ser condenado en 1945 por rebelión, esta vez con una pena de dos décadas que termina por truncar su vida. Pasó la mayor parte de su condena en la cárcel de El Coto y de aquellos años se conservan fotografías suyas de sus compañeros de prisión. Logró la condicional en 1959 y retomó, con la misma precariedad, su labor como fotógrafo ambulante, pero para entonces su prometedora carrera era ya una entelequia. Falleció en 1983 en su domicilio. Tenía 84 años. No tuvo hijos ni esposa.

Un legado a recuperar

Su figura, después, quedó olvidada durante años. En la década de los 90 surgieron los primeros intentos de reimpulsar su trabajo, por entonces por mediación del Ayuntamiento y de la Fundación Alvargonzález. La asociación regional de fotoperiodistas, por su lado, lleva también años trabajando en la difusión de su legado y ya hace más de una década lanzó una primera iniciativa para reparar su trato en el pasado y expidió en su nombre un carnet honorífico como fotoperiodista, la profesión que le fue negada vivir. Ahora, un membrete ministerial oficializa su condición de víctima.

El legado de Suárez, por lo demás, sigue a buen recaudo en manos del Museo del Pueblo de Asturias, que guarda las miles de imágenes que se conservan del fotógrafo. El propio gijonés había dedicado sus años de vejez a recopilar y ordenar su catálogo, que tras su muerte quedó en manos de un anticuario y, tiempo después, pasó al Ayuntamiento.

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