Opinión
El cura Santa, el solidario, ejemplo de compromiso social
La Fundación Siloé organiza hoy a mediodía en el teatro Jovellanos un gran homenaje póstumo al sacerdote Jose Antonio García Santaclara, hijo predilecto de Morcín y adoptivo de Gijón

Santaclara, tras ser nombrado hijo predilecto de Morcín en 2022. / Juanjo Arrojo
En su tarjeta de visita se identificaba como "un ciudadano del mundo" y su apariencia externa, con poblada barba blanca y canosa coleta, estaba a medio camino entre un inconformista "hippie" de los años sesenta, que promovía la paz y la libertad, y un generoso Papá Noel, que repartía amor y generaba ilusiones y proyectos de vida a los más desfavorecidos. La vida de este cosmopolita sacerdote, morciniego de nacimiento y gijonés de adopción, ha sido un auténtico ejemplo de compromiso social con los más débiles. Creó la Fundación Siloé, organización pionera en la inserción social de colectivos vulnerables como enfermos terminales de sida y exreclusos. Trabajó también en la atención y mejora del bienestar a menores en exclusión social, refugiados, inmigrantes y personas con discapacidades intelectuales y trastornos mentales.
Santa llevó a cabo su solidario y vital compromiso mediante el desarrollo de proyectos de inserción sociolaboral y cooperación internacional desde su silencioso, humilde, persistente, vocacional y ejemplar esfuerzo para promover la dignidad del ser humano. Nació en 1943 en La Cotina (Peñerudes-Morcín), frente a las mágicas laderas de La Mostayal y el Monsacro. Su padre, Carlos, minero y después empleado municipal, había nacido en Arizona (EEUU) al ser hijo de emigrantes retornados, y su madre, Asunción, ejerció como "mater familias" alternando el cuidado de sus hijos con las tareas agrícolas y ganaderas. Santa, como hijo primogénito, al que le siguen sus hermanas, María Teresa y Montse, se aficionó de niño a la lectura mientras pastoreaba las vacas por las laderas de la Mostayal.

Santa, en el mayáu de las capillas, en la cima del Monsacro, en 2017, con la ermita de la Magdalena de fondo. / Juanjo Arrojo
Estudió en el colegio La Salle en Mieres y luego en Valladolid con los Misioneros de los Sagrados Corazones. Se implicó con los enfermos mentales a través de la orden de San Juan de Dios antes de comenzar a trabajar en el antiguo Hospital Psiquiátrico de Oviedo. Participó, junto al padre Pineda, en la creación del teléfono de la Esperanza y se ordenó sacerdote en 1979, con 36 años. Su primer destino fue coadjutor en la parroquia avilesina de La Luz. Después, se fue a París a atender a los emigrantes españoles que vivían en barrios obreros y, a su vuelta, en 1981, se incorporó a la gijonesa parroquia de San Lorenzo, nombrándole luego capellán de la cárcel del Coto.
A finales de los años ochenta, el sida arrasaba con una fuerza inusitada en los centros penitenciarios y Santa ideó entonces, con el apoyo del Principado, crear una casa de acogida para los enfermos terminales con el fin de que tuvieran una muerte digna fuera de la cárcel. Aquel proyecto lo llevó a cabo junto con el voluntariado cristiano de prisiones, quienes luego constituyeron la asociación Siloé. Esta organización solidaria instaló su primera casa de acogida en Mareo para recibir a aquellos enfermos terminales y dar una respuesta digna a las necesidades de los reclusos y exreclusos, y, especialmente, a los portadores del sida por infección del VIH.
Además de trabajar con enfermos terminales, este cura solidario participó en 1978 en la fundación de la asociación "Chavales en Libertad", colectivo de ámbito autonómico que puso en funcionamiento un hogar para atención de menores en riesgo de exclusión como instrumento para una inserción social eficaz. En apenas dos años desarrolló su actividad con cinco hogares funcionales, una granja escuela y dos locales para diversas actividades de integración.
La Fundación Siloé
En 1989 fundó, en el centro penitenciario de El Coto, la asociación Siloé, que en 1999 pasó a convertirse en fundación. En 2001, creó un nuevo programa de "Discapacidad Intelectual" para personas mayores. La filosofía de trabajo de su fundación está inspirada en Siloé, un hombre ciego que, según el Evangelio, se acercó a Jesucristo para rogarle que le devolviera la vista y éste le empujó a curarse por sí mismo, señalándole el camino de cómo hacerlo.
Santa nunca se jubiló. "Estoy pensionado, pero no jubilado", afirmaba. Fue la cabeza visible de una organización que participa en la formación y educación integral de menores en situación de riesgo social a través de tres hogares y cuatro centros de día que se complementan con un servicio de atención psicológica a sus familias. Asimismo, a través del programa "Innuit", brindó su intervención a diversos colectivos de alta vulnerabilidad y exclusión social por medio de una casa de acogida, un centro de día, varios pisos de salud mental y diversas viviendas tuteladas. Con el programa "Otras capacidades" trabajó la mejora de la calidad de vida de personas con deficiencias intelectuales en acogida residencial en las Casas de Jaipur y El Alfar para desarrollar su autonomía personal y su integración social.
Este cura solidario, incisivo y combativo por la justicia social, "que no fui ni un ángel ni una estatua", según decía, pensaba que "es terrible que nuestra sociedad rescate más bancos que náufragos" y se preguntaba "qué podemos esperar de un sistema que afirma que existen personas ilegales". Asimismo, defendió un estado laico "porque en él cabemos todos al ser incluyente y no excluyente ya que las mayores perseguidoras de las religiones han sido siempre otras religiones".
Este sacerdote universal, con pinta de hippie, desarrolló también un proyecto de cooperación internacional para apoyar la salud y la educación materno-infantil en los territorios ocupados de Cisjordanía y Palestina. Su última intervención se centró en la creación de una escuela para niños beduinos en Jericó. Con sus reconocimientos como Hijo Predilecto de Morcín (2022), Hijo Adoptivo de Gijón (2018), Medalla de Plata del Gobierno del Principado de Asturias (1996), premio "Colmena de Oro" a la solidaridad de los Humanitarios de Moreda (2017), y premio "Fundación Emilio Barbón" en Laviana (2018) se hizo justicia en vida a una humilde persona que rehuyó siempre los protagonismos y se dedicó a trabajar para mejorar las condiciones de vida de los más débiles, desfavorecidos y vulnerables.
Santa nunca quiso premios, ni reconocimientos, por eso mismo se los merecía. Falleció el 2 de agosto del año pasado y mañana la Fundación Siloé, presidida por Ana Rúa, le rendirá un gran y emotivo homenaje póstumo, abierto a todo el público, para demostrar que su gran legado no se olvida. Cuando compartí con Santa el 20 de mayo de 2022, en el mismo acto en La Foz de Morcín, su nombramiento como hijo predilecto de Morcín y el mío como cronista oficial del concejo, le dije "cuando sea mayor, quiero ser como tú". Algo imposible porque Santa fue un Santo.
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