La figura de la semana: Manuel Vega-Arango, fervor sportinguista a la máxima potencia
Presidente rojiblanco en la mejor etapa y en la peor, fue también jugador pero siempre amateur, primer presidente de la Liga de Fútbol Profesional y también el primero de la Federación Asturiana

Manuel Vega-Arango. / Mortiner
El fervor rojiblanco del ex presidente es incuestionable, pero desde ayer es un poco más oficial, después de que el campo de fútbol de Miramar acogiera la primera edición del Trofeo Manuel Vega-Arango entre el Marino y el Sporting. El debut veraniego del conjunto sportinguista, en Luanco, como es ya costumbre, llevará para siempre el nombre del conocido dirigente, nacido en la villa marinera en 1938.
A un mes de cumplir los 88 años, Vega-Arango acusa ya la edad y no se prodiga en público. Las generaciones más jóvenes de sportinguistas probablemente no conozcan al que fue presidente del club en sus años más gloriosos, pero será inevitable que les suene el nombre. Eso es lo que más ilusiona a un hombre que ha dedicado incontables horas de su vida a la entidad rojiblanca.
Fue estudiante de los Jesuitas primero y de los Maristas de Murcia después, antes de cursar Derecho. Sin embargo, nunca ejerció y se incorporó pronto a los negocios familiares, muy diversificados. Formó junto a Cuca Alonso (articulista y colaboradora de LA NUEVA ESPAÑA durante décadas, fallecida en 2020) uno de los matrimonios más populares de Gijón, del que nacieron nueve hijos. Uno de ellos, Felipe, mantiene el apellido Vega-Arango en Mareo: es el director de la escuela de fútbol rojiblanca.
Persona y club han sido inseparables. Apasionado del fútbol desde bien pequeño, Manuel Vega-Arango fue jugador rojiblanco, "siempre amateur, nunca cobré un duro", como le gusta siempre incidir. Pero la etapa que le marcó a él y al club fue como presidente. Entró en los despachos por empeño de Ángel Viejo Feliú y fue el máximo dirigente rojiblanco en dos etapas, la mejor (1977-86, en la que rozaron los títulos de Liga y Copa) y la más delicada (2002-2013, cuando la entidad corrió serio riesgo de desaparecer).
Vega-Arango siempre se acuerda de sus inicios en el sillón presidencial. Viejo Feliú había ideado la Escuela de Mareo, pero el club gijonés y sus dirigentes se las vieron y se las desearon para encontrar la financiación necesaria para levantarla, a pesar de los ingresos recibidos por el traspaso de Churruca al Athletic. A la postre, la ciudad deportiva rojiblanca fue el motor del éxito del Sporting: de ella se nutrieron las plantillas de los años de vino y rosas y las ventas de sus activos fueron la gasolina que evitó el colapso de la maquinaria. De aquella, Vega-Arango era un habitual de los palcos más distinguidos de Primera División: vendió a Quini al Barcelona en 1980 y a Maceda al Real Madrid en 1985. Y aun así le dio para ser subcampeón de Liga una vez y de Copa en dos ocasiones. El Sporting se paseó por Europa bastante tiempo después del traspaso de su delantero estrella a la entidad azulgrana.
El directivo, además, patrocinó la llegada al banquillo del Sporting del recientemente desaparecido José Manuel Díaz Novoa, una figura como pocas del club, e incluso hizo sus pinitos en política, pero Alianza Popular le dejó colgado y el PSOE le empantanó cuando Vega-Arango se convirtió en el primer presidente de la Liga de Fútbol, en 1983. Reputado como dirigente, acudieron a él también para encabezar el balompié asturiano y se convirtió en el primer presidente de la Federación de Fútbol del Principado de Asturias, entre 1988 y 1994.
Su segunda etapa en el Sporting fue mucho más angustiosa. Volvió en la famosa temporada 97-98, la del descenso a Segunda con escarnio y únicamente 13 puntos en casi diez meses. Fue consejero delegado y después asumió la presidencia en medio de una acusada cuesta abajo deportiva y económica. Sufrió un concurso de acreedores, llevó a cabo un ERE y vivió huelgas. En sus memorias publicadas en LA NUEVA ESPAÑA, Manuel Vega-Arango reconocía su desasosiego cada vez que veía entrar en Mareo a la furgoneta de HC. Hubo varios cortes de luz por impagos. "Considero que esta segunda etapa fue mucho más meritoria, con todos los problemas que tuvimos", subrayaba Vega-Arango. Vino y rosas primero, constantes visitas al juzgado después. Pero siempre entrega sportinguista. Y su nombre ligado ya para siempre al debut veraniego rojiblanco.
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