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Gijón, a tope con la Roja y su lucha por la segunda estrella: "Vamos a repertirlo 16 años después"

La Ruta de los Vinos se llenó de aficionados de la selección española horas antes de que empezase el encuentro

Gijón vive la final del Mundial

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María Rendueles / Enrique Pecker

Desde primera hora de la mañana, Gijón se vistió de rojo y amarillo. Camisetas de la selección, banderas en los balcones y bufandas al cuello marcaron una jornada en la que la ciudad se rindió por completo a La Roja. A las siete de la tarde, cuando todavía faltaban dos horas para el comienzo de la final, el parque de los Hermanos Castro ya era un hervidero de aficionados que iniciaban la cuenta atrás para un partido que podía darle a España su segunda estrella mundialista.

El ambiente se extendía mucho más allá de la ‘fan zone’. Todo el paseo de la playa era una marea de banderas rojigualdas. Una “mareona”, pero esta vez teñida con los colores de España. Familias, grupos de amigos y niños con la camiseta de la selección compartían la ilusión de una tarde que prometía quedar para el recuerdo.

Entre los aficionados destacaba Paula González, a quien apenas se le veía el rostro. Lo cubrían cerca de 200 pequeñas perlas rojas y amarillas pegadas una a una sobre la piel. “Me llevó unos diez minutos ponerlas todas”, explicaba orgullosa mientras posaba para las fotografías, convertida en uno de los personajes más llamativos de la previa.

La imaginación también hizo acto de presencia en Yara Martínez. “Bajé al chino a comprar tatuajes de España. A ver cómo me los quito luego”, bromeaba mientras enseñaba los dibujos repartidos por los brazos y las mejillas.

Más complicado lo tenía Benjamín Peralta. Nació en Mendoza (Argentina) y llegó a Gijón en 2008, cuando sus padres se trasladaron a Asturias para trabajar como dentistas. Con 28 años, afrontaba la final con sentimientos encontrados. “Tengo el corazón dividido, por eso vengo de negro, para no decantarme por nadie”, contaba entre risas. Su solución estaba clara: “Luego me pondré la camiseta del que gane”.

Entre tanto rojo también había algún despistado. Óscar Tejero apareció con la camiseta del Racing de Santander en lugar de la de la selección. “No tengo la de España”, admitía entre sonrisas. Aunque rápidamente encontraba la explicación perfecta: “Pero los del Racing somos muy españoles”.

Gijón ya había hecho su parte mucho antes del pitido inicial. La ciudad respiraba fútbol, ilusión y esperanza. Solo faltaban noventa minutos para saber si aquella marea rojigualda terminaría celebrando una nueva página en la historia del fútbol español.

Y en la Ruta, más afición

«Esperamos que este año volvamos a repetirlo 16 años después», fueron las palabras de Víctor Nuño, quien se dejó ver por la Ruta de los Vinos de Gijón horas antes de que empezase el partido. La gente aprovechó la ocasión para pasar un buen rato con familiares y amigos, y todos los presentes tenían la esperanza de que España lograra alzar esta noche su segunda Copa del Mundo.

Desde las 19.00 horas se empezó a ver gente por la zona vestida con prendas de la selección y muchos grupos que iban cogiendo mesa para no quedarse sin sitio. Dentro de la Ruta de los Vinos, «La Naviera» fue el local que más caló entre los espectadores, ya que preparó la zona para la ocasión, instalando un televisor enorme frente a su establecimiento para que la gente llenase y utilizase la plaza.

Este año, muchos jóvenes viven por primera vez la sensación de celebrar un campeonato del mundo de su selección, ya que muchos eran aún muy pequeños cuando La Roja se alzó por primera vez con el galardón. Es el caso de Paula Monteagudo, Adrián Figueredo, Óscar Gómez y Enol Bernardo, que apenas eran unos guajes hace 16 años. Dentro del grupo había mucha confianza depositada en esta noche. Todos creían que España ganaría el torneo y decían que «ahora ya caería alguna copa para celebrar», además de destacar entre sus jugadores favoritos a Mikel Oyarzabal y Pedro Porro.

Otros, como Víctor Nuño, ya vivieron la anterior victoria de la selección con algo más de edad, pero repiten 16 años después con amigos. Nuño hizo una porra con colegas del trabajo y dio por ganadora a la selección española por dos goles a uno, con un tanto de Mikel Merino, quien está siendo el talismán del equipo en muchos de los partidos importantes. Si todo sale bien, España se hará con una segunda estrella para colocar encima de su escudo.

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