Un homenaje alegre y festivo en N'Alcordanza para la memoria de Ígor Medio y Carlos Redondo
La Plaza Mayor de Gijón se convirtió en el escenario de un especial homenaje a los músico Ígor Medio y Carlos Redondo 20 años después de su fallecimiento

Álex Redruello
Álex Redruello
Arrancaba el sábado soleado en Gijón, soplaba la típica brisa proveniente del Cantábrico y apretaba un poco el calor. La Plaza Mayor empezaba a llenarse de gente debido al festival N'Alcordanza y, como si fuera capricho del destino, una tímida lluvia empezaba a caer con el comienzo del concierto del grupo Hermanos Castro, unas gotas que caían como si de lágrimas de emoción se tratasen, como si Ígor Medio y Carlos Redondo estuvieran observando desde las alturas este homenaje tan distintivo, un homenaje que no tiñe de tristeza las calles de Gijón, sino que adorna con alegría y fiesta los rincones gijoneses, un sentimiento que intentaban transmitir con su música hace ya 20 años, antes de su fallecimiento en un accidente.
Desde la organización, el mensaje era claro: "Esto no solo sirve para recordar a dos grandes amigos y referentes de la música asturiana, sino también para alzar la voz". Antes de que sonasen los primeros acordes, Ruma Barbero afirmaba ante todos los asistentes que "el accidente de Ígor y Carlos fue un accidente laboral ocasionado por las condiciones precarias en las que trabajan históricamente los profesionales de la cultura". Es por ello que el festival N'Alcordanza es también un escenario que busca reivindicar los derechos laborales y fiscales que atañen a los profesionales que viven del arte, exigiendo "una industria cultural asturiana digna donde las bandas puedan trabajar de forma digna".
Para poder abarcar todas las facetas de Medio y Redondo, la jornada se estructuró en dos partes diferenciadas por las melodías. Primeramente, la música de raíz y el folk se adueñaron del escenario. Abrió el festival la banda asturiana Llan de Cubel, seguida por Hermanos Castro, desde Galicia, y finalizó esta primera parte Felpeyu, la banda a la que pertenecían los homenajeados, encabezada por el gaitero Ruma Barbero. Sobre el escenario, estas agrupaciones compartieron en su momento fraternidad, de la cual emergió una amistad profunda con los homenajeados. La segunda parte de este festival-homenaje pasaba a tener unos acordes más habituales en el pop-rock, de la mano de la banda asturiana Radio Fox, Jaguares de la Bahía, desde Cádiz, y la mítica agrupación Kactus Jack.
GIJÓN. Plaza Mayor. N´Alcordanza. Concierto homenaje a Carlos Redondo e Ígor Medio. Dentro del Arcu Atlánticu. / Mario Canteli / LNE
A pie de calle, ni siquiera la lluvia pudo dispersar a un público entregado. Entre los asistentes veteranos, la sensación que dominaba sus pensamientos era una mezcla de orgullo y nostalgia. José Manuel Llerandi, quien disfrutó del festival con su familia desde los soportales de la plaza, aseguraba que Ígor y Carlos "estarían muy orgullosos de que se acuerden de ellos de esta forma", destacando que el tono alegre del festival es el más oportuno "por lo que ellos transmitían a la gente". La única queja que transmitían entre risas los asistentes era el sofoco inicial. Juan José Quince, apasionado del folk, lo resumía: "Está muy bien, hacían falta más eventos así. Y no pueden ponernos a Llan de Cubel a las cuatro de la tarde, tenían que ponerlo a las diez de la noche y esto estaría a reventar".
Para algunas personas como Javier Tejedor, quien conocía a los homenajeados desde sus inicios, "actos así son fundamentales, porque ellos perduran en la vida a través de la música. Ellos ya no están aquí, pero están en la cabeza y en los corazones". El legado es imborrable, porque "todo lo que sea homenajear a estos grandes músicos los mantiene vivos en la memoria". Otro gran triunfo de este festival N'Alcordanza es su poder magnético. Benjamín López, un madrileño originario de Somiedo, observaba el escenario fascinado, viviendo la música. Para él, apoyar estas iniciativas es vital porque representan "nuestra gente, nuestra historia, nuestra música, que no se debe perder". López es el claro ejemplo del arraigo de esta tradición en las nuevas generaciones. "Tengo un hijo de 23 años y hoy me acordé de él porque a él le encanta la gaita y la música de aquí".
Esta imagen de unión quedó reflejada al observar a familias enteras, como bien resumía Juan José Quince viendo a su alrededor a su propia familia y a su hijo: "Yo creo que esto ya nos lo metían nuestros padres, ya les gustaba a ellos, nos gusta a nosotros, les gusta a nuestros hijos, que los traemos. Esto, al final, es cultura", dejando claro que la música celta y de raíz no es una imposición nostálgica, sino una herencia generacional, de padres a hijos. Cuando la música había alcanzado su punto más álgido, la lluvia cesó, dejando claro que el legado de Ígor Medio y Carlos Redondo, al igual que ocurre en la tierra asturiana cuando orbaya, siempre escampará y florecerá con más fuerza.
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