Ignacio Robles, hostelero: "El Grupo Tonada reabrirá el Banús como bar tienda y manteniendo el nombre, que es algo que me encanta"
"Cuando las regatas eran lo que eran, llegué a ver en el Puerto Deportivo de Gijón 25 veleros tipo crucero, que es algo que ahora no hacen ni 'jartos'"

Ignacio Robles Alcalde en Fomento, con el local de la cafetería Banús al fondo, en la esquina de la calle. / Juan Plaza / LNE
Ignacio Robles Alcalde (Gijón, 1963) regentó la cafetería Banús, en Fomento –junto a sus padres Pablo Robles Merino y Marcela alcalde Urbaneja, y a su hermano Pablo– durante 37 años, hasta que cerró el 14 de octubre de 2023. El Banús volverá a abrir este año de la mano de otro hostelero gijonés, al que ha vendido el local.
¿Cómo y cuándo se funda el Banús?
Mis padres emigraron a Alemania y cuando regresaron montaron el Bar Bahía en El Cerillero, después el Mesón Los Robles en la avenida de Pablo Iglesias y posteriormente el Coral, en El Muro. Cuando abrieron el Café Diario en Fomento, el encargado nos invitó a la inauguración y al pasar caminando vimos el local que se vendía y al día siguiente lo compramos. El Banús, que fue ya nuestro último local, lo abrimos el 21 de junio de 1986. Creo recordar que nos costó menos de nueve millones de pesetas, un local que tiene en planta baja 87 metros cuadrados más el altillo.
¿Por qué el nombre?
Se decidió en una cena entre mis padres y una pareja amiga suya. Como estaba en frente a un puerto deportivo, se decidió llamarlo así. Por el ambiente náutico. Nosotros tuvimos una clientela maravillosa de ambiente náutico, con mucha gente fiel, también de participantes en las regatas, cuando las regatas en Gijón eran lo que eran; yo tuve visto en el Puerto Deportivo 25 veleros tipo cruceros de regata, que son grandes, y que es algo que no hacen ahora ni "jartos".
¿Cómo fueron aquellos primeros años?
Muy buenos, fue un éxito total. Empezamos suave. En Gijón nadie apostaba por nosotros por como estaba la zona de Fomento en aquellos años, que estaba patas arriba. Pero fue todo muy muy bien.
¿Pasó mucha gente conocida por el café?
Hasta la Infanta Elena, en la época de algún Hípico, cuando teníamos la terraza.
¿Cómo se orientó el negocio?
Nos dedicamos a poner buenas copas, buenos cafés, buenos pinchos y después, poco a poco, nos fuimos metiendo en la cocina con platos combinados. Pero nuestro fuerte fueron siempre los sandwiches y los pinchos. Fuimos una referencia en la zona y se podría volver a ser; si mimas el pincho un poco y cuidas el producto y se hace bien, es muy fácil. Lo que entonces eran interminables eran las jornadas, que no tiene que ver con lo que es hoy el sector. Lo de las 8 horas diarias y 40 a la semana no eran para el negocio; yo me acuerdo que venía a trabajar por la mañana y marchaba por la noche; todas las horas del mundo y así durante muchos años.
Fueron muchos años en el Banús. ¿Cómo evolucionó el negocio?
La diferencia es la que marca el tiempo. No tiene nada que ver lo que era el 86, cuando había cuatro marcas de güisqui, que unos años después cuando ya había una referencia de güisquis considerables, y también de ginebras y de todo. En la hostelería hubo muchos cambios. No tiene nada que ver el servicio de ahora con el de antes.
¿En qué?
En todo. Yo tengo anécdotas, por ejemplo, cuando abrimos que un cliente me dice, "enciéndeme el puro". Nosotros vendíamos Montecristos, porque de aquella se podía fumar dentro de los locales hosteleros. Yo no sabía y además era bastante tímido. Me dio mucho corte, pero le dije, ¿cómo voy a encendértelo? Pero es que antes los camareros encendían los puros, porque un habano se enciende sin dar la calada, calentándolo y quemándolo y cuando está encendido se lo das al cliente y lo fuma. Me tuvo que explicar el cliente cómo hacerlo, mientras se reía de mí. Yo aprendí el oficio en el día a día.
Siempre fueron de mucha clientela fija...
Y no sólo de Gijón. Los había de siempre, cuando venían de vacaciones a Gijón venían al Banús.
¿Cómo vivió la transformación de toda la zona de Fomento, pasando a ser una zona hostelera de referencia en Gijón?
Cuando nosotros abrimos aquí estábamos dos locales y después abrió otro, pero nadie apostaba por la zona. Nos decían que cómo se nos ocurría abrir ahí. Yo sinceramente, y también mi padre, teníamos confianza. Yo me emperré en abrir y salió muy bien. Nunca tuve dudas antes.Y una vez que lo abres las dudas ya no valen y lo que toca es trabajar. Y se sacó así, con mucho trabajo y divirtiéndonos. Tuvimos también gente muy buena trabajando en la cafetería, muchos siguen trabajando en el sector. Nosotros siempre tuvimos un pinche para hacernos las cosas, es decir, vacíos, neveras, limpiar si cae al suelo, no sé qué; para todo eso. Y después de un tiempo de pinche, ya pasaba a camarero; los enseñábamos empezando por abajo, a coger la escoba, como quien dice y triunfaban como el que más. Antes era así, y era algo bueno, pero eso es algo que ya cambió.
¿Por qué cerró el Banús en 2023?
Lo primero, porque yo ya llevaba mucho tiempo con problemas de salud y todo tiene un tiempo. Estaba muy quemado, sobre todo desde que murió mi madre, que me afectó mucho. Estuve de baja y después pensé que era tiempo de dejarlo ya, porque me quedaba yo sólo en el negocio, porque mi padre ya iba cumpliendo años y mi hermano se había ido a vivir fuera de Asturias hacía ya muchos años.
¿No pensó el alquilar el local?
Nunca quisimos. La idea era venderlo y eso es lo que hemos hecho, formalizando la venta el viernes de la semana pasada.
¿Quién lo compró?
Pablo Buey Seoane, del Grupo Tonada, que tiene locales hosteleros en Gijón y en Madrid. Tiene la idea de reabrirlo en Navidades, manteniendo el nombre de Banús. Su idea es abrirlo como bar y tienda, un modelo de negocio que es muy habitual en Madrid, pero no aquí. Antes también renovará el local. Pero mantendrá el nombre y eso es algo que me encanta.
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