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El Festival Aéreo hace volar a Gijón a base de acrobacias, fuerza militar y precisos saltos: "La aviación es un mundo apasionante"

Unos 310.000 espectadores, según la organización, disfrutan a lo largo de la bahía de San Lorenzo de una exhibición a la altura de los veinte años del certamen

VÍDEO: Así fue el Festival Aéreo de Gijón 2026

Sergio García/ Luisma Murias

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Gijón

Gijón volvió a elevar la vista al cielo. Un despliegue de altura, repleto de piruetas inimaginables, de demostraciones de poderío militar y de las capacidades de los servicios de atención a la ciudadanía, surcó este domingo el firmamento con motivo de la gran exhibición del Festival Aéreo Internacional, que congregó a unos 310.000 espectadores a lo largo de una bahía de San Lorenzo a reventar. Una parrilla con casi una treintena de aeronaves civiles y militares deleitó a un público que hizo frente estoicamente al sol para dejarse llevar por los aires. La ocasión lo merecía. El Festival Aéreo llegaba su vigésima edición. "La aviación es un mundo apasionante y maravilloso", reivindicaron desde megafonía antes del comienzo de un show en el que sobresalieron el estruendo del "AV-8B Harrier II" de la Armada y del "Eurofighter", las acrobacias de Camilo Benito o la patrulla "AeroSPARX" o los precisos aterrizajes de los paracaidistas de diferentes cuerpos.

El trajín habitual en los minutos previos al certamen se repitió en el Muro de San Lorenzo. Preparación exhaustiva entre la multitud: sillas, gafas de sol, gorras, prismáticos, cámaras fotográficas... Muchos se decantaron por la playa para seguir el espectáculo. El baño estaba prohibido. La marea humana se extendía hasta la zona de las "Chaponas" o del Cerro de Santa Catalina. Los puestos de merchandising, además, no pararon de recibir visitas en una mañana en la que abrió la veda Mario Pérez, del aeroclub Llanera, con más de 5.000 horas de vuelo a sus espaldas.

La exhibición se prolongó durante tres horas y media. Los "timings" se ajustaron a las previsiones. Del cartel cabe recordar que se cayeron el hidroavión Bombardier CL215, del Ejército del Aire, y el helicóptero "Chinook", del Ejército de Tierra, que debían mantenerse operativos de cara a combatir los incendios que asolan la zona centro del país. Los ultraligeros del aeródromo de La Morgal tomaron el testigo en un cielo que poco a poco se despejaba para dar pie a un lienzo de frenesí aeronáutico. "Es un orgullo participar", confesó el piloto Jorge Raga. Las conexiones con la cabina fueron una constante durante la cita. "Para los amantes de la aviación que pensáis que es demasiado tarde para empezar, no estoy de acuerdo; podéis hacer que vuestros sueños se cumplan", sostuvo Raga.

Tras calentar motores llegó el turno de los saltos, de los aterrizajes en la arena. Emergió en las alturas un avión de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio (PAPEA). "Lo único imposible es aquello que no intentas", reza su lema. Un T.21, destinado al transporte militar, fue el punto de lanzamiento, en primera instancia, de Dani Román, saltador de élite y referente de la modalidad "wingsuit". Con su traje de alas y un descenso meteórico cautivó a unos espectadores que alucinaban con la velocidad alcanzada por el andaluz. Un grupo de paracaidistas de la PAPEA, que tiene su base en Alcantarilla, en Murcia, deslumbró posteriormente con unas "caídas" de una precisión quirúrgica. "Es un honor participar en este prestigioso festival", manifestó José Luis Lomas, jefe de la patrulla. Los saltadores portaron una bandera de España y otra de Gijón en un claro guiño a la ciudad, que un año más se volcó con la vertiente paracaidista del certamen. "¡Cómo lo manejan!", exclamaba una mujer desde una de las escaleras de San Lorenzo. Antes, como mandan los cánones y para preservar la seguridad, se realizó un sondeo de las condiciones meteorológicas de cara a que el salto se produjese en el lugar y el momento indicados.

Los "paracas" gozaron de un notable protagonismo en la parrilla. El equipo de esta disciplina de la Guardia Civil también ofreció una demostración de sus habilidades. Los saltos, explicaron desde megafonía, requieren un entrenamiento específico. Y, al llevar consigo unas banderas, las complicaciones aumentan.

Tras deslumbrar el sábado al atardecer en el "Sunset Air Show" con los efectos pirotécnicos aparejados a sus vuelos, la patrulla británica "AeroSPARX" conquistó nuevamente el cielo con sus cabriolas. Los avezados pilotos transformaron las aeronaves en auténticas máquinas acrobáticas, haciendo las delicias a base de "loopings" o roturas de formación de unos espectadores que no perdían detalle de cada actuación. Los escasos espacios de sombra eran el bien más preciado en una mañana de calor y aeronáutica.

Las manos se elevaban para saludar al "Helimer Cantábrico", el helicóptero de Salvamento Marítimo con base en El Musel y uno de los ejemplos de que, en una exhibición de estas características, también hay hueco para las aeronaves que sirven para prestar un servicio esencial a la ciudadanía. En una línea similar fue la participación del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA), que desplegó un helicóptero con más de cuatro horas de autonomía y vertió agua desde el "bambi" que incorpora, como los utilizados para luchar contra los incendios forestales.

La Benemérita sacó músculo con el "AS365 Dauphin", referente para la vigilancia marítima o la lucha contra la inmigración ilegal o el narcotráfico. Un vehículo rápido y potente a partes iguales, y versátil para operar en tierra y mar. Después entró en liza el "CN-235". El "NH-90", del Ala 48 del Ejército del Aire, fue uno de los más ovacionados cuando completó una simulación de rescate en el mar. La imponente aeronave, empleada en operaciones especiales, nunca defrauda. "A ver si nos vemos durante muchos años más", declaraba el capitán Lozano. La Policía Nacional dejó su sello con un helicóptero que se movía con una ligereza inusitada, una máquina polivalente con dos turbinas de 600 caballos cada una. La autoridad de la Armada hizo acto de presencia a bordo del "SH-60", que ejecutó alguna que otra palanca al pecho antes de que en la aeronave asomase una bandera de Asturias que generó los aplausos del respetable.

Piruetas con Camilo Benito

Las filigranas arribaron al son de un clásico, Camilo Benito. "Abrid bien los ojos", recomendaba el piloto de vuelo acrobático a la multitud, a la cual hechizó con toneles rápidos y vuelos a cuchillo y, de paso, dejando una estela de humo como huella de su concurso.

Un titán de las alturas, el "A-400" del Ejército del Aire y del Espacio, atravesó la bahía ya superado el ecuador del show, dejando el terreno allanado para las cabriolas del equipo hispano-portugués "Yakstars". Era la antesala del "Daedalus" Demo Team, de la Fuerza Aérea Griega, cuyos integrantes ejecutaron unas maniobras que desafiaron la gravedad. Los avances en la industria aeroespacial quedaron patentes con el "AV-8B Harrier II" de la Armada, único caza capaz de hacer un vuelo estacionario y que en los últimos tiempos ha experimentado importantes mejoras en el software, el armamento o el combustible. El ruido proseguiría con uno de los grandes reclamos del certamen, el "Eurofighter" del Ala 11 del Ejército del Aire. Un prodigio militar que hizo a más de uno taparse los oídos. Eso sí, sin apartar la vista de sus electrizantes movimientos. Remató la faena, ya pasadas las tres de la tarde, la Patrulla Aspa, con cinco helicópteros que se coordinaron a las mil maravillas para brindar el cruce "Albaicín" o la rotura "Ballesta", en honor al exfutbolista Salva Ballesta, padrino de la patrulla.

Desde el Festival Aéreo Internacional celebraron el resultado de esta edición, la vigésima. "Una cifra que refleja la dimensión de un festival que se ha consolidado como un potente altavoz de la cultura aeronáutica y como un ejemplo de cómo una ciudad puede unirse en torno a un proyecto que inspira, emociona y hace soñar", destacaba la organización en redes sociales.

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