Una grada de miles de personas para mirar al cielo: así se vivió el Festival Aéreo de Gijón a pie de calle
Mientras las aeronaves sobrevolaban la bahía de San Lorenzo, miles de personas convertían el litoral gijonés en un mosaico de historias, encuentros y visitantes llegados desde distintos puntos de España
Miguel Martín
Durante unas horas, la bahía de San Lorenzo se convierte todos los años en una gran grada abierta al cielo. La playa, el muro y el Cerro de Santa Catalina reúnen a miles de personas para seguir seguir el Festival Aéreo, aunque no todos lo hacen de la misma manera. Entre ellas hay aficionados capaces de reconocer un avión solo por el sonido de sus motores, familias que disfrutan la mañana del domingo, turistas que aprovechan sus vacaciones para contemplar el espectáculo y, también, algunos curiososo que apenas conocen el programa. Cada uno buscaba algo distinto, aunque todos terminaron levantando la vista al mismo cielo.
Las conversaciones cambian según el grupo, en unos se debate sobre las prestaciones del Eurofighter o las maniobras del Harrier, en otros, los niños preguntan cuándo llegarán los paracaidistas. Tampoco pasó desapercibido Dani Román, el "hombre pájaro", cuya aparición sobre la bahía despertó la curiosidad de muchos espectadores no lograban entender cómo es posible volar con una traje así. Los móviles se levantaban una y otra vez para capturar los mejores momentos mientras las miradas seguían clavadas en el horizonte buscando al siguiente protagonista del evento.
También hay quienes traen su plan preparado desde casa y no dejan nada al azar, los spotters cambian de ubicación en función de la luz, del recorrido previsto de las aeronaves o del fondo que quieren conseguir en sus fotografias. Pablo Fernández es uno de ellos y lleva años siguiendo el festival con su cámara al hombro. Para él, el cerro ofrece una imagen que pocos lugares pueden igualar. "Puedes sacar los aviones desde una altura similar o incluso superior a su altura de vuelo. En la playa lo ves de forma normal, pero desde el cerro la perspectiva es incomparable", explicó. Entre los recuerdos que conserva de otras ediciones uno destaca por encima del resto, la pasada del A400M junto a la Patrulla Aguila en la edición del año pasado. "Entraron en formación haciendo la bandera, fue algo muy raro de ver e increible", comentó sobre una maniobra que sorprendió a los asistentes al no estar en el programa.
Mientras unos seguían buscando la fotografía perfecta, otros encuentran motivos distintos para fijarse en el cielo. Diego Gredilla, Santiago Felgueroso, Pablo González y Luis García siguieron con atención todas las explicaciones sobre las aeronaves y sus complementos, en especial la del Bambi Bucket, un depósito flexible que cuelga de los helicópteros para descargar agua en los incendios forestales. "Me impresionó mucho la capacidad de almacenaje, 900 litros son muchos litros", comentaba González en una mañana en la que la actualidad también se coló entre las conversaciones en forma de mensajes de ánimo. "Todo el apoyo a Madrid y a todos los que están luchando contra los incendios forestales", añadió. En el grupo tampoco faltó un recuerdo para uno de las grandes ausentes de esta edición. "Es una pena que ya no esté la Patrulla Águila, nos gustaba verla", coincidieron.

Sergio García/ Luisma Murias
A pocos metros, varios veteranos de la Compañía de Operaciones Especiales número 71 de Oviedo aprovecharon el festival para volver a reunirse. José María Fernández López, acompañado por Alfredo Blanco García, Jota San Emeterio, Roberto González, Miguel Ángel Fernández y Gilberto Iglesias, disfrutaba del ambiente tanto como de las exhibiciones. "Lo más curioso es que siempre acierten con el clima, siempre cae en un día maravilloso", comentaba. Los paracaidistas, el Harrier y el Eurofighter encabezaban su lista de momentos más esperados, aunque había otra imagen que le llamaba la atención casi tanto como los aviones. "Es increíble la cantidad de gente que hay, es muy bonito", resumía al contemplar la playa, el muro y el cerro completamente llenos de vida.
No todos los asistentes comparten la misma afición por la aviación. Teresa Álvarez y Cristina Cardeli reconocían que los aviones no son lo que las había llevado hasta allí, aunque sí valoraban el ambiente que genera el festival. "Me alegro por el turismo que viene a Gijón, no me gustan mucho los aviones, pero es muy bueno para la ciudad", señalaban mientras seguían el ir y venir de las aeronaves. El ambiente del que hablaban las jóvenes también se reflejaba entre quienes habían recorrido decenas o incluso cientos de kilómetros para no perderse la exhibición, el Festival Aéreo volvió a ejercer de imán para aficionados y curiosos llegados de distintos puntos de España, en algunos casos el evento fue la razón del viaje, mientras que en otros fue un extra para divertirse en unos días de desconexión.
Llegados desde Valladolid, cerca de la escalera 11, se econtraban Diego García, Sergio Requena, Mariano Sanz, Luis Sanz, Félix Martín y Javier Sanz, en principio habían llegado a Gijón para ver el concierto de Dani Martín del pasado sábado, un amigo con casa en la ciudad les recomendó quedarse un día más para conocer el Festival Aéreo y no dudaron el alargar la escapada. "No lo conociamos y la verdad que es muy bonito", explicaron. Desde León, David Luares y Daniel González regresaban por segundo año consecutivo. Si repitieron fue, sobre todo, por los cazas, la "exhibicion que más ganas tenemos de ver", afirmaban con la mirada clavada en los Yak Stars y sus acrobacias.
La casualidad también llevó hasta San Lorenzo a Álvaro Ezquerro, Miguel Caramés, Luca Jímenez y Fernando Ruiz, amigos de la universidad llegados desde Madrid, Zaragoza y Logroño. Estaban de vacaciones en Asturias y el festival coincidió con su estancia, aunque Jímenez y Ruiz sí confesaron ser grandes seguidores de la aviación. Esperaban con especial interes a los dos grandes protagonistas, el Harrier y el Eurofighter, y también agradecieron el respiro que ofrecía la temperatura gijonesa. "Comparado con Madrid, esto no es calor", bromeaban antes de asegurar que "en Gijón se está muy a gusto".
Pasado ya el puente del Piles se encontraban, llegados desde A Coruña Ignacio Choren, Eugenio Novas, Álvaro Mera y Carlos López que habían optado por llegar casi sin información. "No queremos spoilers", comentaban entre risas mientras aguardaban el inicio de las siguientes exhibiciones. Conocían el prestigio del Festival Aéreo y habían oído hablar del Harrier pero querían vivir la experiencia a través de sus ojos sin información que condicionase su juicio. Venían del bajar el Sella el día anterior y el espectáculo fue la forma perfecta de cerrar un fin de semana entre amigos y "mucho buen rollo".
Con el paso de las horas, las conversaciones fueron dejando paso al rugido de los motores, cada nueva pasada arrancaba aplausos y obligaba a cientos de teléfonos móviles a apuntar hacia la bahía, los cazas concentraron buena parte de la expectación, mientras el descenso de los paracaidistas se llevó una de las mayores ovaciones de la mañana. Cuando el último avión puso rumbo al horizonte, comenzaron a recogerse las sillas, las sombrillas y las toallas, los comentarios ya no giraban sobre lo que estaba por llegar, sino sobre la maniobra favorita de cada uno, unos hablaban del Eurofighter, otros de los invitados internacionales, de los paracaidistas o de la fotografía que habían conseguido. La exhibición había terminado, pero las conversaciones seguían llenando el paseo.
Suscríbete para seguir leyendo

