La figura de la semana: Óscar Luis Celada, un clínico con pasión y estrella
El médico de la Selección Española de Fútbol, nacido y criado en Luarca, vivió una infancia con el balón pegado a los pies y disfrutó de una carrera como centrocampista en la que pasó por clubes como el Sporting o el Zaragoza n Con dos Mundiales y dos Eurocopas en su currículum y médico de vocación desconecta del exigente calendario futbolístico con familia y amigos

Óscar Luis Celada. / Mortiner
Son días de desconexión, de digerir un carrusel de emociones, de celebrar, para Óscar Luis Celada, médico de la selección española de fútbol. La «Roja» bordó hace una semana la segunda estrella al conquistar un Mundial que, de hecho, también es el segundo para el luarqués tras el de 2010. Quien fuese jugador del Sporting apura su descanso antes de incorporarse a la pretemporada del Atlético de Madrid, donde ejerce de médico del primer equipo. Lo hará lleno de orgullo por un título con el que vibró un país entero.
Nacido en Luarca en 1966, Óscar Celada vivió sus primeros meses en Trevías (Valdés) y se desplazó con dos años a Luarca con su familia. Sus padres, José María y Magdalena, eran de Palencia. José María fue médico y el pequeño Óscar deseaba seguir sus pasos. De manera natural el fútbol se convirtió en la pasión de ese crío que ni por asomo se imaginaba lo que este deporte le tenía preparado. Su infancia estuvo ligada a un balón en los pies, a partidillos con los amigos en la playa, en el parque. Estudiante de los colegios José García Fernández y Ludus y del instituto Carmen y Severo Ochoa, Óscar Celada se hizo poco a poco un hueco en el mundo del fútbol. Pasó por clubes de Luarca hasta fichar por el Sporting, en cuyo primer equipo debutó en 1989.
Alcanzar el profesionalismo no privó a Óscar Celada de formarse de cara a hacer realidad su vocación de médico. Estudió Medicina y Cirugía en la Universidad de Oviedo, continuando más adelante en Zaragoza y Las Palmas. Se lo tomó con calma al compaginar dos carreras: la académica y la deportiva. Como quien dice, pasó de ser un estudiante que jugaba a un futbolista que estudiaba.
En el verde, Celada era centrocampista. Militó, además de en el Sporting y en el Langreo, en el legendario Zaragoza que ganó la Recopa de Europa en 1995, en la UD Las Palmas y en el Universidad de Las Palmas. Se retiró con 35 años. Pero no paró. Se especializó en Medicina y Traumatología del Deporte y cursó varios másteres para ampliar conocimientos. No tardaría en aunar sus dos pasiones, la medicina y el fútbol.
En 2003 empezó a colaborar con la Real Federación Española de Fútbol. También lo hizo en la entidad equivalente en el atletismo y estuvo en la clínica Cemtro. Pasó por el Zaragoza, un lugar que conocía de sobra, e inició un sueño del que todavía no se ha despertado. Tras la victoria en la Eurocopa de 2008, Celada se incorporó a la Selección como responsable médico. Lo que ha llegado después es abrumador: dos Mundiales y dos Eurocopas. Casi nada. Desde 2017 es médico del Atlético. En unas fechas ya estará codo con codo con el Cholo Simeone.
Óscar Celada es un firme defensor de los valores que transmite el fútbol. De las alegrías que es capaz de generar en jugadores, familias y seguidores. En su profesión cuenta con una valiosa ventaja, su bagaje como futbolista. Esa mentalidad competitiva, las ganas de jugar a toda costa que tienen los Rodri, Cucurella, Lamine Yamal y compañía, ya la vivió el asturiano en su momento. Si alguien tiene la tentación de precipitarse al salir de una lesión, ahí está Celada para poner la cautela.
Casado con la madrileña María y con dos hijas, Catalina y Paloma, el doble campeón del mundo aprovecha cualquier resquicio del intenso calendario futbolístico para desconectar en Luarca. Es de planes sencillos, sin artificios. Un rato de playa con familia o amigos, una buena caminata, disfrutar del puerto luarqués... De Gijón guarda imborrables recuerdos, como sus estancias en «El Altillo», en la calle Capua, residencia en su época para las jóvenes promesas rojiblancas. Joaquín o Jiménez son unos «hermanos mayores» para Óscar Celada, un profesional al que el fútbol le absorbe, en el buen sentido de la palabra. Y por ello no tiene hobbies extravagantes. No necesita más adrenalina cuando la pelota se toma un respiro. Aficionado al cine o a la música, el médico de la Roja es un «disfrutón» de la comida. Durante la concentración en Estados Unidos, eso sí, tocaba comida «de deportista».
Obviamente, Óscar Celada pasa mucho tiempo fuera de casa. Cada vez hay más partidos y, por ende, más viajes. Cuántas maletas habrá hecho el luarqués a lo largo de su trayectoria. En agosto son las fiestas de San Timoteo y Celada lo tiene complicado para ir. El precio a pagar por el oficio. Por si el Mundial se quedara corto como motivo de felicidad, el Ayuntamiento de Valdés ya ha anunciado que nombrará hijo predilecto del concejo a Óscar Luis Celada, que esta semana también acudió a Gijón para recibir un homenaje por parte del Consistorio. El hambre de gloria de Celada no se ha saciado. En 2030, ¿por qué no puede llegar otro Mundial? Aún falta para esa cita. Hasta entonces, una de las «superestrellas» de la Selección, probablemente menos visible que otras, continuará disfrutando de lo suyo. Y siempre con el corazón en sus raíces, en Asturias.
Suscríbete para seguir leyendo
- Gijón estrena un nuevo gran supermercado (y sortea un coche para celebrarlo)
- Rocambolesca trifulca en Gijón: un perro orina un puesto de ropa del Muro y tiene que intervenir la Policía para calmar al tendero
- Apuñala por la espalda a su pareja en plena calle en Gijón
- Morante y Pablo Aguado reescriben la historia de El Bibio
- Los Fuegos deslumbran a Gijón con su ritmo, colorido y su magia: 'La traca final ha sido impresionante
- Guía básica sobre el eclipse en Gijón: Cortes de tráfico, prohibiciones, buses reforzados, citas singulares y fiesta final
- Cómo y con qué fotografiar el eclipse solar (y el móvil también vale): los consejos de Alfonso Tomás, un experto en tomar imágenes del sol
- La Noche de los Fuegos pasa el examen de la Guardia Civil: 'La lluvia no influye para celebrar el show, pero ojalá haya brisa para disipar el humo