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Los productos portugueses conquistan los paladares en el Arco Atlántico de Gijón: "Somos todos como hermanos y nos ayudamos"

El trabajo duro y la alegría en el mercado del Campo Valdés acercan con una gran sonrisa la gastronomía lusa todos los paseantes de San Lorenzo

Los productos portugueses conquistan los paladares en el Festival Arco Atlántico de Gijón

VÍDEO: Álex Redruello | FOTO: Luisma Murias

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Álex Redruello

Gijón

Junto al pedreru de San Pedro, el tradicional mercado portugués que vuelve a la ciudad de la mano del Festival Arco Atlántico ha llenado de alegría y productos lusos entre los que destacan los quesos, los embutidos, los dulces y el vino. El éxito de este mercado, protagonizado por comerciantes itinerantes que muestran al mundo las delicias de su país, reside en la imborrable sonrisa y el incansable trabajo de los trabajadores. Un ejemplo es João Esteves, que, aunque sea su primer año en el mercado del Campo Valdés, su puesto lleva 16 años acudiendo a su cita con Gijón. "Empezó con mis abuelos, haciendo quesos a mano en la montaña más alta de Portugal", relataba Esteves sobre un patrimonio familiar de más de 40 años

Pero la tradición tiene un peaje invisible. João Esteves no dudaba en cuanto a la dureza de esta vida. "El trabajo, las horas que se pasan aquí". Detrás de la alegre imagen de la venta, su jornada se estira fácilmente hasta las catorce o dieciséis horas diarias, entre preparar los productos, atender al público y recoger. A pesar del cansancio, Gijón sigue siendo para él una ciudad "de maravilla, bonita y tranquila" a la que siempre compensa volver.

Ese vínculo especial con Asturias es un patrón que se repite a lo largo del mercado. La historia de Joel Simão es el mejor ejemplo. Su relación con la región no nació entre mostradores, sino en el agua. "Vengo a Asturias, y a Gijón, desde los 12 años porque hacía el Descenso del Sella en piragua", cuenta. Ahora, con más de una década de experiencia montando su puesto en Campo Valdés, conoce de sobra la cara B del oficio: "Lo más duro es montar y desmontar la carpa. El resto es fácil, porque si te gusta vender, estás feliz".

Esa felicidad se respira en la convivencia entre los propios comerciantes. Lejos de competir entre ellos por el cliente, los vendedores lusos funcionan como una gran familia nómada. "Somos hermanos, nos ayudamos en todo lo que necesitemos", confirmaba Joel Simão. "Cada uno vende un producto distinto, entonces cuantos más seamos más fácil es, porque tú puedes comprar un queso un dulce, una botella de vino, y eso hace que la feria tenga una multiculturalidad mayor".

El éxito de este mercado reside en su capacidad de llamar la atención, nadie parece buscarlo, pero todos acaban en él. "No lo conocíamos, vinimos a pasar el día y nos pilló de sorpresa, pero está muy bien", resumía la visitante Ainhoa Ovispo, quien venía junto a su familia a pasar el día en Gijón desde su natal Cerredo.

La Tuna Femenina anima el festival

El mismo asombro comparten quienes llegan desde mucho más lejos. Para una familia de turistas mexicanos, el mercado fue un descubrimiento de camino al mar que demuestra la "apertura y diversidad que respira la ciudad" comentaba Zaide Solís. Y donde hay mezcla cultural, la improvisación siempre tiene hueco. Así lo demostró la Tuna Femenina de la Universidad Politécnica de Madrid. "Estamos de viaje por España Portugal y Francia. Veníamos de Portugal y veníamos a pasar justo el día aquí en Asturias y estábamos tocando justo en las terrazas y hemos acabado aquí" comentaba Lucía Cerezo, componente de la tuna, fundiendo su música con el ambiente y brindando con unas cervezas inesperadas.

Este mercado es mucho más que un conjunto de carpas comerciales, es un lugar donde las vidas nómadas de comerciantes como João y Joel se cruzan por unos minutos con los pasos improvisados de los turistas, demostrando que, a veces, las mejores experiencias son aquellas que te pillan de sorpresa o incluso los que se encuentran caminando por la propia ciudad como este mercado que seguirá hasta el 2 de agosto.

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