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El mercado de artesanía abre sus puertas en Gijón "con materiales que te van a durar toda la vida"

Propuestas de todos los rincones para para poner en valor el trabajo artesanal

VÍDEO: El mercado de artesanía abre sus puertas en el Náutico

Álex Redruello

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Álex Redruello

Frente la Escalerona, en los Jardines del Náutico, se puede disfrutar de un espacio donde el tiempo parece detenerse frente al ritmo frenético de la producción en cadena. La Feria Nacional de Artesanía vuelve a asentarse en la ciudad, un gran escaparate vivo de talento manual, de la paciencia y la sostenibilidad. Más allá del impacto económico y el innegable atractivo turístico de la cita, el verdadero corazón de este encuentro reside en el gran esfuerzo y amor con el que trabajan todos los artesanos desde detrás del mostrador, pues son los propios creadores de distintos rincones de Asturias y España quienes toman la palabra para reivindicar un oficio que, lejos de desaparecer, busca reinventarse.

Un ejemplo de esta innegable labor, proviene de las manos de Claudio Garigliano, quien admitía que esta feria iba a ser su última edición al frente de su artesanía con botellas de sidra. Tras dos décadas acudiendo fielmente a su cita con el público, su etapa en los talleres llega a su fin. "Me jubilo en diciembre de este año y ya no voy a volver a hacer esta feria, claro, ni esta ni ninguna". Su legado, sin embargo, queda marcado por la capacidad de adaptación. "Soy un artesano del vidrio de toda la vida", explica, pero su trayectoria dio un giro hace años cuando su pareja le sugirió trabajar con un elemento profundamente asturiano, la botella de sidra. Hasta entonces, trabajaba con cristal de Murano y otro tipo de vidrios. "Fue un tiempo de prueba y error, de I+D, de fundir mucho vidrio de sidra hasta conseguir que quede resistente, brillante y bonito", explicó, recordando que tardó "casi cuatro años" de dedicación exclusiva en dominar la técnica para poder comercializar la nueva actualización de su artesanía. Garigliano se despide conmovido, valorando "el privilegio de trabajar en lo que me gusta, cuando haces cosas que te gustan les pones todo el amor del mundo y cada pieza tiene un sentido muy especial, me emociono", confesaba.

Esa misma dedicación y pasión la comparte Manuel Benitez, un artesano que lleva unos 20 años esculpiendo maderas nobles como el castañio o el roble, pero con sus inicios en el bambú asturiano. Algunas de sus obras, como las plumas de escritura que hace a mano, esconden un tesoro para los nostálgicos. "Las plumillas que les pongo son antiguas, las consigo en rastros y tiendas de antigüedades y tendrán entre unos 60 o 70 años", relató. Frente a la producción en masa, Benitez defendía el valor incalculable de lo único. "Solemos aportar bastante calidad en los objetos, ya que los hacemos de uno en uno, y cuando haces cosas que te gustan, pues les pones todo el amor del mundo", añadió.

El contraste generacional lo pone el taller de Laura Mata. En el que es su tercer año cruzando la península desde Granada, su propuesta rompe con el imaginario clásico apostando por una "artesanía sostenible, hecha a mano con trozos de tablas de skate recicladas, o sea que es todo madera de monopatines". Su trabajo es el resultado de fusionar dos mundos. "Unimos la parte del skate, que mi compañero patina desde que era pequeño, y luego mi padre era carpintero", recordó. Por otra parte, Doris Negreira logra esa conexión personal a través de la personalización de sus figuras. "Hago muñecos personalizados, se les puede hacer con el nombre, se puede hacer con el color del cabello, para las habitaciones de los niños". Tras varios años exponiendo, es optimista respecto a la acogida. "La gente ya sabe a lo que viene, les gusta, van preguntando, así que bien, yo lo veo bien, va evolucionando".

Toda esta dedicación busca conectar de forma directa con el comprador. Algunos vecinos de Gijón como Antidio Sandoval y Emma González, disfrutan del ambiente. "Siempre se echa el ojo a algo", confiesa Antidio, mientras destaca la armonía existente entre los puestos. "Es como una gran familia, hay mucha armonía entre ellos". No obstante, al hablar de reconocimiento, Emma lanzaba una reflexión sincera sobre la mirada del consumidor medio. "Yo creo que lo valoran poco, es cierto que se valora, pero poca gente. Piensas 'qué caro', pero no te das cuenta de que está hecho a mano y con materiales que te van a durar toda la vida".

Para proteger este patrimonio vivo y asegurar su continuidad, las instituciones recuerdan el impacto real que tiene el evento. "Esta feria es ya algo muy consolidado, una cita obligada en la agenda tanto de la ciudadanía como de los turistas", subraya Arantxa González, directora general de Empresa y Comercio del Principado. Desde el ámbito municipal, Ángela Pumariega, agregaba que el evento es un referente clave de promoción económica. "Hay el doble de solicitudes que de puestos disponibles, lo cual indica que todo el sector de la artesanía quiere estar en esta feria".

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