La Feria de Muestras se degusta en familia: "Es un clásico"
Los visitantes aplauden la variedad gastronómica de una cita en la que comer, para muchos, es obligatorio: "Supone la experiencia completa"
La Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA) es muchas cosas en una. Un caleidoscopio de sensaciones y emociones en el que la gastronomía es parte indisociable de una cita más que arraigada en el imaginario colectivo. La variedad de propuestas culinarias es una seña de identidad de la Feria, y en esta edición no es diferente. Para muchos visitantes, pasarse por el recinto ferial es sinónimo de comer allí. Si no, como que falta algo. "Es un clásico", aseguraban ayer decenas de asistentes.
La soleada jornada de domingo sirvió de pretexto para que muchas familias se decantaran por reponer fuerzas en el propio recinto. El popurrí de olores daba buena cuenta de la diversidad gastronómica: bocadillos, helados, gofres, hamburguesas, perritos calientes... Hay alternativas para todos los gustos. Por uno de los míticos de la Feria, El Cuco, se decantaron Félix Tapia y Lucía Alonso, que acudieron con su crío Abel y con el abuelo, Fernando Tapia. "Siempre venimos todos los años", señaló la familia, de Oviedo, que pidió una bandeja con chorizos y patatas para recargar energías antes de proseguir con su visita.
"Lo que más miedo nos da es el calor; tenemos muchos ventiladores", bromeó Mariluz Suárez, directora de El Cuco, empresa de productos cárnicos que, un verano más, ofrece una paleta de comida con productos estrella como el rabo de toro, el cabrito bermeyu o el criollo. También hay opciones para veganos y celíacos. Indicó Suárez que ya existe una suerte de rutina establecida en muchos de los visitantes. "Es un clásico lo de dar una vuelta, ver coches, comprar algo y comer; la gente no se cansa", afirmó Mariluz Suárez. Para El Cuco, al ser una marca y no un establecimiento al uso, una cita como la Feria de Muestras es incluso más importante. "Nos reencontramos con clientes y gente que queremos saludar y ver; es un lugar de encuentro", ahondó.
El trajín ayer en las horas centrales del día era mayúsculo en las zonas gastronómicas del recinto ferial. En algunos locales agenciarse un sitio se convertía en un reto. Previsores fueron Gonzalo García, Noelia Aranda y sus hijas Rut y Judit, que disfrutaron a más no poder de unos bocadillos en el puesto de Embutidos Vallina. "Miramos un poco todo, pero solemos acabar aquí", sostuvo Gonzalo García. Para la familia, avilesina, no hay visita a la Feria que se precie sin sentarse en una terraza a degustar un buen bocadillo. "Parece que te pierdes algo si no lo haces", confirmó Noelia Aranda. "Ya que vives la experiencia, que sea al completo", agregó Rut García, de 19 años. En Vallina hay bocadillos de longaniza, lomo, bacon y chorizo criollo con jalapeños, entre otros. "Venir nos ayuda a entrar en contacto con los clientes y a fomentar la parte social", explicó Pedro López, director comercial.
Los más "impacientes" ni siquiera se sientan un rato a comer y descansar. Prefieren pillar algo y digerirlo mientras dan un paseo por la inmensidad del recinto ferial. Otros buscaban ayer un rincón con sombra para alejar en la medida de lo posible el asfixiante calor. No tuvieron este problema Néstor Torre, Elena Justo y su hijo Néstor. En Picofino se resguardaron de las altas temperaturas para disfrutar de un vermú de rigor. Es la quinta edición de Picofino, especializados en vermú y productos gourmet, en la Feria de Muestras. Tienen zona de terraza, interior, de comida e incluso una coqueta tienda. "Este año lanzamos unas patatas fritas con sal de vermú y el primer proyecto dulce, unas galletas de vermú de naranja con chocolate y almendra", detalló Tito Rodríguez, fundador. En la carta, eso sí, también hay otras opciones como torreznos y bocadillos. "Esta es una parada obligatoria; siempre venimos a tomar y a picar algo", declaró Néstor Torre.
Para aquellos que prefieran lo dulce, la emblemática confitería Camilo de Blas emerge como establecimiento a explorar. No dudaron en ello Eduardo Almau e Isabel Ruiz, cacereños pero que en un futuro no muy lejano se mudarán a Gijón. "El año pasado nos dio por comida italiana; este por un criollo", aseguró Ruiz. Tras ello, el postre fue cortesía de Camilo de Blas. Los famosos carbayones —un pastel con base de hojaldre, relleno de almendra marcona y bañado en yema y azúcar—, y con un vínculo imperecedero con la Feria de Muestras, cayeron de inmediato. "Es una brutalidad la oferta gastronómica que hay", ensalzó Eduardo Almau.
En Camilo de Blas no se quedan solamente en lo dulce, aunque, obviamente, abundan los pasteles. "Hay empanada de bonito, de cecina y queso de cabra, de chorizo y manzana...", resaltó la dependienta Mari Carmen Gallo, que destacó algunas de las novedades de esta Feria de Muestras: el helado de carbayón o los "blasitos", en formato mini.
Como hablar de Feria es hablar de bocadillos de calamares, por ese clásico optaron las parejas formadas por Laura León y Julio Prieto y Flor Prieto y Darío Grasso. "Aparte de mirar cosas, venimos a comer", manifestó sin titubeos Laura León, que calificó la Feria de Muestras como "una cita obligatoria del verano de Gijón". Un evento que, pese a no ser su foco principal, presume de una faceta gastronómica que cautiva a los miles de visitantes para los que comer en el recinto forma parte de la idiosincrasia de la Feria. Una Feria que también se disfruta a bocados.
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