La historia de los boticarios y los barberos-sangradores en Gijón
Se anunciaban con palos pintados de blanco y trapos rojos y azules, sembrando el germen del símbolo tricolor de las barberías modernas

Crónicas gijonesas

"Dixeron que esta población se llama el Conzexo de Gizon y su Capital la Villa y Puerto de el mismo nombre". Así comienza el documento "Respuestas Generales al Catastro del Marqués de la Ensenada en el Concejo de Gijón", datado en el año 1752. El marqués era Zenón de Somodevilla y en Gijón fueron cuarenta preguntas cuyas respuestas nos dan una radiografía del Gijón de esa época.
La pregunta 32 demandaba información sobre si en Gijón había médicos, cirujanos o boticarios. En esto último nos detenemos en los primitivos boticarios que en la ciudad se asentaron apuntando antes que el único médico en Gijón en esa información del Catastro del Marqués de la Ensenada se llamaba Joachin de Hurquia. El único boticario que en Gijón había en ese 1752 era Bernardo Billanueva. Pero el documento cita también a dos personas más, que entendemos que no eran boticarios sino ayudantes suyos. Eran una mujer y un hombre: Josepha de Prendes y Francisco Suárez. Los cita como vendedores de medicamentos.
El concepto de dentista-barbero-sangrador era habitual y como sangrador funcionaba en Gijón, en ese tiempo de mitad del siglo XVIII, Joseph de la Fuente. Barberos había dos: Phelipe Menéndez y Joseph Tineo. Recordemos que los barberos-sangradores se anunciaban colocando en la puerta de su establecimiento un palo pintado de blanco donde colgaban cintas con los colores rojo, por la sangre extraída mediante la sangría de las venas del paciente, y azul, por la sangre arterial. En la actualidad se mantiene ese símbolo tricolor en las peluquerías.
Antes del citado boticario Bernardo Billanueva hubo en Gijón al menos otro de nombre Juan Cacho Herrera. En el libro "Farmacéuticos asturianos" (1982) de Melquíades Cabal se nos informa de ello, de su testamento que se abrió cuando falleció el 12 de marzo de 1722, y por la relación de sus bienes vemos que Juan Cacho Herrera era un hombre acaudalado, poseedor de muchas obras de arte. Se describe su botica y su contenido (entre cientos de cosas "rasuras de cuerno de ciervo"), pero no se cita dónde estaba situada. Otro libro de Melquíades Cabal a consultar: "La medicina de ayer a través de la publicidad", que editó Júcar en el año 1989.
Más boticarios en Gijón pero ya en el siglo XIX. Por ejemplo Antonio Rodríguez San Pedro que anunciaba en la prensa su "Jarabe ferruginoso con cortezas de naranjas amargas para temperamentos debilitados, no deja en el paladar sabor a hierro. A tomar media hora antes de las comidas de dos a cuatro cucharadas al día". Publicitaba también Rodríguez San Pedro que en su farmacia de la calle de San Antonio número 20 se despachaba el aceite de bacalao, "repugnante a todo el mundo y es insoportado por todos los estómagos, los enfermos lo toman en todas las épocas sin cansancio del estómago". Se anunciaba como "Aceite de hígado de bacalao de Terranova, en frascos y botellas de todos los tamaños y precios". Se usaba para fortalecer el esqueleto y vista de los niños.
Una farmacia legendaria y que se mantiene abierta en la actualidad es la de que fundara en diciembre del año 1873 Joaquín Vigil-Escalera Blanco. Por tanto, lleva abierta la Farmacia Escalera en el mismo lugar (San Bernardo con Emilio Villa) nada menos que 153 años. Seguramente será el comercio más antiguo de Gijón, y sin cambiar de lugar. Joaquín Vigil-Escalera Blanco nació el 24 de noviembre de 1854 en Siero, pero fue bautizado en la gijonesa iglesia de San Pedro. Tanto su padre, el médico Joaquín Vigil Escalera, como su madre, Cristina Blanco, eran naturales de Pola de Siero, aunque vivían en Gijón en la calle de San Antonio número 8. Tras estudiar en el Instituto de Jovellanos, cursó la carrera de Farmacia en la ciudad de Madrid, terminando en el año 1873. En aquel tiempo era posible terminar esa carrera a los 19 años, como fue su caso.
Fue un acontecimiento en Gijón la apertura de la Farmacia de Vigil-Escalera ("para calvos y precalvos vendemos la Loción Capilar Urania") y su familia sigue regentándola 153 más tarde. Consta que a la apertura de la farmacia en ese 1873 acudió el entonces alcalde de Gijón Eladio Carreño, médico de profesión, y personalidades como Tomás Zarracina o el también médico Octavio Bellmunt. El 16 de agosto de 1932 murió en Somió Joaquín Vigil-Escalera Blanco.
En mayo de 1878 abría su farmacia en Gijón Alfredo Corzo Martínez-Arcos que era natural de León y que se estableció en la calle Jovellanos número 40. Anunciaba: "No más lombrices con los polvos vermífugos preparados por el farmacéutico A. Corzo".
En la esquina de Moros con Munuza abrió en el año 1890 su farmacia Casimiro Junquera Domínguez-Gil, y fue el primer boticario de su familia. A su muerte se hizo cargo de la farmacia su hermano político, Joaquín Vigil-Escalera Blanco, y luego lo hizo José Eguiburu Banciella. En 1916 ya tomó posesión de la farmacia el hijo del propietario, Casimiro Junquera Menchaca.
Luis Arza Muñoa era nacido en San Sebastián en 1880 y en el año 1914 adquirió una farmacia en Gijón a Diego Risueño Risueño en la calle Los Moros (entonces calle de Pi y Margall, con puerta trasera por la calle de Agua), frente por frente a la calle de Jovellanos. Anunciaba: "Para heridas, quemaduras y sabañones, crema Mentiboral Arza". Ese boticario Diego Risueño Risueño la había adquirido a su vez a otro boticario anterior, Justino Escalera López.
Retrato de Gijón

CAROLNA DEL CASTILLO Y MARIANO MORÉ / Gonzalo del Campo y del Castillo (Donada por la familia Ellacuría Delgado)
Carolina del Castillo y Mariano Moré
Fecha: 29 de febrero de 1916. El título de la foto es «Cecilio Pla y sus alumnos en el estudio del pintor», el autor es el gijonés Gonzalo del Campo y del Castillo (20 años) el cuarto hijo de la pintora Carolina del Castillo (49). A Carolina la vemos sentada, con bata blanca, en el centro junto cl maestro Cecilio Pla y Gallardo (56) que porta una gorra. Mariano Moré, con 17 años, está de pie, primero por la izquerda abierta la bata blanca. La foto formó parte de la exposición que hasta hace unos meses se pudo ver en el Museo del Prado, «El universo del artista ante la cámara». (Fotógrafo: Gonzalo del Campo y del Castillo. Donada por la familia Ellacuría Delgado)
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