"Asturias lo tiene todo para ser un destino de lujo", sostienen expertos
Profesionales del turismo, la hostelería y la gastronomía avalan que la región reúne todo para el mercado de las experiencias premium

Por la izquierda, José Miguel Fernández Rodríguez, Beatriz Pérez García, Alfredo Fernández Santos, Álvaro Coalla, José Luis Álvarez Almeida, Begoña López Fernández, Javier Martínez, Juan Fombella, Carmen Ordiz y Alicia Palacios.
Miguel Martín
El lujo en Asturias no se mide en hoteles de mármol ni en experiencias inaccesibles. Se encuentra en un llagar centenario, en una cata de vinos en el suroccidente, en un productor que explica el origen de sus quesos o en un descenso del Sella acompañado por quienes mejor conocen el río. Esa fue la idea que sobrevoló la jornada "Asturias de lujo. Agro, turismo y gastronomía", celebrada ayer en la Feria, donde representantes del sector coincidieron en que la región tiene condiciones para posicionarse como un destino de experiencias de alto nivel, aunque con deberes por hacer.
Para el presidente de OTEA, Javier Martínez, el agroturismo ha pasado a convertirse en una experiencia. "El agroturismo no es mirar el paisaje, es vivirlo y degustarlo", afirmó. En su opinión, el visitante que busca este tipo de propuestas "no busca lujo, busca experiencias" y recordó el peso económico del sector, con 47.000 empleos, y lo definió como "el mejor antídoto para la despoblación". La mesa redonda posterior permitió poner de relieve las fortalezas y las carencias del modelo asturiano. Alicia Palacios, del Grupo Nature, aseguró que "Asturias lo tiene todo para ser un destino de lujo" y la definió como "un diamante en bruto" que necesita presentarse mejor al cliente. Advirtió, eso sí, que el visitante de alto poder adquisitivo "no da segundas oportunidades", por lo que una mala experiencia puede perjudicar la imagen del destino.
Esa visión optimista convivió con las reivindicaciones sobre infraestructuras. Álvaro Coalla, responsable de Desarrollo de Negocio en Coalla, señaló que Asturias debe mejorar aspectos como oferta hotelera, transporte o aparcamiento. "Es raro que Gijón no tenga un hotel de cinco estrellas", apuntó, convencido de que esos servicios son necesarios para competir con otros destinos internacionales.
Más allá de las instalaciones, se coincidió en que el verdadero valor diferencial está en quienes producen y cuentan la historia de cada producto. La gastrónoma Carmen Ordiz defendió la importancia de identificar el origen de los alimentos y dar protagonismo a las denominaciones de origen, mientras que la directora de Bodegas Vidas, Beatriz Pérez García, reclamó un mayor respaldo a los pequeños productores. "Cuando alguien se sienta a una mesa también está ayudando al productor", recordó, animando a los establecimientos a apostar por los productos de proximidad.
Sobre cómo atraer a un visitante cada vez más informado, Palacios explicó que, en el turismo de lujo, la recomendación personal continúa siendo la mejor herramienta de promoción. "Las redes sociales ayudan, pero aquí queremos discreción y confidencialidad", recordando que la exclusividad pasa por la privacidad de los clientes.
Para Ordiz, el principal reto está en el capital humano. "El lujo necesita gente formada con ganas de defender Asturias en la mesa", aseguró antes de lamentar que muchos viajeros conozcan antes destinos internacionales que rincones del propio Principado recordando una anécdota: "Conozco a más gente que ha ido a Bali que a Taramundi".
El enoturismo ocupó otra parte del debate. Pérez García explicó que las visitas a las bodegas han evolucionado hacia un modelo basado en reservas y experiencias más personalizadas. "Hay que ser sincero, contar tu historia y los clientes valorarán", afirmó, convencida de que el visitante aprecia cada vez más conocer el origen del producto. Coalla añadió que el vino asturiano todavía tiene camino por recorrer en la restauración, aunque reconoció que "cada vez se está valorando más". Al final se dejó un hilo común: Asturias debe creer más en lo que ofrece. La directora general de Agroindustria, Begoña López, lo resumió en que "la gente viene a comer historias bien emplatadas", como reivindicación del valor del medio rural, sus productores y los propios asturianos como los mejores embajadores.
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