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"Asturias no será mejor si no apoyamos a los empresarios", resalta Pablo Junceda al recibir el reconocimiento de las cámaras de comercio y FADE

El directivo del Sabadell pidió "lealtad" a las instituciones con los empresarios, en materia de fiscalidad, precio de la energía, comunicaciones y disminución de la burocracia

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Gijón

El director general adjunto del Banco Sabadell, Pablo Junceda, recibió ayer el reconocimiento de los representantes de los empresarios asturianos, la patronal FADE y las cámaras de comercio de Oviedo, Gijón y Avilés, por su labor en favor de la competitividad y el desarrollo del tejido empresarial del Principado de Asturias. Lo recibió en el marco del Día del Empresariado Asturiano, que ayer se celebró en la Feria Internacional de Muestras de Asturias y resaltando el papel de los empresarios en el progreso de la región: "Asturias no será mejor si no apoyamos a los empresarios y a las empresas; una Asturias que necesita ante todo y sobre todo de optimismo, rigor, trabajo, colaboración y lealtad; porque el futuro de Asturias se va a construir no con el azar, sino con el hacer", señaló el directivo del Sabadell poco antes de firmar en el libro de honor de la Cámara de Comercio de Gijón.

Junceda se expresó con modestia al recibir esta distinción, haciéndola extensiva a sus colaboradores del Banco Sabadell-Herrero. "Quiero pensar que ustedes me han permitido estar hoy aquí porque desde la empresa que tengo el inmenso honor de dirigir –Sabadell-Herrero, por cierto, una empresa tan asturiana como cualquier otra porque hunde sus raíces en esta tierra desde hace más de cien años y está liderada por directivos que sienten el Principado con la misma intensidad y preocupación que todos ustedes– me han dejado dirigirme a ustedes por el incondicional apoyo de mi casa a las tres Cámaras asturianas y a FADE". Indicó también que, en su opinión, lo "lo verdaderamente valioso de la jornada de hoy" es la unidad de las cámaras y la FADE, para defender a empresarios y empresas "porque son la única garantía para generar el bienestar conjunto de nuestra sociedad".

Junceda destacó la utilidad de las cámaras de comercio asturianas y de la patronal FADE, por su impulso al desarrollo y sostenimiento de la economía "haciendo lo mejor que saben hacer y lo que siempre han hecho; generar ideas, fomentar la formación, seguir a las empresas desde su nacimiento hacia su crecimiento, buscar nuevas oportunidades y convertirse en el pasaporte posible de la clase empresarial asturiana".

También quiso poner en valor la unidad entre las tres cámaras y la FADE, y su colaboración con los poderes públicos. A este último respecto hizo un llamamiento a las administraciones a apoyar a los empresarios, con peticiones concretas: "una buena colaboración se basa en la lealtad, y ser leales también es pedir que las condiciones en las que deben operar las empresas sean iguales a las demás; si no, su competitividad se resentirá. Hablo de fiscalidad, de los precios de la energía, de las comunicaciones y de la disminución de las trabas burocráticas".

El discurso de Pablo Junceda: Construir cada día una región mejor

Comienzo mi intervención con un rotundo y sincero agradecimiento por invitarme a este importante encuentro y por este inmerecido reconocimiento que hoy me hacéis y que sin duda se debe más al cariño que a los méritos y que –si hubiese algo de esto último– se lo debo todo al excelente equipo que me rodea desde hace años que, créanme, es lo mejor que tengo. Un equipo de asturianas y asturianos comprometidos que luchan cada día y todos los días por construir desde nuestra casa una Asturias mejor.

Hace ahora 57 años, concretamente en 1969, el recordado Luis Adaro Ruiz-Falcó, entonces Presidente de la querida Cámara de Comercio de Gijón, consignaba en su libro "Noticias y comentarios sobre asuntos y realizaciones asturianas (pasado, presente y futuro de Asturias)", el siguiente episodio (y se lo cito textualmente):

"En aquel año, buscando alguna industria transformadora importante que pudiera ser implantada en Asturias y que sirviese además de base para la creación de otras muchas auxiliares, fue cuando nos trasladamos a Alemania, para tener un cambio de impresiones con la importantísima fábrica de automóviles Volkswagen, con objeto de que montase en Gijón una fábrica de motores de automóvil. Negociaciones que, aunque lo sentimos mucho, no pudimos lograr llegasen a cristalizar en nada positivo".

Disculpen esta larga cita para comenzar mí intervención, pero creo que ilustra muy bien –a través del gran personaje y gran emprendedor asturiano que fue Luis Adaro– cuál ha sido el papel histórico de las cámaras de comercio y de la patronal en el impulso, desarrollo y sostenimiento de nuestra economía, haciendo lo que mejor saben hacer y lo que siempre han hecho: generar ideas, fomentar la formación, seguir a las empresas desde su nacimiento hasta su salida al exterior, siendo el mejor pasaporte posible de la clase empresarial asturiana.

Por tanto, desde hace bastante más de 100 años los empresarios españoles y asturianos cuentan con un eficaz instrumento de gestión y de impulso de la economía, copiado en casi todos los países avanzados y dotado de una capacidad formidable, ya que ningún otro colectivo en la sociedad civil, posee a su servicio corporaciones de derecho público de carácter oficial, pensadas para la defensa no de los intereses de las empresas en particular, sino para la promoción de los intereses generales de la economía en su más amplia extensión, configuradas por ley como organismos de consulta y de colaboración leal con las Administraciones públicas.

Pienso, cuando hablo y a veces discuto con responsables de otro tipo de entidades, que es absolutamente clave que se comprenda este concepto de lo que son las cámaras y las patronales. ¿Para qué? Pues sencillamente para no confundir "churras con merinas" y arriesgarse a perder el potencial de valor que estas instituciones pueden desarrollar en beneficio de todos.

Al final, todos –cámaras y FADE– convergen en un mismo fin, que es la defensa del empresario en su más amplio concepto. Y lo hacen trabajando de forma coordinada y teniendo clara sus distintas, pero tan cercanas misiones.

Y tengámoslo claro: defendiendo a las empresas y a los empresarios, se defiende la tierra; apoyándoles se impulsa el crecimiento de las familias y escuchándoles se logran transformar ideas y proyectos en realidades que generan puestos de trabajo, pagan impuestos, atraen población y, sobre todo, generan ilusión y futuro.

Pienso que lo verdaderamente valioso de la jornada de hoy es que cámaras y patronal se unan para que, a través de sus respectivas voces, la sociedad asturiana pueda escuchar un solo eco: debemos defender a nuestros empresarios y a nuestras empresas porque son la única garantía para generar el bienestar del conjunto de la sociedad.

Siempre me he considerado una persona valiente y quizá un bancario –no banquero– un poco atípico, precisamente por decir con respeto lo que pienso, máxime cuando esa opinión hace referencia a mi querida Asturias, una Asturias que necesita precisamente más que nunca de empresarios valientes.

Por eso, voy a decírselo alto y claro: no reconocer o desaprovechar el valor de las cámaras y de FADE es –en mi opinión– inaceptable en la Asturias actual; una Asturias tan necesitada de apoyos, ideas y trabajo riguroso y comprometido en pos del futuro común.

Quiero pensar que todos ustedes –como miembros de los órganos de decisión de las tres cámaras de Asturias y de FADE–, me han permitido estar hoy aquí porque desde la empresa que tengo el inmenso honor de dirigir, el Sabadell Herrero (por cierto, una empresa tan asturiana como cualquier otra porque hunde sus raíces en esta tierra y porque sus empleados y directivos viven y sienten el Principado con la misma intensidad y preocupación que todos ustedes)... me han dejado dirigirme a ustedes, les decía, por el tradicional e incondicional apoyo de mi casa a las tres cámaras asturianas y a FADE.

Hoy, la realidad económica se ha vuelto tremendamente voluble, profundamente cambiante e irremediablemente global. Ya nada –o casi nada– tiene la seguridad de antaño y lo que hoy vale para mucho, mañana puede no servir para nada.

En este mundo, en el que todavía estos días ni siquiera sabemos si mañana podremos encontrarnos con ese cliente o proveedor que necesitamos por culpa de conflictos que nos superan, no tiene demasiado sentido que desaprovechemos las cosas buenas, las instituciones útiles y las organizaciones de peso y valor contrastado y reconocimiento internacional.

Decía la genial escritora J.K. Rowling, premio "Princesa de Asturias" de la letras, que "seremos tan fuertes como unidos estemos, y tan débiles como lo divididos que estemos". Es, sin duda, una interesante reflexión para las cámaras de comercio y las patronales, instituciones que son necesarias e imprescindibles en una sociedad moderna y democrática que fomente y apoye la actividad económica y empresarial; pero cada organización debe tener su espacio, sus funciones y sus objetivos diversos, aunque –como ya les decía anteriormente– estos tengan un mismo reto final: colaborar con los poderes públicos que hemos elegido libremente para construir la mejor Asturias posible.

También tengo que decir que una buena colaboración se basa en la lealtad. Y ser leales también es pedir que las condiciones en las que deben de operar las empresas sean satisfactorias; si no, su competitividad se resentirá. Hablo de condiciones de fiscalidad; de los precios de la energía; de la disminución de las trabas burocráticas… pero esto daría para muchas otras jornadas…

Finalizo y lo hago con una última reflexión que pude leer hace tiempo en el libro de un conocido bancario (en este caso podríamos también llamarle banquero); me refiero a Francisco Luzón que muchos de ustedes recordarán como presidente que fue de Argentaria. Este magnífico directivo –hoy tristemente fallecido– se debatió varios años en el triste silencio de una terrible enfermedad, la ELA, que te postra inevitablemente sumiéndote en un mundo de parálisis absoluta. Francisco Luzón nos dice en su libro que "frente al pesimismo de la realidad, siempre tenemos el optimismo de la voluntad".

Esta frase bien podríamos aplicárnosla hoy todos los que estamos aquí, para trabajar unidos y en común por la Asturias que necesitamos; una Asturias que no será mejor si no apoyamos a los empresarios y a las empresas; una Asturias que necesita ante todo y sobre todo de optimismo, rigor, trabajo, colaboración y lealtad; porque no se engañen ustedes: el futuro de Asturias se va a construir no con el azar, sino con el hacer.

El hacer de todos y cada uno de los que hoy estamos aquí.

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