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Un hogar para que nadie envejezca en soledad

"Cohousing El Llar" lleva a la Fidma su proyecto de casas para vivir en comunidad, que sigue la estela de otras iniciativas de la región

Presentación de «Cohousing El Llar», en el stand de Gijón Impulsa de Fidma.

Presentación de «Cohousing El Llar», en el stand de Gijón Impulsa de Fidma.

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Miguel martín

Gijón

Hay puertas que apenas se abren durante años, vecinos que comparten rellano sin saber el nombre de quien vive al otro lado y personas mayores que pasan días enteros sin hablar con nadie. Frente a esta realidad que cada día afecta a más gente, un grupo de gijoneses quiere demostrar que otra forma de vivir todavía es posible. La propuesta de "Cohousing El Llar", expuesta en el stand de Gijón Impulsa en Fidma, sigue los pasos de otras iniciativas regionales y pasa por construir un hogar donde la convivencia vuelva a formar parte de la rutina y donde, como resume Amalio Espinosa, presidente de la cooperativa, "estaremos allí toda la vida entre amigos".

Ese es el espíritu de la cooperativa que impulsa un proyecto de unas treinta viviendas acompañadas de amplias zonas comunes. Habrá comedor, biblioteca y espacios pensados para compartir el día a día. "Es un proyecto de convivencia y de cuidados", explica Espinosa, quien insiste en que la intención es "crear un hogar más que un sitio en el que estar de paso". De hecho, la residencia deberá ser la morada principal para todos los socios.

La iniciativa también rompe con el funcionamiento habitual del mercado inmobiliario. La propiedad pertenece a la cooperativa y quienes formen parte del proyecto aportarán un capital para construir las viviendas, pero no podrán venderlas para obtener beneficios. Si un socio decide marcharse, recuperará el dinero aportado y otra persona ocupará su lugar. "No es para hacer negocios, es para vivir ahí", comenta su presidente al definir un modelo que califica de "anti-especulativo".

La idea nace como respuesta a un problema que, según sus impulsores, afecta cada vez a más personas: la soledad. La cooperativa tendrá un carácter "intergeneracional" y busca favorecer el envejecimiento activo sin recurrir a la institucionalización de los cuidados. "Hacemos compañía", afirma Espinosa. "No somos médicos ni somos sanitarios", aclara, pero añade que cuando alguien necesite atención profesional contará con ella, mientras que la comunidad seguirá aportando algo que considera igual de importante como es la "compañía y apoyo emocional".

Para explicar esa filosofía, Espinosa mira al pasado. Recuerda aquellas aldeas donde todos los vecinos se conocían y bastaba con que alguien faltara un día para despertar la preocupación de los demás. "Si alguien no baja a comer un día o no le ves bien, ya te preocupas por si le pasa algo", explica. A su juicio, esa cercanía es precisamente lo que "ya no se hace en la ciudad", donde muchas veces ni siquiera se conoce al vecino de al lado.

El proyecto ya ha comenzado a dar pasos para hacerse realidad. El Pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad en diciembre de 2025 la cesión de una parcela y la cooperativa trabaja con un terreno situado en Cabueñes, pendiente todavía de completar la tramitación necesaria.

Mientras ese futuro toma forma sobre el papel, la idea que sostiene el proyecto sigue siendo sencilla. Recuperar algo que, durante años, era habitual: conocer a quien vive a unos metros, compartir una comida, preocuparse cuando alguien falta y convertir un edificio en una comunidad.

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