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La figura de la semana: Antón Meana Hidalgo, periodista deportivo y pregonero de la Semana Grande de Gijón, un playu de micro rojiblanco

Sociable, padre ejemplar aunque "enganchado" al móvil por temas laborales, le encanta la fabada y vive con pasión el oficio que siempre quiso tener

Antón Meana.

Antón Meana. / Mortiner

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Gijón

En la familia de Antón Meana Hidalgo ya han normalizado que, si este tiene que levantarse de la mesa en plena comida para entrar en una conexión radiofónica, se hace y no hay ningún drama. La pasión del gijonés, pregonero de la Semana Grande de este año, por su profesión no entiende de horarios o descansos. El periodista, un playu que vive en Madrid y siempre tiene a Gijón en la cabeza, ha conseguido convertir su pasión de adolescente en una forma de vida. Las ondas son su vehículo para contar lo que ocurre en el deporte y, en particular, en el fútbol.

Nacido en 1986, Antón Meana fue "rebelde" en el sentido de que se decantó por el periodismo cuando sus padres, Carlos Meana y María Eugenia Hidalgo, son abogados. Pero él lo tenía claro. Era vocacional. Crío simpático y sociable, que paraba siempre que podía en la heladería o confitería de turno de la zona, parecía que el destino ya le mandaba señales. Vivió su infancia en la calle Jovellanos, encima del estudio de la "Cadena Ser", donde precisamente ahora trabaja. Pero a cientos de kilómetros, en la capital. "Debajo" de casa dio sus primeros pinitos en la radio, en tertulias infantiles. Estudió en La Corolla y se desplazó a Madrid para cursar Periodismo en la Universidad Complutense.

Aficionado y socio del Sporting, rojiblanco de corazón, "Radio Complutense" fue la plataforma de despegue de Antón Meana. Luego pasó por "Radio Marca" y ya lleva una década en la "Cadena Ser", participando en programas como "El Larguero" o "Carrusel Deportivo". Y en su momento colaboró con la cadena "ESPN". Ahora cubre la actualidad del Real Madrid, de la Selección Española y también temas federativos. El pregón de la Semana Grande cae en época de mercado de fichajes. En los días previos, pese a reposar y meditar el discurso, y disfrutando de cierto relax tras el Mundial, no le importó en absoluto hacer un alto y contar una información sobre el futuro de Rodri. Tenía un bombazo y había que soltarlo. Lo que hablábamos de la pasión. Gajes del oficio.

La buena nueva de que protagonizaría el pregón de este verano le pilló en Dallas (EE UU). No se lo esperaba. Preparó las palabras a conciencia. Le dio muchas vueltas. Tenía ese peso de responsabilidad para con su Gijón del alma. A juzgar por los aplausos de los asistentes que llenaban la plaza Mayor y de los miembros de la Corporación municipal, familiares y amigos que le escuchaban a metros del balcón consistorial, cumplió con nota.

Casado con la cántabra Lucía Riaño desde 2017 –contrajeron matrimonio en San Pedro un 14 de agosto, horas antes de la Noche de los Fuegos– y con dos hijos, Carlos y Miguel, la familia reside en Sanchinarro, una zona de Hortaleza, en Madrid. Dado el trabajo que tiene, Meana se pasa horas enganchado al teléfono. No hay otra. Cuando quiere desconectar, una de sus medidas estrella es precisamente apagarlo.

Buen compañero, de fácil conversación y dispuesto siempre a hacer un favor, Antón Meana es muy niñero. Le encanta pasar tiempo con sus hijos, que tienen siete y dos años. Meana, además, tiene una hermana menor, Paloma, abogada. De carácter tranquilo aunque no le importe "meterle un corte" a alguien cuando la ocasión lo requiera, Antón Meana está en su salsa en su profesión. Se desvive por ella.

Cuando hace una escapada para retornar a Gijón, el pregonero no puede desechar un baño en la Escalerona o un paseo por el Muro o por Begoña, para rememorar, por ejemplo, las tardes de niño dándole patadas a un balón. Y si coincide que el Sporting juega en El Molinón, al templo que va.

Culinariamente la fabada es uno de sus platos predilectos. Hay que reivindicar la tierrina. Es más de cuchara que de otros emblemas gastronómicos regionales como el cachopo. En casa se relaja con alguna que otra serie o película. En este ámbito le gustan las de juicios, fiscales... Tampoco es un sibarita del fútbol. No es de los que se traga cualquier partido. Si es necesario a nivel laboral sí, por supuesto. Lector de Eduardo Sacheri o Elvira Lindo y oyente principalmente de música española (el día de su boda prohibió las canciones en inglés), Antón Meana también tiene entre su lista de pasiones el viajar. Ya lo hace a menudo por trabajo, pero cuando la compañía son amigos o la familia la cosa cambia para un embajador de Gijón que ya ha dado la bienvenida a la Semana Grande. Y ahora, nueva temporada futbolística. La rueda no para de girar.

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