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La ausencia: análisis de la campaña de promoción turística de Gijón

Un recorrido por las estampas clásicas de la ciudad sin atender la arquitectura

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Héctor Blanco

Héctor Blanco

Hace unos meses se presentaba con gran parafernalia la campaña municipal de promoción turística “Gijón/Xixón horizonte valiente”.

La parte más mediática de la misma fue un video promocional con igual título de algo más de un minuto y medio de duración. Su visualización incluye las estampas clásicas de Gijón propias de las primeras campañas turísticas realizadas a lo largo del pasado siglo: playa de San Lorenzo y frente marítimo del Muro, cerro de Santa Catalina, Muelle y plaza del Marqués, Universidad Laboral y El Musel… sin ir más allá de los tópicos de postal de décadas atrás.

En la literatura institucional publicada al efecto se describe esta actuación como “una herramienta de futuro que ordene el relato de la ciudad”. La reflexión que surge tras su visionado es ¿y dónde está la ciudad en el contenido de esta campaña?

Ver el video, escuchar su locución, muestra una disfunción llamativa como es querer promocionar la singularidad de una ciudad sin atender a una de las claves de su identidad: su arquitectura.

Según avanza el vídeo sólo surgen preguntas. ¿Dónde está el interior del Café Dindurra o cualquiera de las otras obras Art-Déco existentes en nuestras calles trazadas en el estudio de los arquitectos Del Busto? ¿Dónde está la explosión de color del interior de la Iglesiona y sus vidrieras? ¿Dónde está el patrimonio Modernista que con tanto mimo trazaron Mariano Marín Magallón y Miguel García de la Cruz? ¿Dónde está la modernidad del edificio n.º 1 de la Plazuela, enlazando las calles Menéndez Valdés y Capua, o de La Escalerona? ¿Dónde está la pérgola de Los Campinos? ¿Dónde están la Casa Bauer o Villa María? ¿Dónde están el mirador del cabo San Lorenzo o los interiores de Laboral Centro de Arte?

El caso es que todo ello, y mucho más, no está en este video promocional.

Se habla de identidad… omitiendo un elemento esencial para apuntalar este concepto. La esencia urbana de Gijón es su diversidad, una amalgama en la que existen obras arquitectónicas llamativas y sugerentes. Son indudablemente elementos de sorpresa y estímulo para visitar Gijón, poca duda cabe. Nos identifican, nos singularizan, nos posicionan… pero institucionalmente se omiten.

Tras la presentación de esta campaña lo único que generó algo de ruido fue su peculiar logo representando el mapa del concejo, bautizado popularmente como “el murcielaguín” o “el murciélago manco” -por cierto llamativamente similar al empleado en una de las entradas del municipio pontevedrés de O Grove con igual planteamiento-, pero nadie parece haber echado en falta, en una promoción de Gijón, una clave crucial de la personalidad de Gijón.

Lo que podría ser una anécdota tiene un trasfondo más preocupante si tenemos en cuenta que lo presentado se ha definido como la síntesis del contenido del Plan Estratégico de Turismo local para la próxima década. Una de las frases iniciales del video afirma que a Gijón “no vienes a mirar”, oigan ¿y por qué no invitar a venir a Gijón a mirar y a descubrir?

Ciertamente esta ausencia revela hasta que punto el gobierno municipal sobresale por desconocer lo nuestro y no sacar partido de nuestras fortalezas.

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