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Al Gijón más entusiasta le hizo ilusión “sentir” el eclipse: "Fue un momento especial, diferente y único"

Turistas llegados de Estados Unidos y México, familias y montones de grupos de amigos llenaron los principales puntos de observación de la ciudad para vivir una cita que se complicó por las nubes

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Miguel Martín

Había visitantes llegados de todo el mundo, pero no fueron pocos los que pusieron pies en polvorosa en busca de un cielo más claro que les permitiera de verdad ver el eclipse. Los que se quedaron, que fueron muchos, hasta aplaudieron el inicio de la oscuridad total.

Porque las ganas de disfrutar no había quien las ensombreciera. Como bien decía un grupo de amigas apostadas en Poniente, lo que gusta en Gijón es «el barullín».

Cinco amigas, el eclipse como excusa para volver a reunirse

Esas cinco amigas que llegaron a Poniente sobradas de tiempo eranToñi Muñiz, Margarita Rodríguez, Juli García, Charo Suárez y Lourdes Llabona. Bajaron bien pronto a la arena con sillas y comida, decididas a pasar juntas la espera. La organización había surgido apenas tres días antes, pero la idea encajaba con una costumbre que mantienen durante todo el año: reunirse cada mañana. El eclipse era una ocasión más para verse, aunque en este caso con un aliciente especial.

"Queremos venir al barullín", resumían. Para ellas, contemplar el fenómeno acompañadas era parte de la experiencia. "Mejor verlo aquí entre amigas", defendían, mientras preparaban el aperitivo y buscaban el mejor lugar para mirar al cielo. Las nubes, sin embargo, no daban demasiadas esperanzas. "Nada, muy mal", reconocían al comprobar el estado del cielo. Aun así, ninguna parecía dispuesta a renunciar al plan. Y a su alrededor, además, cada vez había más gente.

De Estados Unidos a Gijón para verlo desde el mar

Cuando ya se intuía que las nubes no se levantaban, un grupo de 11 personas, nueve procedentes de EUUU, embarcaba en el puerto deportivo para contemplar el fenómeno desde el mar. Aurora Vicens, residente en Mallorca, viajaba con amigas a las que conoce desde la universidad y con las que mantiene una amistad de 44 años. El viaje comenzó a organizarse hace aproximadamente año y medio. Querían viajar juntas a España y el eclipse terminó convirtiéndose en el motivo perfecto. "Era como una excusa para hacer este viaje", explicaba Vicens.

La elección de Gijón tampoco fue casual. Habían estudiado distintas posibilidades y consideraron que desde Asturias el sol estaría más alto que desde Mallorca. Además, querían contemplar el eclipse desde el mar. Algunas de las integrantes viven en el centro de Estados Unidos y apenas tienen contacto con la costa, por lo que embarcarse era parte importante del plan.

Para algunos no era su primer fenómeno astronómico. Cuatro integrantes ya habían contemplado un eclipse total en Estados Unidos y llegaban con las expectativas altas. Esta vez, sin embargo, el cielo asturiano obligaba a rebajarlas. Pero Aurora tenía claro que, incluso si las nubes impedían ver el eclipse, el viaje ya había cumplido parte de su objetivo. "Significa crear recuerdos, crear vínculos", decía sobre reunirse después de tantos años. Y añadía una reflexión sobre el fenómeno que esperaban presenciar: "Creo que es como un recordatorio de que la naturaleza manda".

Desde México, a "cazar" el eclipse

Llegados desde México estaban Luís Díaz, Lulu Pérez e Isaías Díaz dispuestos a «cazar» el eclipse desde el Cerro. La afición por la fotografía nocturna y los fenómenos astronómicos les llevó a planificar el viaje desde 2024. Ese año ya habían acudido a Sinaloa para presenciar otro eclipse. "¿Cuándo nos va a volver a tocar uno?", se preguntaron entonces. La respuesta fue sencilla: "Cada año hay uno, solo hay que ver a dónde hay que irlo a cazar".

Cuando supieron que en 2026 el eclipse sería visible desde España, comenzaron a preparar el viaje. Eligieron Gijón por la costa y por la posibilidad de tener un horizonte despejado durante la fase final del fenómeno. El tiempo, sin embargo, volvió a jugar en contra. "El clima está fuera de tus manos", asumían. Aun así, Lulu tenía claro que todavía quedaba algo por experimentar aunque las fotografías fueran imposibles: "No lo vas a ver, pero lo vas a sentir, lo vas a percibir". Su intención era observar cómo cambiaba el entorno, especialmente el comportamiento de las aves cuando la luz desapareciera.

La familia Herrero: sillas, patatas y chocolate para esperar juntos

En la plaza del Marqués, justo a la sombra de la fuente de Pelayo, la familia Herrero convirtió la espera en un pequeño encuentro familiar. Como viven cerca y no había bancos suficientes, bajaron sus propias sillas para instalarse cómodamente junto al paseo. También llevaron algo de picar para acompañar la espera. Adri Herrero, Manel Herrero, Carmen Herrero y Beli Mestre afrontaron con humor la incertidumbre del cielo. "El aperitivo del eclipse", bromeaban mientras compartían patatas y esperaban que, pese a las nubes, algo pudiera verse.

La decepción por no poder contemplarlo era evidente, pero la familia decidió quedarse junta y disfrutar igualmente del día. Para Carmen, una de las nietas, esa era precisamente la parte importante. "Hubiera estado mejor haber podido ver el eclipse, pero dentro de lo que cabe, con las patatas y la familia, tampoco se esta tan mal", contaba. Y lo resumía con una frase que acabó convirtiéndose en la mejor manera de afrontar el fracaso de las nubes: "Lo puedo ver mañana en internet. Aquí estoy con mi familia, siendo feliz comiendo chocolate".

"Se hizo de noche y luego volvió a ser de día"

Después del eclipse, la sensación entre quienes permanecieron en Gijón fue una mezcla de decepción y sorpresa. Jesús Martínez, Jorge García y Joana Cadenas lo vivieron desde la plaza del Marqués y coincidían en que, aunque no fue lo que esperaban, sí resultó "un momento especial, diferente y único". Uno de ellos comparó el cambio de luz con la sensación de entrar en una discoteca y volver a salir al día. "Fue muy guapo", resumía.

En la zona de Poniente, Ainhoa Díaz, Álvaro Álvarez y Judielis Losada compartían una sensación parecida. "Un chasco", reconocían entre risas, aunque inmediatamente encontraban el lado positivo: "Se hizo de noche, eso estuvo muy guay, porque fue de noche y luego de día". Para ellos, además, era la primera vez que vivían algo así. "Es una experiencia primera vez en la vida, que no se vuelve a repetir", decía. Ninguno de los tres se arrepentía de haber permanecido en Gijón pese al mal tiempo. "Por lo menos en compañía", apuntaban.

En La Providencia

Arturo González y Luis López llegaron desde Cáceres con dos cámaras de grandes dimensiones que despertaron alguna que otra mirada en La Providencia. "Son buenas porque son grandes", bromearon al hablar de su equipo. Habían aprovechado el viaje a Asturias para hacer coincidir el eclipse con las fiestas y, aunque el cielo terminó cubierto, mantuvieron el ánimo. López, aficionado a la fotografía, explicaba que disfruta especialmente de conservar imágenes hechas por él mismo. "Me gusta sacar fotos porque son mías, es algo único". Porque para él esa pertenencia es lo importante y no le preocupa demasiado el resultado. "Me salen fotos horribles, pero son las mías, las guardo con cariño", explicó.

Gran aficionado a la aviación, López ya había visitado Gijón en varias ocasiones para disfrutar del Festival Aéreo. Este año tuvo que escoger entre ambos acontecimientos y se decantó por el eclipse, aunque la meteorología terminó frustrando sus planes fotográficos. "Las nubes nos han fastidiado y la foto no vale para nada", lamenta. Pese a todo, al ser, como él propio se define, “una persona optimista” pudo encontrar otra forma de disfrutar del momento y llevarse una experiencia única. “Ver cómo apagan las luces ha sido increíble", concluyó

Y así, entre nubes, sillas de playa, tortillas, barcos y reuniones familiares, Gijón terminó viviendo el eclipse no tanto como el gran espectáculo astronómico que muchos habían imaginado, sino como una jornada para reencontrarse, compartir y crear un recuerdo juntos.

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