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Álvaro Lorenzo, primer triunfador de la feria taurina de Gijón, aprovecha el mejor lote de La Quinta

El torero toledano abre la Puerta Grande en una tarde donde Clemente malogra con la espada una gran faena y Ginés Marín regala su firmeza

Vídeo: Álvaro Lorenzo, primer triunfador de la feria taurina de Gijón, aprovecha el mejor lote de La Quinta

Circuitos Taurinos

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I. Peláez

I. Peláez

Gijón

1ª de Feria. Corrida de toros. Un tercio de plaza en tarde de calor. Se han liado seis toros de La Quinta, bien presentados, parejos de hechuras y juego dispar. Destacaron el bravo y encastado 4° y el 6°. Bueno y humillador el 1°, desfondado y sin raza el 5°, sin fuerza el 3° y a menos el enclasado 2°. Álvaro Lorenzo (gris oscuro y oro): Estocada trasera (oreja). Estocada desprendida -aviso- y descabello (oreja). Ginés Marín (azul oscuro): media tendida (ovación). Dos pinchazos y media estocada (silencio). Clemente (lila y oro): dos pinchazos, otro hondo y descabello (silencio). Estocada muy caída (oreja). Incidencias: Saludó Tomás Úbeda tras banderillear al 3° y se guardó un minuto de silencio por Pilar González del Valle y los aficionados taurinos fallecidos. Fernando Pérez resultó herido al salir de un par en el 5° (Parte médico: «Cornada en cara interna del glúteo derecho de 5 cm a foso isquional derecho con trayecto paralelo a la pared del recto; pronóstico grave).

Álvaro Lorenzo se convirtió en el primer triunfador de la feria de Begoña al salir a flote con el mejor lote de la corrida de La Quinta, tan bonita y hechurada como desigual de comportamiento. Dos de los tres mejores toros fueron a parar a la bolita del diestro toledano, quizas lote de cuatro orejas. Otro, el precioso sexto, para Clemente, en tarde de suerte esquiva para Ginés Marín. Tres toreros más que recuperables para las ferias y ya no tan jóvenes. Diez años de alternativa lleva cada uno a sus espaldas.

La presentación de los toros de la familia Martínez Conradi invitaba al optimismo en una temporada donde no estaban saliendo las cosas, más allá de toros sueltos. "Velonero" fue el primero, falto de fijeza de salida, pero a más en la faena de muleta. Todo lo quería por abajo, y en cuanto Álvaro Lorenzo le dio su altura repitió con entrega para dejar al diestro dibujar estimables muletazos que le valieron la primera oreja de la tarde. Otra paseó del cuarto, el más encastado del envío. Hubo ligazón, cierto empaque y estimables naturales que fueron caldeando a los tendidos. Todo fue a más con Álvaro Lorenzo y "Numantino". Amarró el triunfo con unas bernadinas sin montar la espada. El acero dejó en la meritoria labor en un trofeo –descabello mediante– y yo que me alegro de su salida a hombros.

Clemente sorteó en sexto lugar una pintura de toro. Con esas hechuras tenía que embestir. Y así fue, desde las chicuelinas al paso para llevarlo al caballo. "Polluelo" permitió al diestro francés llevarlo largo y humillado. Supo perderle un paso por el izquierdo para mantener la ligazón que tanto eco tiene en El Bibio antes de volver a la diestra y embarcar la embestida en redondo para rendir al público. El cierre por manoletinas entreabría una Puerta Grande que el acero, con una estocada demasiado baja, dejaba en una oreja. Antes, había saludado vistoso al primero de su lote, bregado por Morenito de Arles que reaparecía tras su grave "tabaco" en Bayona. Una labor de excesivo metraje para el escaso fondo del animal.

Ginés Marín, el más completo de su generación, e incomprensiblemente maltratado esta temporada, se fue de vacío. Su primero derrochó clase en el capote, especialmente por el izquierdo, dejando buen recibo a la verónica y un buen galleo por tapatías, pero el de La Quinta se vino muy abajo en la faena de muleta cuando el torero acertó a ponerse al natural. Ya era tarde. ¡Ay de ese segundo puyazo incomprensible! El toro había echado la persiana. El quinto, que hirió a Fernando Pérez en banderillas –providencial quite de su compañero Víctor del Pozo con los palos– se echó varias veces por su falta de casta. Ginés Marín, con la montera calada, tardó en asumir que no había causa.

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