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Amigos, familias y peñas encuentran en los toros de El Bibio un punto de unión para la emoción y el reencuentro

«Ver los toros es poder compartir con gente desconocida una misma emoción al mismo tiempo», confiesan los aficionados

Por la izquierda, Dimas González, junto a su grupo de amigos

Por la izquierda, Dimas González, junto a su grupo de amigos / Ángel González

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María Velasco

Gijón

«Sentir que a todo el mundo le gustan los toros, todos gritando lo mismo y a la vez tú lo entiendes, es increible sentir lo mismo que esa gente». Así resume Marta Redondo una de las sensaciones que más le apasionan al ver las corridas de toros. Ella y sus tres amigas, todas gijonesas, repiten por segundo año y quieren convertir esta cita en una tradición, que esperan que dure muchos años.

Carlota Fernández cuenta que el plan no empieza solamente en la plaza: «Tomamos algo antes en el bar `tendido´ y después verlo juntas, nos encanta». Tras la corrida, tocará seguir la jornada con los fuegos artificales por el día de Begoña, en la semana grande.

Por la izquierda, Elvira Rodríguez, Carlota Fernández, Paula Antón y Marta Redondo;

Por la izquierda, Elvira Rodríguez, Carlota Fernández, Paula Antón y Marta Redondo; / M. V.

Ese ambiente compartido también es lo que más valora Marion Sableaux, que ha viajado desde Francia junto a sus dos hijos. «Somos de Francia, pero no es la primera vez que venimos, nos gusta mucho Gijón, nos gusta mucho Asturias, esta feria y los toros», explicó. Para el pequeño Clement era su primera vez en El Bibio, pero aseguró no estar nada nervioso. Marion destaca la música, la belleza del animal y la emoción de la tarde: «Me emociona mucho ver animales tan primitivos, tan antiguos, tan bellos». Sobre todo, se queda con una sensación: «Es poder compartir con gente totalmente desconocida una emoción al mismo tiempo» y vivir una experiencia en la que «nunca sabes lo que va a pasar, hay una tensión increíble», confesó con mucha emoción.

Por la izquierda, Clement y Marion Sableaux y Elena Jiménez Sableaux.

Por la izquierda, Clement y Marion Sableaux y Elena Jiménez Sableaux. / M. V.

Para la peña el Puyazu, la relación con los toros se resume en dos palabras: «Es una tradición, es una pasión», afirma Agustín Moure. La peña no entiende la Semana Grande sin pasar varios días en El Bibio, una plaza que considera «histórica y con una afición seria». Además de la corrida, destacó el reencuentro con amigos: «Abrazarnos, merendar juntos, tomar el aperitivo y después comentar, hacer la tertulia, al final estos días forman parte de un todo».

El rejoneador y apoderado de Duarte Fernandes, Manuel Manzanares, a la izquierda, ayer, siguiendo la actuación de su poderdante.

El rejoneador y apoderado de Duarte Fernandes, Manuel Manzanares, a la izquierda, ayer, siguiendo la actuación de su poderdante. / Ángel González

También desde los palcos, Dimas González disfruta de la tarde acompañado de su grupo de amigos. «Estar en el palco hace realidad poder juntar este grupo de amigos en el mismo sitio», explicó. Y, por encima de todo, se queda con una sensación que resume la tarde para muchos aficionados: «Sentir el toro y oírlo es lo que más gusta».

Por la izquierda, Ramón Hevia, Agustín Moure, Elena Quevedo, Cristina Guadarrama, Carlos Buján, Esther Calles, Javier Argüelles, Alfonso Fuertes, ayer, en los alrededores de la plaza.

Por la izquierda, Ramón Hevia, Agustín Moure, Elena Quevedo, Cristina Guadarrama, Carlos Buján, Esther Calles, Javier Argüelles, Alfonso Fuertes, ayer, en los alrededores de la plaza. / M. V.

Amigas, familias, peñas y grupos de amigos volvieron a encontrarse ayer en El Bibio. Diferentes formas de vivir una misma tarde en la que los toros son el punto de partida, pero donde el ambiente, los reencuentros y las emociones compartidas siguen siendo una parte esencial de la fiesta.

A la izquierda, Marga García y Ana Rodríguez, con sus nuevos trastrillos en El Bibio.

A la izquierda, Marga García y Ana Rodríguez, con sus nuevos trastrillos en El Bibio. / Ángel González

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