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Mimos, trenzas y lazos lacados: expectación en El Bibio por los preparativos de los caballos de rejoneo

Alma Corral, una de las cuidadoras de los caballos, asegura que "muchos cambian su carácter radical antes de salir al ruedo"

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María Velasco

Gijón

En el patio de caballos de El Bibio, el espectáculo comienza mucho antes de que los rejoneadores salgan al ruedo. Desde primera hora de la mañana los caballos son duchados, peinados, trenzados y decorados para dejarlos listos para la tarde.

Una preparación que atrae a quienes se acercan a observar el ritual y que forma parte de un trabajo que sus responsables realizan durante todo el año. Aitana Palacios lleva acercándose desde pequeña y asegura que "es una tradición venir a verlos".

De entre todos los detalles, su amigo Pelayo Nebot se fija en "toda la atención que le prestan, cómo los lavan, cómo los peinan, cómo está la gente pendiente a ellos". Para los mozos de cuadra, detrás de esas trenzas pulidas y adornos hay horas de trabajo.

Pepín Marín explica que su labor consiste principalmente en "tener todo preparado para cuando llegue el torero, que estén los caballos listos" y atenderlos para que no les falte de nada. "Estamos todo el día, desde por la mañana hasta la hora de corrida, haciendo una cosa u otra, pero preparándolos a todos", cuenta. Uno de ellos es Generoso, al que Marín en ese momento trenza y decora. "Cada caballo, más o menos según su físico, lleva distintos adornos" y, en su caso, al ser un ejemplar cruzado que se utiliza para la tercera salida, lleva un estilo más vaquero, con "las castañetas que se le suele hacer a los caballos de campo".

Por su parte, Alma Corral Álvarez explica que la jornada comienza temprano: "Llegamos por la mañana sobre las 7-8 de la mañana y empezamos a duchar a los animales, a prepararlos y ya nos ponemos con el tema de trenzado". Preparar la crin y la cola puede llevar "unos 45 minutos" por equino. El comportamiento de estos animales cambia cuando saben que van a una corrida. "Muchos modifican su carácter radical; cuando están en la finca son unos y cuando vienen aquí son otros. Saben lo que van a hacer, se meten en su papel al final", cuenta Corral Álvarez.

Por su parte, Marín también explica que algunos "se ponen guerreros y nerviosos cuando se acerca la hora de la corrida", aunque "estos caballos están entrenados para eso". Julián Reyes se ocupaba de que los adornos aguanten durante la actuación. Cuenta un truco: "Le ponemos laca a los lazos para que a la hora de torear no estén deformados".

David de Bornos, que estuvo vinculado al rejoneo y que ayer se pasó por El Bibio temprano, destaca "la calidad de los caballos que hay ahora", un nivel que considera "impensable" en su época y que se ha alcanzado "a base de esfuerzo y trabajo".

La mayoría son caballos lusitanos o cruzados con árabe o hispanoárabe, con "genética de caballos toreros". Sobre la presión de la corrida, asegura: "Ellos están capacitados y preparados, no sufren, porque entrenan todos los días para ello".

José Yaque y su familia también acuden cada año a las previas antes de asistir a la corrida: "Nos encanta lo bonitos que son y cómo les peinan". La hija, Paula, comparte afición: "A mí me encanta la hípica porque yo monto a caballo desde los once años".

Para quienes trabajan con estos animales tan especiales, los mimos no se limitan a los días de feria. "Se cuidan igual los 365 días del año, siempre están atendidos", resume Marín. Así, antes de que llegue el momento del ruedo, en El Bibio, ya se ha vivido otro espectáculo.

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