Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Morante y Pablo Aguado reescriben la historia de El Bibio

Una tarde para el recuerdo y con la plaza llena

Vídeo: Morante y Pablo Aguado reescriben la historia de El Bibio

Marcos León

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
I. Peláez

I. Peláez

3ª de Feria

Corrida de toros. Lleno en tarde lluviosa. Se han liado seis toros de Núñez del Cuvillo (el 1° como sobrero), desiguales de presentación. Destacó el gran 3° dentro de un encierro con clase y nobleza que por momentos pecó de falta de raza. Morante de la Puebla (nazareno y azabache): estocada (dos orejas). Pinchazo y media estocada (ovación con saludos). José María Manzanares (azul noche y oro): pinchazo, estocada -aviso- y descabello (ovación con saludos). Pinchazo hondo y dos descabellos (ovación). Pablo Aguado (frambuesa y oro): Estocada (dos orejas). Estocada atravesada y descabello (oreja). Incidencias: Saludaron Iván García y Francisco Javier Sánchez Araújo tras banderillear al sexto.

Era el día de Begoña de 2026. Llovía de forma intermitente. La plaza estaba llena, rozando el "no hay billetes". La expectación era máxima y ya desde el paseíllo coreaban el nombre de José Antonio. Me recordó mi amigo Javier Prieto la parábola de Moisés abriendo los mares. Salió el primero bis -se devolvió el primero por falta de fuerza- y parecían abrirse los cielos. Un silencio solemne roto solo por olés cuando Morante se estiró a la verónica. Cuatro y una media fueron el preámbulo por lo que iba suceder. Aquella tarde en que el genio de la Puebla y Pablo Aguado reescribieron la historia de El Bibio con la naturalidad de quien pasea una mañana aprovechando la bajamar de San Lorenzo. Joder, cómo estuvieron. El que los tenga se lo contará a sus nietos.

La inspiración de Morante, aún con la mano derecha vendada tras la cornada hace unas semanas en Palma, se palpaba en el ambiente. Fue balsámica la lidia de Fernando del Toro al primero de la tarde, bastito de salida, que se vino arriba lo justo en banderillas para que Morante viese su fondo enclasado. Eso y que le vale todo, como demostraría luego en el cuarto. Los ayudados por alto, con el mentón hundido, la figura perfecta, fueron el aperitivo antes de sacarse el toro a los medios. El sitio idóneo, la altura exacta, la verdad absoluta en cada cite. Le bordeaba el toro como al canto de una puerta, una frase del propio Morante ya inmortalizada por Vicente Zabala en su libro. La profundidad marcó cada natural, la cadencia cada derechazo y la gracia cada remate. Lo cuajó por cada pitón antes de ir cerrando a su oponente, ya de vuelta a las rayas de picar, para ayudarle en sus últimas embestidas. Faltaba otro canto al volapié, como aquel 12 de octubre en Las Ventas que aún resuena en la memoria y anuda el estómago. El toro patas arriba, el público en pie, los pañuelos en los tendidos, las dos orejas, Pilar gozándolo desde el cielo al ver a un hombre sonriente, que tiene en el ruedo su mejor medicina.

Otro monumento al toreo lo levantó en el cuarto, más tardo, menos agradecido. Sin moverse, con las zapatillas clavadas, pegado a tablas. Casi nada. Ofreciendo el pecho, con la figura erguida, le citó por el izquierdo, una cumbre al natural tirando de la embestida de su complejo enemigo. No regaló nada. Con la diestra llegó la sublimación del toreo en redondo. Cada remate resultaba toreo caro, cada cambio de mano una escultura. De fondo, “Caridad del Guadalquivir”. ¡Qué manera de embarcar la embestida! Expuso una barbaridad quizás no del todo entendida porque no se escuchó ni un “ay”. Es lo que pasa con la naturalidad en tiempos de “don tancredos”. Un pinchazo y una media dejaron la obra en ovación. Qué más dará ya.

A la oda al toreo se sumó un Pablo Aguado en estado de gracia. No pude verle en el Puerto, pero no lo cambio por El Bibio. Salió el tercero, con menos plaza que el resto de sus hermanos, pero con más clase y profundidad que media cabaña brava. Demostró Aguado que son posibles las chicuelinas si pegar trallazos -ya están avisados para la tarde de este domingo- y de hinojos comenzó la faena tras el soberbio tercio de banderillas que obligó a saludar a Iván García y a Araújo. Volvió la lluvia y también la magia en la muleta de Aguado. Un temple exquisito y otra gran dosis de naturalidad. Citó con el cartucho de pescado desplegando una galería de arte. Inmensidad al natural. Hay quien se pegunta si el cuarto natural de la primera tanda a izquierdas llegó a terminar. Vaciando la embestida, siempre hasta el final, la sinfonía perfecta. Los pases de pecho a la hombrera contraria, las trincherillas al cielo y el trincherazo final tras el epílogo por manoletinas para la memoria colectiva. Espadazo, dos orejas. ¡Qué barbaridad de toreo! ¿Por qué no se pidió el rabo? Hoy Gijón se puso cicatero…

Hubo más en el sexto. Un saludo a la verónica, un galleo por chicuelinas, una media de la casa y hasta un quite por tafalleras a un toro con la cara alta. Una sinfonía de toreo de capa a la que sumó Iván García con una brega exacta. Tenía menos fondo el sexto de Cuvillo, dentro de una corrida con opciones. ¿Quién dijo que Aguado no se arremanga? Logró meterlo en la muleta, echándole la muleta por delante para volver a regalar a los tendidos nuevas dosis de pureza. Fue el toro agradecido y la obra estaba hecha. Pese al fallo con los aceros llegó otra oreja de un público entusiasmado. Sí, soy Aguadista.

Solo la espada -¡qué cosas!- privó a Manzanares de salir a hombros. Las tuvo cortadas al colorado segundo, tan noble como blando que obligó a llevarle siempre a media altura. La patita retrasada nada tenía que ver con la condición del toro. Pese a todo, se metió al público en el bolsillo y una decepción común llegó a los tendidos cuando pinchó en la suerte de recibir. También se quedó sin premio en el quinto. Más deslucido. Logró al final sacar muletazos estimables, tirando de oficio para que su paso por Gijón no naufragase, pero volvió de nuevo a errar con la tizona en una tarde que llevaba otro sello muy distinto. El de la pureza y la verdad. ¿Qué tendrá Sevilla? Este domingo le preguntamos a Juan Ortega.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents