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Yolanda Trabanco, Grandes de Semana Grande: "La sidra tiene que seguir siendo accesible para todo el mundo"

"Veo la vida con las mismas gafas que mi padre, todo lo aprendí de él; siempre queremos mejorar pero cuidando los valores de estos cien años"

Yolanda Trabanco, en el negocio familiar de Lavandera.

Yolanda Trabanco, en el negocio familiar de Lavandera. / Juan Plaza

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I. Peláez

I. Peláez

Gijón

Desde la parroquia de Lavandera, Yolanda Trabanco Olmo (Gijón, 1981), vicepresidenta segunda de la Cámara de Comercio de Gijón, lleva las riendas de Sidra Trabanco, un negocio que combina la tradición en la innovación.

"La gran manzana" es el título del documental que describe la historia de Sidra Trabanco. ¿Hay más gente en Nueva York o un 14 de agosto en Gijón?

Aquí en Gijón (risas). Al final, allí sí es verdad que hay gente por todas las esquinas a todas horas, pero luego esas concentraciones tan concretas, como un día grande en Gijón, no es tan fácil.

¿Cómo lleva ver al turista dejar reposar la sidra "sine die"?

Pues mire, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de la gente, que vive esto con un sentimiento patrio donde alterar el orden normal de la sidra es casi ofensivo, los que nos dedicamos a esto lo vemos con orgullo. Porque que una persona de fuera, bien sea turista, bien viva en la otra parte del mundo, se esfuerce en intentar beber la sidra como nosotros, aun sin saber escanciar y dejándolo reposar, y disfrutándola… A mí eso me parece de un valor tremendo.

Fueron pioneros en la exportación de sidra.

Cada vez empieza a ser algo menos exótico, tanto fuera de España como fuera de Asturias. Fuera de España no se conoce tanto el producto. No somos ni vino ni cerveza, que es un poco los grandes referentes que tienen. Estamos un poco en medio de las dos cosas por la graduación alcohólica y por el tipo de servicio. Fuera vamos más enfocados a restaurantes muy gastronómicos que buscan algo muy diferente y con mucha historia detrás. Fuera de Asturias ya somos una bebida más normalizada. Es muy buena noticia.

¿Sigue siendo muy barata?

La sidra tiene que seguir siendo accesible para todo el mundo. Todo el mundo tiene que poder tomar una botellina al salir de trabajar, o dos o tres (risas). Pero debe ser rentable para toda la cadena, desde la plantación en la pomarada hasta la tiendina. Y estamos muy justo, hasta el punto de estar en riesgo. Es que la vida ha subido muchísimo. Por no hablar de una guerra que de pronto te deja sin suministros…

¿Los pitorros y escanciadores ya son imprescindibles?

Aquí nos opusimos durante muchísimos años, pero vimos que había un público que sí lo reclama. Somos unos grandes defensores del escanciado y de mantener la cultura sidrera y es una gran pérdida, pero el hostelero se ve en la necesidad de herramientas para cubrir el servicio. No siempre puedes llegar.

¿A un hostelero le da tiempo a disfrutar la Semana Grande?

Sí, hombre, que yo soy muy disfrutona (risas). Hay mucho trabajo y encima con una niña pequeña, que es la que manda, pues se complica. No podría pasar sin ir a la Feria o sin cenar en una terracina en Cimavilla para ver el ambiente, comer un helado, ver los Fuegos. Hay cosas que si no haces, te pasa el año sin enterarte.

¿Qué le presta más de la Feria?

Que, aunque vas con la sensación de que todos los años es lo mismo no es así, siempre hay alguna novedad. También encontrarte con la gente. Y si no como un bocadillín de criollo del Cuco es como si no fuese.

¿El mar lo cura todo?

Pues sí. Dar un paseín por el Muro… es una oportunidad de calmar, de coger aire y relacionarte. Tenemos una grandísima suerte con ese paseo. Aunque el agua está fría y me baño poco (risas).

¿Fría? Si hay hasta medusas…

Valdrá para las medusas (risas) pero yo soy muy friolera. Tiene que hacer mucho, pero mucho calor para que yo me bañe.

¿Marca ser hija de Samuel Trabanco?

Todo lo que sé lo aprendí de él. Soy muy parecida a él y veo la vida con sus mismas gafas. Interioricé la pasión con la que hace las cosas. Si no vas a hacer bien las cosas es mejor no hacerlas. Siempre que hay oportunidades soy incapaz de mirar hacia otro lado. También tenemos la mirada tierna, familiar, de cuidar al entorno… Mejorar siempre, pero cuidando los valores que nos han traído hasta aquí y nos han sustentado estos cien años.

¿Va a los toros?

Me gusta el ambiente, el arte del toreo y la música que le acompaña. La solemnidad. Pero me da una pena enorme de los animales y he dejado de ir porque sufro más de lo que disfruto. Comprendo las dos partes, lo ideal sería encontrar un punto intermedio en el que animal no sufriese. Pero creo que sería importante no perderlo.

¿Qué necesita la zona rural?

Hay grandes carencias. La primera, las comunicaciones. Dependo del wifi o la red móvil. Tengo problemas a diario. También las comunicaciones para poder moverse. El problema del coche sigue ahora, igual que cuando era niña. La recogida de basuras… hay muchas cosas que te hacen sentirse excluido, casi ciudadano de segunda.

Dígame el menú perfecto para el día de Begoña. Maridando con sidra, claro.

Comer bien (Risas). Ahora en verano hay que ir al producto de temporada. Bonito, tomate o esos calamares fritos. O picar un choricín en cualquier terraza. Sea como sea, siempre acompañado de la gente con la que te apetezca compartir ese momento.

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