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Una historia antigua para un problema actual: "Sótano B" lleva la historia de Lucrecia a la Laboral

La compañía invita a reflexionar sobre el juicio social que sufren las mujeres víctimas de violación

Vídeo: La obra "El caso Lucrecia" se ensaya en la Laboral

VÍDEO: María Velasco FOTO: Luisma Murias

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María Velasco

Gijón

El escenario se convierte en un lugar para hacerse preguntas y eso es lo que busca "El caso Lucrecia", el nuevo montaje de la compañía Sótano B, que traslada al presente la historia de Lucrecia para hablar de una cuestión que, siglos después, continúa vigente: la necesidad de demostrar que una víctima es lo suficientemente víctima para ser creída. La obra, dirigida y escrita por Sandro Cordero y protagonizada por Ici Díaz y Cristina Lorenzo , se estrenará el próximo 23 de septiembre en La Felguera. "Nosotros no damos ni lecciones ni queremos resolver este enigma", explica Lorenzo, que interpreta a Lucrecia junto a la otra actriz del montaje.

La propuesta no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino enfrentar al espectador a preguntas sobre la violencia, la credibilidad y el juicio social. "Esta obra va sobre el juicio social", resume la actriz. Para el director, el foco no está tanto en quien comete la agresión sino en lo que ocurre después con quien la sufre. "El culpable no nos interesa, no nos importa si le caen tantos años. Nos importa ella, qué le va a pasar a ella", señala.

La obra ofrece una mirada que lleva la historia de la antigua Roma hasta 2026 para cuestionar si todavía se exige a las víctimas una determinada imagen para creerlas. Lucrecia fue violada por Sexto Tarquino, hijo del rey, y se suicidó tras contar la agresión. "Parece que si no hay una violencia explícita, una violencia clara, la credibilidad no es la misma", apunta Lorenzo. La actriz reconoce que el tema conecta directamente con experiencias cercanas: "Lo que todas sentimos alguna vez es dudar si lo que te está pasando, aunque sea muy leve, es real o es cosa tuya, y ahí está el miedo a contarlo". "El juicio social sigue existiendo y siendo víctima es terrorifico", añade.

Uno de los grandes retos del montaje ha sido precisamente encontrar la forma de hablar de una cuestión tan compleja sin convertirla en un discurso. "El reto más complicado ha sido condensar toda la información en un texto", explica Cordero.

La obra busca transmitir que ninguna víctima debería tener que demostrar un determinado grado de sufrimiento y pone el foco en el juicio social al que se enfrentan. Entre las escenas más exigentes se encuentra la de la violación. El director adelanta que se ha trabajado desde la contención. "No hay desnudo, tú vas a ver una violación sin ver nada", expone. El objetivo, asegura, era evitar cualquier elemento que desviase la atención del espectador. "No quiero distracciones, quiero que miren lo que estamos contando", afirma entusiasmado.

Después de semanas de trabajo y alrededor de 42 ensayos, el equipo afronta ahora una pausa antes de regresar para preparar el estreno. Cristina Lorenzo resume la satisfacción de poner en pie un proyecto que nació de una inquietud compartida con Cordero y que ahora toma forma sobre el escenario.

El objetivo final está en lo que ocurra al otro lado del telón. "Espero que cuando salgan del teatro salgan mejor de lo que entraron", asegura Cordero. Y añade que "si no salen mejores, al menos sí diferentes, con algo que no se habían planteado antes de entrar a ver la función". Porque El caso Lucrecia no busca cerrar el debate, sino conseguir que, cuando se enciendan las luces, algo haya cambiado en quien estaba sentado en las butacas.

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