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Fallece a los 90 años el sacerdote Faustino Vilabrille, impulsor del cooperativismo rural en el occidente asturiano, misionero y luchador por la justicia social

Hasta hace pocos meses seguía manteniendo una red informativa con destinatarios en toda Asturias que él llamaba sus "cooperantes en la lucha por un mundo mejor para todos"

Faustino Vilabrille, en Guatemala.

Faustino Vilabrille, en Guatemala.

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A. Rubiera

A. Rubiera

Gijón

El sacerdote Faustino Vilabrille (Fonsagrada, Lugo, 1936), que estuvo al frente de parroquias de varios puntos de Asturias, impulsor del cooperativismo rural y vecinal y hombre siempre pendiente de los más desfavorecidos del mundo, ha fallecido este jueves a los 90 años.

Vilabrille deja un testimonio de fe tan grande como su compromiso con los más necesitados. Y con todas las causas justas, de responsabilidad y de participación ciudadana por las que se desvivió en cada momento. Ejercer el sacerdocio, a la vez que impulsar primero la cooperativa de Trevías -que montó sus instalaciones en el huerto de la casa rectoral, con el beneplácito del obispo Díaz Merchán- y luego de la gran cooperativa Agrovaldés, de la que fue gerente desde su arranque y durante más de 20 años, fue uno de esos ejemplos de vida. Pero también lo fue que ya jubilado, y hasta hace pocos meses, sostuviera con perseverancia una red informativa solidaria de "cooperantes en la lucha por un mundo mejor para todos", como él los definía.

Pastoral Penitenciaria

Una red con destinatarios por toda Asturias a la que Villabrille, vinculado a las Comunidades de Cristianos de Base de Gijón, al Foro de Cristianos Gaspar García Laviana y a la Asociación de Familiares y Amigos de la unidad Terapéutica y Educativa del Centro Penitenciario de Asturias -integró la Pastoral Penitenciaria del Centro de Villabona durante décadas- alimentaba con la publicación de un boletín periódico desde donde promovía la reflexión sobre los retos más actuales de los cristianos. Ya fuera interpretando los desmanes de Trump, las necesidades medioambientales o la presencia y el poder de la mujer en la Iglesia, uno de sus temas recurrentes.

De hecho, sus dotes para escribir y transmitir por todos los canales sus mensajes de fraternidad y justicia le llevaron a tener colaboración en medios nacionales de comunicación sobre religión. En uno de ellos tenía el blog más veterano de la publicación y su última entrada fue el 9 de agosto. En ella, de nuevo, hace crítica sobre la "gran marginación de la mujer en la Iglesia", reclamando que "no se posponga por más tiempo la reforma sobre su modelo de gobierno. El actual representa una concepción excluyente del poder, reservada en exclusiva a varones, célibes y ordenados; un poder que resulta extremadamente vertical, piramidal, centralista, elitista y gerontocrático", dice.

Faustino César Vilabrille sintió desde muy joven la necesidad de ayudar a los demás. Estudió en el Seminario de Oviedo y fue destinado como coadjutor a la parroquia de San Nicolás de Bari (Avilés) en los años 60, donde llevó a cabo un gran trabajo con jóvenes. Pasó luego a la parroquia de Trevías (allí llegó en 1964) y fue cuando de involucró de lleno en proveer de servicios y llegar el progreso a los pueblos de la zona. "En los años 70 el mundo del campo estaba abandonado totalmente y los curas casi hacíamos labor de asistentes sociales en los pueblos", recuerda José Antonio Noval, misionero y sacerdote que coincidió durante muchos años con Vilabrille en el occidente asturiano.

El gerente con mono verde que destripaba ordenadores

Para Vilabrille, recuerda Noval "lo fundamental era el trabajo comunitario, su intento siempre de aglutinar a la gente y emprender con ellos caminos nuevos. Había tanto abandono y tanto por hacer, que empezabas con las carreteras o la traída del agua y seguimos con el florecimiento de las cooperativas". Se empezó por lo básico, como "las compras en común para abaratar costes" y se siguió creando una cooperativa de cooperativas, que fue Agrovaldés, que llegó a ser una de las más importantes de Asturias.

"Pusieron de gerente a Faustino y aquello no era cosa menor. Había servicio de carnicería, de pescadería, de gasolinera, de elaboración de piensos, de compra de semillas, de veterinaria...", rememora José Antonio Noval, al que le viene a la mente que "lo mismo un día te encontrabas a Faustino vestido de mono verde, lleno de polvo, cargando sacos, que llevando la gestión al ordenador o reparando alguno de los que se le estropeaban. Era un manitas y echaba la mano a todo".

Ya jubilado tuvo la oportunidad de aplicar esa experiencia cooperativista en Guatemala, a donde llegó de la mano de Cáritas y de la ONG Servicio Ecuménico para la Formación Cristiana en Sudamérica, ayudando a la incorporación de mejoras en comunidades indígenas, ya que para él "el cooperativismo es la fórmula que tiene más futuro en el campo; es equilibrio, es democracia interna; es un sistema ideal para producir y vender respetando la naturaleza, ejerciendo un control sobre el consumo de recursos, que hoy en día resulta excesivo en el planeta", decía en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA. Otras misiones también le llevaron a África.

Dulce de manzana y llagar en Guatemala

De esa estancia y colaboración en Guatemala Vilabrille salió con una gran experiencia que, seguro, también marcó a los indígenas. Gracias a unos misioneros asturianos que décadas antes les habían enseñado a cultivar el manzano, Vilabrille exploró con ellos la posibilidad de que empezasen a vender dulce e incluso les dejó hecho el diseño de un pequeño lagar aunque, confesaba, se quedó con pena "por no haber podido darles un cursillo de poda y cultivo del manzano".

"Fue un sacerdote abierto a toda la problemática del mundo. A toda la humanidad. Le interesaba la situación de la mujer, la ecología, la justicia social. De una personalidad amplísima y siempre con una mentalidad abierta, moderna y de futuro", describe José Antonio Noval.

A Gijón llegó destinado cuando se jubiló del campo, integrándose como vicaro de la parroquia de San Melchor del Cerillero y estableciendo una relación especial con la capilla de Veriña. El actual párroco, Antonio Nistal, que coincidió con Vilabrille en los últimos diez años, destaca que "fue un gran compañero y gran sacerdote. Un hombre de oración y extraordinariamente coherente, que vivía lo que predicaba, sobre todo la austeridad y siempre pensando en los empobrecidos del mundo y los que tenían menos que él. Y que hasta el último momento que puedo estuvo activo".

Los restos mortales de Faustino César Vilabrille Linares descansan en el tanatorio de Cabueñes. La iglesia parroquial de San Antonio de Padua, de los padres Capuchinos, acogerá su funeral este sábado, día 22, a la una de la tarde. Todos los que le conocieron recordaban ayer su lucha constante "por el reino de Dios en este mundo". Como él mismo le escribió a su gran amigo, y líder vecinal de La Calzada, Manuel Hevia Carriles, tras su fallecimiento, "creyo y luchó, convencido de que otro mundo es posible, donde habiten la fraternidad, el amor, la paz y el compromiso de todos los seres humanos consigo mismos y con toda la creación". Lo mismo hizo Vilabrille.

Sacerdote, inspector de formación y voluntario

Faustino César Vilabrille Linares era natural de San Andrés de Logares (Burón, Lugo).

Nació en el año 1936 y fue ordenado presbítero en 1962. Su primer encargo pastoral fue como Coadjutor de San Nicolás de Avilés, donde permaneció hasta 1964, año en el que también fue Regente de San Juan de Muñás (Luarca). Desde entonces hasta 1970 fue Regente de San Miguel de Trevías, también en Luarca y posteriormente, hasta 1981, Ecónomo de la misma.

Entre los años 1972 a 1981 trabajó como Inspector de Formación Religiosa de EGB en la Vicaría de Occidente.

Desde el año 1982 era Coadjutor de San Melchor de El Cerillero, en Gijón.

Desarrolló, a lo largo de su vida, una intensa labor en el ámbito de la Pastoral Penitenciaria y de las Misiones.

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