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Juan Antonio Martínez Camino llega a Gijón para una misa y conferencia: “Los mártires del siglo XX son estrellas de perdón y de paz”

El obispo auxiliar de Madrid ofrece este viernes en la Iglesia de San Pedro una conferencia por el 90.º aniversario del martirio de miles de católicos españoles

Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid

Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid / M. F.

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Juan Antonio Martínez Camino (Siero, 1953), el obispo auxiliar de Madrid, estará este viernes a las 20.00 horas en Gijón para ofrecer en la iglesia de San Pedro la conferencia “La sin razón histórica y la razón teológica de los mártires del siglo XX”, coincidiendo con el 90.º aniversario del martirio de la mayoría de los mártires españoles del siglo XX. Al día siguiente, a las 19.00 horas, participará en una misa en el mismo templo junto al cardenal Antonio María Rouco Varela. Participará además la próxima semana, del 26 al 28 de agosto, en Covadonga en unas jornadas de estudio y de culto bajo el título de “San Pedro Poveda y los mártires del siglo XX”, que reunirán a especialistas de Roma y de distintos puntos de España.

¿Qué quiere trasladar con su conferencia sobre los mártires del siglo XX y por qué considera importante recuperar hoy la memoria de estas personas?

Queremos poner de relieve cuál fue la magnitud de la persecución del siglo XX en toda Europa y en España. La Iglesia mantiene la memoria de los mártires porque a finales de este año serán 2.415 los santos y beatos mártires del siglo XX en España reconocidos canónicamente. La memoria litúrgica se celebra cada año el 6 de noviembre y queremos extender un poco a la opinión pública la importancia de la celebración de estos santos y beatos mártires. En el siglo XX ha habido más mártires cristianos que en toda la historia de la Iglesia anterior junta. ¿Por qué? Porque ha sido también el siglo de las víctimas. Centenares de millones de personas fueron víctimas de la violencia en las guerras más atroces de la historia, en los campos de la muerte, en los gulags y en los campos de exterminio, tanto en la Unión Soviética como en la Europa nazi.

¿Qué personajes o historias concretas abordará en la conferencia y qué cree que pueden aportar sus testimonios?

La conferencia no se refiere solo ni principalmente a los martirios sucedidos en España, sino al siglo XX en general, porque sin conocer lo ocurrido en Europa y en el mundo no se entiende bien lo que pasó en España. Entre los personajes que mencionaré está San Pedro Poveda, que fue canónigo de Covadonga y que llegó allí en 1906, con 31 años. Él encabeza la memoria anual de todos los santos y beatos mártires del siglo XX en España. También San Inocencio de la Inmaculada, un padre pasionista de la comunidad de Mieres que atendía espiritualmente a los hermanos de La Salle y a los alumnos de la escuela de Turón. Fue martirizado junto a ellos. También hay historias muy cercanas a Gijón. En la playa de San Lorenzo fueron juzgados y asesinados sacerdotes durante la persecución. Uno de ellos fue Lázaro San Martín Camino, párroco de Villares y sacerdote de Piloña. A uno de los testigos de su martirio lo dejaron en el camión y pudo ver cómo mataban al sacerdote, que tenía 64 años y llevaba 40 de cura. Cuando el hombre que iba a dispararle levantó la mano para bendecirle, el sacerdote lo bendijo y lo perdonó.

¿Qué características tuvo la persecución religiosa que sufrieron los católicos en España durante el siglo XX?

La persecución del siglo XX en España comenzó en 1931. La Constitución de ese año ya tenía aspectos persecutorios. En 1932 se prohibió la presencia de los jesuitas en España, se les incautaron sus bienes y no podían seguir viviendo en el país. En 1933 se prohibió a los religiosos y religiosas la enseñanza y se incautaron muchos de sus bienes. Esa fue la persecución legal entre 1931 y 1933. En 1934 comenzó la persecución sangrienta, con el asesinato de católicos destacados, entre ellos los mártires de Turón y los seminaristas de Oviedo. En 1934 hubo 39 mártires católicos en España. Después, en 1936, con ocasión del levantamiento militar, se reanudó la violencia con una fuerza feroz. Desde julio hasta diciembre de ese año fueron asesinados la mayoría de los aproximadamente 10.000 mártires de España del siglo XX. Las características fueron una violencia extrema y un ensañamiento con víctimas inermes y religiosas. Las primeras religiosas beatificadas fueron tres monjas carmelitas descalzas de Guadalajara. Ya huían del convento cuando fueron identificadas como monjas y tiroteadas en la calle.

¿Qué dimensión tuvo aquella persecución en comparación con la del resto de Europa?

En España hablamos de unos 10.000 mártires católicos en el siglo XX. Pero en la Unión Soviética fueron martirizados unos 200.000 clérigos, entre ellos 250 obispos y decenas de miles de sacerdotes, diáconos, monjes y monjas ortodoxos rusos. Sobre todo en 1937. La Iglesia ortodoxa rusa es la Iglesia mártir por antonomasia del siglo XX. En números relativos, Albania fue probablemente el caso más sangriento. Era un país pequeño y, durante el comunismo, todos los sacerdotes católicos fueron encarcelados y solo uno de cada tres salió con vida. Los mártires españoles forman parte de ese gran ejército de mártires del siglo XX en toda Europa y en todo el mundo.

Más allá de las cifras de mártires, ¿qué historias personales ayudan mejor a comprender lo que supuso aquella persecución?

La historia de San Pedro Poveda y la de los mártires de Oviedo son importantes. También hay casos como el de Juan Huguet, un joven sacerdote de Menorca que llevaba solo un mes de cura. Unos revolucionarios lo llevaron al Ayuntamiento y le pidieron que se quitara la sotana. Después cayó al suelo un crucifijo que llevaba en el bolsillo y le exigieron que lo pisara. Él respondió: “No, el crucifijo no lo voy a pisar”. Le dijeron que lo matarían y contestó: “Pues yo el crucifijo lo voy a besar, pero no lo voy a pisar”. Le dispararon dos tiros en la cabeza. Tenía 23 años. Un mes antes de que lo mataran había sacado de su bolsillo una estampa de un mártir mexicano, el beato Agustín Pro, y le había dicho a su madre que ya tenía un hijo sacerdote y que quizá no le gustaría que fuera mártir como el padre Pro. Era un ambiente terrible, pero no hubo ninguno que renunciara a la fe. Todos prefirieron morir. Eso es lo que nos dan como ejemplo: el amor a la fe, la fortaleza y la confianza en que la fe vale más que la vida.

¿Considera que existe hoy suficiente conocimiento sobre aquellos mártires?

Es una parte prácticamente ignorada de la historia reciente de España, lamentablemente. Incluso en los ámbitos católicos se conocen más algunos mártires extranjeros, como Santa Teresa Benedicta de la Cruz o San Maximiliano María Kolbe, asesinados por los nazis en Auschwitz. Todavía necesitamos una labor de divulgación y de veneración que está pendiente. A eso quiere contribuir también la conferencia en San Pedro y la misa del sábado.

¿Por qué considera importante mantener viva esa memoria?

Porque ellos son, en este mundo oscuro de violencia y de odio, como estrellas de perdón y de reconciliación. Hubo un filósofo francés, Vladimir Jankélévitch, que dijo que el perdón había muerto en los campos de la muerte del siglo XX. Es comprensible que pensara eso, porque los crímenes fueron horribles y de los peores de la historia. Pero no es verdad. Precisamente en esos campos, los mártires cristianos murieron perdonando a sus verdugos, como el Salvador en la cruz del Calvario. Por eso los mártires del siglo XX son estrellas de perdón y de paz. Mirándolos podemos esperar un futuro mejor para la humanidad. Pero para eso no hay que olvidarlos.

En Gijón se ha producido en los últimos años una reducción de la presencia de los jesuitas. ¿Es un reflejo de la falta de sacerdotes y de la disminución de vocaciones?

Sí, es un ejemplo triste, porque los jesuitas han hecho mucho bien en El Natahoyo, en Tremañes y en la iglesia, que hace unos años también dejaron. Es un ejemplo triste, pero precisamente por eso estamos buscando nuevos caminos de renovación que pasan por el amor y la memoria de los mártires del siglo XX.

¿Encuentra algún paralelismo entre las dificultades que vivieron aquellos católicos y los retos actuales de la Iglesia, especialmente ante la falta de sacerdotes y la pérdida de fieles?

Hay un paralelismo. Naturalmente, la situación actual es muy distinta, pero hay cierto paralelismo porque la sociedad pagana y la cultura pública occidental pagana siguen hoy con gran vigor. La gente no es capaz de perdonarse, de evitar los enfrentamientos y las provocaciones, porque ese espíritu de mansedumbre y de paz viene de quienes creen en el Dios del Calvario, en el que prefiere morir a hacer el mal, en el que está dispuesto a dar la vida antes que hacer el mal y en el que tiene la esperanza de la vida eterna. Los mártires siempre se despedían de sus familiares o compañeros con un “adiós hasta el cielo”. Esa es la divisa para hacer una tierra mejor y superar el paganismo actual.

¿Existen hoy nuevas formas de presión o dificultad para los católicos, aunque sean diferentes de las persecuciones del siglo XX?

La forma fundamental de presión es la cultura pagana dominante en la que vivimos. Vivimos en una cultura hostil a la fe en el cielo y en la salvación de Jesucristo. Es un modo de vida y unos patrones de pensamiento orientados a un paraíso terrenal hecho por el hombre. Es una presión ambiental tremenda, tan tremenda como la violencia de las armas. Estamos en una tradición de hace cuatro siglos en la que el ser humano, deslumbrado por sus capacidades científicas y técnicas, cree que es Dios, que lo puede todo y que va a hacer el cielo y la tierra. Y que pensar en la salvación de Dios son ilusiones falsas de niños y de gente poco culta. Esa ideología fue la que causó en el siglo XX algunas de las mayores catástrofes de la historia.

El sábado oficiará una misa en la iglesia de San Pedro presidida por el cardenal Rouco Varela.

Es una ocasión preciosa que agradecemos mucho a don Javier Gómez Cuesta, el párroco. Nos conocemos bien y le hemos hecho la sugerencia de celebrar, en este 90 aniversario del martirio, esta misa en esta iglesia, que es la iglesia madre de Gijón. Esta es una ciudad donde la fe católica ha florecido y florece mucho, pero también es una ciudad de muchos mártires.

¿Qué mensaje le gustaría que se llevaran los gijoneses que acudan tanto a la conferencia del viernes como a la misa del sábado?

Que tenemos una esperanza que nos da la fe cristiana y que nos hace capaces de afrontar el futuro con fortaleza y con energía. Una esperanza que no defrauda, que es la que tenían los mártires, la esperanza del amor infinito que todos los seres humanos buscamos. Y ese amor infinito es Dios, es Jesucristo, que ha dado toda su sangre por nosotros. Estas celebraciones del 90 aniversario están llamadas a reavivar la fe y la esperanza verdadera, la que no nos deja insatisfechos y no nos defrauda.

La próxima semana participará en Covadonga en las jornadas "San Pedro Poveda y los mártires del siglo XX". ¿Qué se abordará en ellas?

Las jornadas buscan profundizar en la espiritualidad martirial del siglo XX y en su relevancia para la evangelización de la cultura actual. Contarán con especialistas llegados de Roma y de distintos lugares de España y combinarán el estudio con el culto. Queremos conocer mejor ese legado de los mártires, cuyo testimonio de perdón y reconciliación sigue siendo necesario hoy.

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