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El legado artístico del pintor gijonés Roberto Díaz de Orosia, el "retratista de Asturias" que trabajaba a destajo: "Deja un vacío importante"

Su obra, marcada por una pincelada característica, reflejaba romerías, paisajes y fiestas de la región: "Era muy vitalista"

Roberto Díaz de Orosia.

Roberto Díaz de Orosia. / Luisma Murias

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Un "retratista de Asturias" que convirtió su vivienda, la Casa Rosa de La Guía, en una de sus mayores obras de arte. Con estas palabras definen algunos de los pintores más destacados de la región a Roberto Díaz de Orosia, el conocido artista que falleció este martes a los 78 años. "Deja un importante vacío en la cultura de la región porque fue un pintor prolífico que tenía muy presente a Asturias en sus obras", comentan estos profesionales.

Los primeros acercamientos entre Díaz de Orosia y la pintura se produjeron durante su juventud. Fue en aquella etapa cuando coincidió con "Kiker" en la escuela de artes que tenía actividad en el edificio del Antiguo Instituto. "Teníamos profesores como Carlos Roces Felgueroso, entre otros. Allí empezamos a pintar juntos con 15 años y, desde entonces, estuvimos muy unidos", recuerda "Kiker".

Tras estas décadas de amistad, "Kiker" define a Díaz de Orosia como un pintor "que siguió la línea tradicionalista asturiana, pero apostando por aspectos más modernos". "Hacía muchas mascaradas y hubo una época en la que se centró especialmente en Cuba por su colorido y por la fiesta de allí, que iban en la línea de sus otras obras", apunta un artista con el que Díaz de Orosia compartió exposiciones en Gijón, Madrid o Bruselas, entre otros puntos.

Antes de centrarse totalmente en la pintura, Díaz de Orosia trabajó en el sector de la construcción hasta que tomó la decisión de jubilarse para pasar a poner todo el foco en el apartado cultural. El artista avilesino Favila subraya que este pintor gijonés "estuvo siempre muy enraizado en la tradición de la pintura asturiana". "En sus trabajos se ve claramente una herencia estética de Piñole, Evaristo Valle o Mariano Moré. No obstante, tenía un estilo personal y con rasgos potentes del fauvismo, ya que usaba colores más intensos", desarrolla Favila.

En cuanto a la temática de sus pinturas, estos profesionales inciden en que solía apostar por reflejar momentos vividos en romerías asturianas y por presumir de paisajes de la región. "Era un pintor vitalista", resumen.

Precisamente, algunos de los paisajes que después utilizaba para sus obras los conocía a través de excursiones de montaña que realizaba junto a un nutrido grupo en el que también iba el pintor Melquíades Álvarez. "Muchos de los motivos de nuestros cuadros eran producto de esas observaciones. Nos gustaba hablar sobre lo que compartíamos. Lo que más recuerdo de su obra es esa parte paisajista y naturalista", expresa Álvarez.

Quien también conocía bien a Díaz de Orosia era la galerista de arte Aurora Vigil-Escalera, que le definió como "una figura muy singular dentro de la pintura asturiana contemporánea". "Poseía una mirada absolutamente personal, llena de ironía, color y humanidad", ensalzó.

Por su parte, el artista Marcos Tamargo resalta que "los cuadros de Díaz de Orosia se identifican con facilidad porque tiene una pincelada muy característica y una tabla de colores muy asturianos". "No se le entiende desligado de Asturias porque esa fue su mayor inspiración junto a Gijón y sus fiestas", puntualiza Tamargo.

De todas sus etapas como artista guardaba recuerdos en su Casa Rosa, donde hasta que sufrió un ictus con 70 años le gustaba reunirse con otros pintores, amigos y vecinos para conversar.

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