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El miedo a las carabelas llega también a la playa gijonesa para perros de El Rinconín: “Yo miro toda la orilla por él”

Los dueños que acuden con sus mascotas al arenal extreman la vigilancia ante la presencia de carabelas portuguesas

El miedo a las carabelas llega también a la playa gijonesa para perros de El Rinconín: “Yo miro toda la orilla por él”

VÍDEO: Demi Taneva / FOTO: Juan Plaza

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Demi Taneva

Demi Taneva

En El Rinconín, una playa habitual para quienes acuden a Gijón con sus perros, la preocupación por la llegada de carabelas portuguesas tiene una particularidad: no solo hay que mirar dónde pisan los bañistas, sino también dónde olisquean y juegan las mascotas. En una jornada en la que los propietarios consultados no habían encontrado apenas ejemplares en el arenal, la presencia de estos organismos en otros puntos del litoral mantiene la atención sobre la orilla.

Andrea Rodríguez acudió a la playa con su border collie y, antes de dejarle acercarse a la arena, recorrió buena parte de la playa con la mirada. “Yo miré toda la orilla por él, por si acaso”, explicaba. No había encontrado ninguna carabela en la zona donde estaba su perro, pero aseguraba que, cuando viene, permanece pendiente de que no aparezca ninguna.

Como es mi mejor amigo, no quiero que le pase nada malo y claro que estoy preocupada”, señalaba Rodríguez, que incluso había comprobado previamente la arena antes de permitir que el animal se moviera por la zona. “No hay ninguna, miré antes”, insistía, aliviada por no haber encontrado ejemplares.

La tranquilidad de esta playa contrasta con la situación que se está viviendo estos días en otros arenales gijoneses, donde la acumulación de carabelas portuguesas ha obligado a extremar las precauciones. Para quienes acuden con perros, el problema añade una dificultad: las mascotas pueden acercarse a ejemplares varados en la arena sin identificar el peligro.

Mirar antes de soltar al perro

Iván Osorio paseaba por el arenal de El Rinconín con su pomerania Rocky y reconocía que, por el momento, no había visto ninguna carabela en la playa. Aun así, tiene claro qué haría si encontrara una. “Si veo una, ni yo ni el perro, obviamente”, afirmaba. Su tranquilidad se apoya también en la vigilancia de los servicios de salvamento y en las indicaciones de la playa. “Confío en la bandera”, explicaba.

La posibilidad de no detectar a tiempo uno de estos organismos es, sin embargo, lo que puede generar mayor inquietud entre quienes llevan a sus animales sueltos. En el caso de Osorio, la situación no le impide seguir acudiendo por ahora con Rocky: “De momento sí”, señalaba mientras paseaba con el perro.

Alberto Sánchez acababa de llegar a la playa con sus dos perros, Nemo y Kami, cuando se percató de la situación. En su caso, la preocupación es algo menor porque sus perros no suelen bañarse, aunque admite que la presencia de ejemplares en la arena sí puede suponer un riesgo. “A ver si le va a dar por chuparla o algo así”, comentaba.

La imagen de una carabela varada en la arena es, precisamente, la que obliga a mantener la atención incluso a quienes no tienen intención de meter a sus perros en el agua. Sánchez asegura que seguirá paseando con ellos, aunque mantendrá la precaución: “Es bueno saberlo, estaré pendiente y manteniéndolos atados”.

Estoy con él, estoy preocupada”, resumía Andrea Rodríguez mientras vigilaba a su border collie. Una preocupación añadida para quienes estos días no solo miran al mar antes de entrar, sino también al suelo antes de dejar jugar a sus perros.

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