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Rouco en Gijón: "no ayuda a la concordia, a la paz ni al bien común querer desamantelar el monumeno 'Héroes del Simancas'"

El cardenal presidió la eucaristía celebrada en la iglesia de San Pedro por los doce sacerdortes que mataron en la playa de San Lorenzo durante la Guerra Civil Española

Por la izquierda, Enrique Palomo, diácono de la parroquia de San Pedro; el párroco Javier Gómez Cuesta; el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino; el arzobispo Jesús Sanz Montes; el cardenal Antonio María Rouco Varela y el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, ayer en el templo gijonés.

Por la izquierda, Enrique Palomo, diácono de la parroquia de San Pedro; el párroco Javier Gómez Cuesta; el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino; el arzobispo Jesús Sanz Montes; el cardenal Antonio María Rouco Varela y el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, ayer en el templo gijonés. / t

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Gijón

El cardenal Antonio María Rouco Varela cuestionó este sábado en Gijón, en declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA, el intento del Gobierno del Principado de desmantelar el monumento "Héroes del Simancas", resolución que ha sido recurrida judicialmente por la Compañía de Jesús, que regenta el colegio de la Inmaculada, en cuya fachada se encuentra ese monumento en memoria de los sublevados que murieron en lo que era el antiguo cuartel del Simancas en el asalto republicano al mismo, durante la Guerra Civil Española. Sobre la decisión del Principado de desmantelar ese monumento, Rouco señaló que "creo que son actuaciones que no ayudan a la concordia, que no ayudan a la paz ni ayudan al bien común de los españoles, que habíamos pasado de toda esa historia y la habíamos pasado con gran corazón de fraternidad y de perdón. Los mártires son un ejemplo de ese perdón".

El cardenal también se mostró crítico con la legislación de memoria histórica de España. "¿Una ley de memoria histórica? Pero a la historia no se la ordena y, si se la quiere ordenar, entonces se interviene en libertades personales que son innegociables".

Realizó estas consideraciones tras presidir la eucaristía que concelebró en la iglesia mayor de San Pedro de Gijón, con el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes; el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco; el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino y varios sacerdotes, entre ellos el párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta. Una misa en conmemoración de los "mártires" que dieron su vida por no renunciar a su fe. Doce sacerdotes que en 1936 mataron en la playa de San Lorenzo. También durante la Guerra Civil se destruyó la primitiva iglesia de San Pedro, incendiando un templo que databa del siglo XV.

Un momento de la eucaristía en la iglesia de San Pedro.

Un momento de la eucaristía en la iglesia de San Pedro. / .

Rouco acudió para la ocasión a Gijón por sus relaciones personales con el arzobispo de Oviedo y el obispo auxiliar de Madrid "que organiza estas jornadas de buena memoria histórica" y también con el párroco. Recordó que tiene una relación "muy honda" con Asturias, que se remonta a sus años como arzobispo de Santiago de Compostela.

Antonio María Rouco Varela inició la eucaristía explicando que se celebraba "en memoria de los mártires que hace 90 años fueron asesinados aquí en la playa cercana a esta parroquia, en unas fechas en las que el templo parroquial fue quemado".

Martínez Camino

En la eucaristía intervino también Juan Antonio Martínez Camino, para resaltar esta eucaristía se celebraba para recordar "a tantos que en España hace 90 años dieron su sangre por Jesucristo, unos 10.000 por lo menos. En Asturias 130 sacerdotes y religiosos y, aquí, en la playa de San Lorenzo, en Gijón, por lo menos una docena de sacerdotes dieron su vida por no renunciar a su vocación y al amor a Dios y a la fe. La sangre de los mártires es semilla de cristianos. Los mártires plantaron con su sangre a la Iglesia, en el principio y también ahora en nuestros tiempos de un nuevo paganismo. Este nuevo paganismo, con la gracia de Dios y por medio de la intercesión de los mártires, será superado, para poder realizar en la tierra ya una civilización del amor, que todavía es posible, y, en todo caso, la vida del amor eterno en la gloria".

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