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Un brindis en la plaza Mayor de Gijón para cerrar el grueso de la 35.ª edición de la Fiesta de la Sidra Natural

Vecinos y turistas compartieron culetes y conversaciones en una jornada marcada por el ambiente festivo en la que los llagares ofrecieron sus sidras para que nadie se quedara sin probarlas: «No hay nada comparable a la sidra»

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Miguel Martín

La Plaza Mayor se convirtió este domingo en una gran ruta de sidra. Los vasos viajaron de puesto en puesto y los llagares pusieron las botellas. En cada uno se escanció sidra para que nadie se quedara sin probarlas todas, y la mañana transcurrió así entre tragos, conversaciones y vasos que pasaron de una barra a otra para. La idea era sencilla: recorrer la plaza y descubrir, culete a culete, las diferentes sidras que llenaron la fiesta.

El ambiente invitaba a quedarse. «Es increíble la cantidad de gente que hay», comentaron Mario Menéndez, Alejandro Suárez y Juan González, que ya tenían claro que la jornada iba para largo. «Hoy ya alargamos hasta el Sporting», afirmaron. Entre culetes y cánticos, solo quedaba confiar en que el cuerpo aguantase y que el equipo acompañara para cerrar un día redondo. «A ver si aguanta la voz y nos dan una alegría», añadieron con la esperanza de que el Sporting cumpliera con su parte.

A su alrededor, la plaza tuvo ese movimiento propio de las grandes citas sidreras. Hubo quien fue directo a su llagar favorito y quien aprovechó para descubrir otros. La sidra se probó, se comparó, pero sobre todo se disfrutó. Los escanciadores mantuvieron un ritmo frenético mientras barras se llenaban de vasos y las conversaciones se mezclaban entre los puestos.

José Manuel Crespo, Alejandro García, Gemma García y Eva Aller fueron de los que ya tenían la fiesta marcada en el calendario. «Esto es espectacular», afirmó Crespo. Ellos ya habían empezado el viernes y el ánimo no parecía decaer. «Llevo tres días aquí plantado», bromeó. También estuvieron en el récord de escanciado y no se perdieron las distintas propuestas de la fiesta, siendo la jornada dedicada a los llagares más pequeños la que les dejó especialmente buen sabor de boca. «Me prestó lo de la sidra natural con llagares más pequeños, estuvo muy bien», explicaron.

La estampa se repitió durante toda la mañana: vasos en alto, botellas que se vaciaban y nuevas sidras esperando turno. Para algunos, la fiesta sirvió para reencontrarse con amigos y para otros fue una oportunidad de conocer una tradición que forma parte de la identidad de Gijón. Durante la cata también hubo tiempo para hablar, reírse y hacer planes para lo que quedaba de domingo.

Entre la multitud también aparecieron quienes se encontraron la fiesta casi por casualidad. Dafne Cuesta y Ángel Revilla llegaron desde Burgos con el Molinón como reclamo principal y la visita a la ciudad como segundo plan. «Veníamos a ver el partido y a ver la ciudad», contaron. La Plaza Mayor les tenía preparada otra cosa. «Nos hemos encontrado con esto», dijeron. La sorpresa terminó siendo uno de los descubrimientos del viaje. «Ha sido una sorpresa muy buena, estamos encantados».

No hacía falta conocer todos los nombres de los llagares ni saber distinguir cada tipo de sidra para entrar en la fiesta. Bastó con acercarse con el vaso y dejarse llevar. Para Sergio Martínez y Olaya Sánchez, esa mezcla fue precisamente parte del atractivo. «No hay nada comparable a la sidra», aseguraron. Habían vuelto un año más y tampoco dudaron de que repetirían: «Esto no pasa en otra parte del mundo». La fiesta, dijeron, «cada año va a más» y ellos ya tenían decidido regresar.

A mediodía, la Plaza Mayor reunió a todos en el mismo escenario: los que habían acudido a todos los actos del festival, los fieles de cada año y los que simplemente se habían acercado a ver qué ocurría. Personas disfrutando de la sidra y del arte de los escanciadores, reuniones entre amigos de toda la vida y camisetas rojiblancas que recordaron que todavía quedaba otro acontecimiento por delante. Primero, la sidra. Después, el Sporting y, con suerte, la jornada sería recordada durante mucho tiempo como un día de grandes alegrías.

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